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Alma De Esmeralda

Alma De Esmeralda

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Mujer poderosa
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

"Fui subastada al diablo, pero él no sabía que yo sería su infierno."
En el Amazonas, todo tiene un precio. Mía fue vendida como mercancía al hombre más temido de Sudamérica: Renzo Cavalli. Él la compró para poseerla y quebrarla, pero subestimó el fuego bajo su piel de seda.
Entre huidas por la selva, traiciones y una pasión letal, Mía deberá decidir: ¿hundir el puñal en su espalda o convertirse en la reina de su imperio de sangre?

NovelToon tiene autorización de Delenis Valdés Cabrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

La noche en el Amazonas no traía frescura, solo una oscuridad densa y el coro ensordecedor de los depredadores acechando en la maleza. En la suite principal de la Fortaleza de Ébano, el aire era pesado, cargado con el aroma de las orquídeas nocturnas y el perfume embriagador de Renzo Cavalli.

Mía estaba de pie frente al ventanal de cristal negro, vestida solo con una bata de seda carmesí que se sentía como una marca de hierro sobre su piel. Sus manos temblaban. No era por miedo a la muerte; era por el asco de saber que iba a vender su alma al hombre que la mantenía enjaulada.

—El tiempo se acaba, Mía —la voz de Renzo llegó desde las sombras, profunda y gélida—. Mis hombres están esperando la orden de asalto para sacar a Leo. Solo necesito un "sí". Un "sí" que signifique que dejas de pelear.

Mía se giró lentamente. Renzo estaba sentado en un sillón de cuero, con una copa de coñac en la mano y la camisa desabrochada. Parecía un rey oscuro esperando el tributo de su súbdita.

—Lo haré —dijo ella, su voz era un hilo quebradizo—. Trae a mi hermano y seré lo que quieras. Úsame, rómpeme... haz lo que tengas que hacer. Pero sálvalo.

Renzo se levantó con la elegancia de un animal que ha acorralado a su presa. Caminó hacia ella, su presencia ocupando todo el espacio, robándole el aire. La tomó por la nuca, obligándola a mirar la voracidad de sus ojos negros.

—No me mires así, como si fueras al matadero —gruñó él, su pulgar presionando con fuerza su labio inferior—. Quiero que me desees. Quiero que tu cuerpo me pida lo que tu boca maldice.

Él la empujó con brusquedad hacia la cama de seda negra. Mía no se resistió. Se quedó allí, inmóvil, cerrando los ojos mientras sentía las manos de Renzo recorriendo sus muslos, subiendo por la seda de la bata. La tensión era perversa; él buscaba una chispa de pasión en ella, pero solo encontraba una sumisión gélida.

Renzo se posicionó sobre ella, atrapando sus muñecas contra el colchón. Sus respiraciones se mezclaban, calientes y erráticas. Él empezó a besar su cuello con una ferocidad que rozaba el dolor, dejando marcas que reclamaban cada centímetro de su piel.

—Mírame, Mía. Dime que me quieres —le ordenó él, su voz vibrando con una desesperación oscura.

—Te odio —susurró ella, una lágrima traicionera resbalando por su mejilla—. Hazlo ya. Cumple tu parte del trato.

Renzo se detuvo en seco. Sus ojos se clavaron en los de ella. Vio el vacío, la derrota total. Él, que siempre lo había tenido todo por la fuerza, se dio cuenta de que poseer un cuerpo muerto era una victoria vacía. Su arrogancia y su ego se vieron golpeados por la pureza del sacrificio de Mía.

En un movimiento brusco, Renzo se apartó de ella, levantándose de la cama como si el contacto lo quemara. Se dio la vuelta, dándole la espalda, mientras sus hombros se tensaban violentamente.

—Vístete —dijo con una voz que sonó como cristal roto.

—¿Qué? —Mía se incorporó, confundida, cubriéndose con la seda—. ¿No vas a... no vas a cobrarte?

Renzo se giró, su rostro era una máscara de furia y frustración. Agarró el teléfono satelital de la mesilla y marcó un código rápido.

—Habla Cavalli. Ejecuten la extracción. Traigan al chico aquí mañana al amanecer. Si tiene un solo rasguño, los enterraré vivos en la selva. ¿Entendido? —Colgó sin esperar respuesta y lanzó el teléfono contra la pared, donde estalló en mil pedazos.

Se acercó a Mía, acorralándola contra el cabecero de la cama, pero esta vez no la tocó con lujuria. Sus manos se apoyaron a ambos lados de su cabeza.

—No soy un violador, Mía —siseó él, su rostro a milímetros del de ella—. Quiero que te entregues porque no puedas vivir sin mí, no porque me tengas miedo o porque me debas la vida de ese mocoso. Traeré a tu hermano porque soy un hombre de palabra, pero no creas que esto te hace libre.

Mía lo miraba con asombro, su pecho subiendo y bajando. Por primera vez, vio una grieta en la armadura del monstruo.

—¿Por qué? —preguntó ella en un susurro.

—Porque soy un maldito egoísta —respondió él, su mano bajando por fin para acariciar su mejilla con una ternura que daba más miedo que su violencia—. Y porque quiero que cuando me beses, lo hagas para saborear mi alma, no para salvar la tuya. Vete a dormir a tu habitación, Mía. Antes de que me arrepienta y decida que mi paciencia tiene un límite.

Mía salió corriendo de la suite, pero al llegar a su puerta, se detuvo. El corazón le latía a mil por hora. Había ganado... pero al ver la mirada herida de aquel hombre multimillonario y perverso, sintió algo que no debería haber sentido: una curiosidad peligrosa.

Renzo Cavalli no era solo un comprador de almas; era un hombre dispuesto a esperar una eternidad para que ella le entregara la suya voluntariamente. Y eso lo hacía el hombre más peligroso del mundo.

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Elena Yobany Santacruz Alejandria
jjjajaja te desafía cavalli ...🤭🤭es una pequeña diablilla..
Elena Yobany Santacruz Alejandria
waooo una guerra de seducción..hermosa... excelente escritora.
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