fantacia urbana y drama psicológico
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Capitulo 10: Lista
Amaneció con olor a lavandina.
Newt abrió los ojos y lo primero que pensó fue que la casa se estaba prendiendo fuego. Después se acordó: Cabrera. Limpieza. Seis de la mañana.
Las sombras estaban de mal humor. _Ruido. Luz. Olor a químico. El viejo no duerme. Peor: no nos deja dormir a nosotras. Hacelo callar._
Se levantó. No había dormido. Había dormitado. Pero dormitado en una cama de verdad era mejor que no dormir en el piso.
Bajó. Descalzo. En pantalón y remera. Si había que pelear, peleaba así.
Cabrera estaba en la cocina. No, la cocina estaba siendo Cabrera. Brillaba. La mesada, el piso, hasta la maldita cafetera cara. Tenía el bastón apoyado contra la pared y un cuaderno Gloria en la mano. De esos de escuela primaria. Anotaba cosas.
Felix estaba parado en la puerta, ya vestido, campera puesta. Tomaba café de un termo. El suyo. No el de la casa. No había dormido o había dormido con un ojo abierto. Lo mismo de siempre.
"Buen día, joven", dijo Cabrera sin darse vuelta. Lo escuchó bajar. "El café está hecho. El de verdad. No esa agua sucia de ayer."
Newt no contestó. Se sirvió. Estaba caliente. Fuerte. Bien.
Cabrera arrancó una hoja del Gloria. La dejó en la isla, frente a Newt. Letra de médico viejo. Prolija. Implacable.
*LISTA - CASA JORDAN - URGENTE*
Comida. Heladera vacía. No viven de aire.
Limpieza profunda. El segundo piso tiene olor a muerto.
Jardín. Parece cementerio. Mal para la seguridad. No se ve quién viene.
Ropa. La suya, joven, ya no le entra. La del chico está rota.
Seguridad. Las cámaras son del año del pedo. El portón trasero no cierra bien.
Newt leyó. Las sombras leyeron por encima de su hombro. _Lista. Orden. Control. El viejo quiere mandar. Te va a encerrar otra vez. En limpio, pero encerrar._
"¿Y?", dijo Newt. Dejó la hoja. "¿Querés un premio?"
Cabrera no se inmutó. Pasó la página. Otra lista.
*PERSONAL NECESARIO*
Cocinera. Yo no doy abasto y no estoy para hacer tres comidas. Marta. Trabajó acá hace diez años. De confianza. No habla.
Limpieza. Dos veces por semana. Empresa. No vienen los mismos, no se aprenden nada.
Jardinero. El hijo de Gómez. El viejo murió. El hijo es callado. Necesita trabajo.
Compras. Supermercado, farmacia, ferretería. Yo puedo, pero si me caigo en la calle, ¿quién compra?
Newt apretó la taza. Felix dejó el termo en la mesada. Despacio. Señal.
"Permiso", dijo Cabrera. Miró a Newt directo. No a Felix. Sabía quién firmaba acá. "Para contratar. Para gastar. Para que esta casa deje de parecer una casa tomada."
Silencio.
Las sombras aullaron. _No. No. No. Gente nueva. Ojos nuevos. Bocas nuevas. Testigos. Peligro. Decile que no. Decile que si entra uno más, los matamos a todos._
Felix habló primero. "No."
Corto. Seco. No era negociable.
Cabrera ni parpadeó. "¿Todo no?"
"Cocinera no", dijo Felix. "Limpiador no. Jardinero no. Extraños no." Se cruzó de brazos. "Las compras las hago yo. Como siempre."
Cabrera asintió, como si esperara eso. Miró a Newt. "¿Joven?"
Newt tomó café. Pensó. Cuatro años comiendo fideos recalentados porque Felix no sabía cocinar y él no iba a salir. Cuatro años con la misma ropa. Cuatro años con tierra en los zapatos. Estaba cansado. Y Cabrera tenía razón: la casa así era insegura. No podías ver quién venía si el yuyal te tapaba las ventanas.
Pero las sombras tenían razón también. Gente era peligro.
"Cocinera no", dijo Newt. Apoyó la taza. "Comida hecha sí. Viandas. Que las deje en el portón de servicio. Vos las entrás, Cabrera. Vos probás primero. Como anoche."
Cabrera anotó. "Marta hace viandas."
"Limpieza no", siguió Newt. "Empresa menos. Vos y yo. Fin de semana. A pulso." Miró a Felix. "Los tres."
Felix no se quejó. Era lo esperado.
"Jardinero", dijo Newt. Pausa. Las sombras contuvieron la respiración. "Una vez. Que corte todo al ras. Que quede pelado. Después no vuelve más. Le pagás bien y le decís que si habla, nos enteramos."
Cabrera anotó. "El hijo de Gómez es mudo de nacimiento."
Felix y Newt se miraron. Eso cambiaba las cosas. O las hacía peor. Un mudo no habla, pero ve.
"Probamos", dijo Felix. "Yo estoy con él todo el tiempo. Si mira una ventana que no debe, se va."
"Compras", dijo Newt. "Las hago yo con vos, Felix. Online. Llegan al portón. Cabrera recibe. Nadie entra."
Cerró el trato. No era lo que Cabrera quería. Era lo que podían dar.
Cabrera cerró el Gloria. No discutió. No puso cara. "Entendido. ¿Firmo algo?"
"No", dijo Newt. "Acá no se firma nada. Acá se hace. Si fallás, te vas. Si nos vendés, te encontrás."
No era amenaza. Era la regla nueva de la casa.
Cabrera agarró su bastón. "Voy a llamar a Marta para las viandas. Y al hijo de Gómez. Le digo que venga mañana, temprano. Con la máquina."
Se frenó antes de irse. Miró a Newt. "Ah. Y su ropa, joven. La mandé a lavar toda. La que estaba en el placard. Olía a encierro. Hoy le queda bien."
Salió de la cocina. Pasos lentos, bastón golpeando. Se fue a hacer llamadas.
Newt y Felix se quedaron solos. Con la lista en la mesada. Con la casa brillando. Con tres extraños a punto de orbitar su mundo.
"Si algo sale mal", dijo Felix.
"Lo sé", cortó Newt. Miró las esquinas. Las sombras estaban contentas. _Más gente. Más miedo para comer. Más fácil que te equivoques y nos llames._
"Entonces no salgas mal", dijo Felix. Agarró su termo. "Voy a revisar el portón trasero. Decías que no cerraba bien."
Se fue.
Newt se terminó el café. Miró la lista otra vez. Tachó "Cocinera, Limpieza". Dejó "Jardinero" con un signo de pregunta. Al lado de "Compras" escribió "Nosotros".
A pulso. Incluso la vuelta a la normalidad iba a ser a pulso. Sin ayuda. Sin confiar.
Pero con el piso limpio. Algo era algo.