Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 9
Hoy es el día, hoy conoceré a Dargan. Toda la noche estuve pensando en maneras de abordarlo, pero no se me ocurrió nada que no pareciera muy forzado, por lo que mi plan es no tener plan y actuar según me digan mis instintos.
Lorena se ofreció para ser ella quien recibiera a Dargan, para que así no tuviera que pasar tiempo con él, como ya lo había hecho anteriormente, y es que la pelirrosa, al darse cuenta del terror que Amara le tenía a Dargan, intentaba proteger a su hermana evitando que pasara tiempo con el hombre que tanto la aterraba, pero yo ya no soy esa Amara y, si bien Dargan me asusta un poco, no le tengo miedo, y estoy dispuesta a conocerlo y llevarme bien con él.
Para la cita elegí un vestido rosa claro con algunos detalles en tono beige, como la parte inferior de las mangas, las cuales eran de una especie de encaje en ese tono, como accesorios traía puestos unos aretes rosados en forma de flor y una gargantilla de la de encaje con una rosa en medio y de la cual colgaba una piedra rosa de buen tamaño de forma circular, una vez más mi cabello estaba suelto y solo una peineta de flores evitaba que callera sobre mi rostro, esta vez la flores de la peineta eran rosas de color rosado, como el vestido.
Una vez estuve lista, salí de mi habitación y me dirijo hasta el jardín, a uno de los quioscos, que sería en donde esperaría a que Dargan llegara.
No pasó mucho tiempo cuando eso pasó, y vi cómo Dargan caminaba hasta donde estaba.
Dargan era, sin lugar a duda, un hombre atractivo; su cabello era de color blanco y sus ojos de color rojo. También tenía una expresión seria en el rostro que seguramente intimidaba a las personas, pero a mí, por alguna razón, me recordaba a un conejito enojado.
- ¿Quién eres tú? – me pregunta Dragan, quien parece buscar a Lorena con la mirada.
- Un placer, mi nombre es Amara Láska y soy tu prometida, lamento mucho no haberme presentado antes, pero estaba enferma – le digo, contándole una verdad a medias, y es que tras la primera vista de Dargan, en donde se negó a verlo, Amara tomó el veneno y estuvo inconsciente durante las siguientes visitas, siendo Lorena quien se encargaba de recibir a Dargan.
Puedo ver cómo me mira, como si estuviera decidiendo si creerme o no, y tras unos segundos, que a mí me parecieron eternos, vuelve a hablar.
- ¿Dónde está su hermana? – me pregunta, y es que seguramente a quien deseaba ver era a Lorena, y no a mí.
- No sé, creo que está en su habitación o en la biblioteca, pero no estoy segura – le contesto de manera honesta, mientras lo miro con más detenimiento y veo algo que no me gusta – estás muy delgado ¿ya desayunaste? – le pregunto, mientras me levanto y, con total descaro, comienzo a dar vueltas a su alrededor para verlo mejor.
Esta es una costumbre que desarrollé desde que nació mi primer hijo, y es que muchas veces puedes ver si algo anda mal con solo observar; llámalo instinto de madre, pero a mí siempre me funcionó, y bueno, a mi opinión, Dargan está algo delgado.
- ¿Qué si desayuné? – me pregunta, como si no hubiera entendido mi pregunta.
- Bueno, no importa, ya es casi mediodía, así que tomaremos una merienda – le digo, mientras hago sonar la campana para llamar al personal. La verdad, me hubiera gustado hacerle algo yo misma, para estar segura, pero ya no da tiempo; lo haré para la siguiente vista.
Una vez llega una de las sirvientas, quien mira con ojos de terror a Dargan, por lo que me alejo del peliblanco y me dirijo a la sirvienta, y le pido unos sándwiches de pan integral, mucha carne y verduras, así como algo de jugo para bajar la comida.
- Bueno, no vas a sentarte - le digo a Dargan, mientras vuelvo a su lado y lo tomo del brazo y lo obligo a sentarse.
Al tocarlo, puedo darme cuenta de que tiene buena musculatura, lo que significa que tal vez ser delgado es parte de su complexión, pero, aun así, más vale prevenir que lamentar; una buena comida nunca está de más. Además, por su expresión al preguntarle por el desayuno, algo me dice que no ha comido nada aún.
Debo decir que tuve suerte de que estuviera aturdido por mis palabras, ya que de otra manera no habría podido moverlo; se nota que es muy fuerte.
Una vez que ambos estamos sentados, esperamos la comida, la cual no tarda en llegar, y una vez más, la sirvienta que lo trae está temblando de miedo, por lo que sin dudarlo me levanto y tomo la bandeja de sus manos; lo último que quiero es que la tire, y la llevo hasta la mesa, no sin antes agradecerle por traer lo que le pedí.
- Listo, ahora a comer – le digo a Dargan y comienzo a comer, pero Dargan solo se limita a mirarme, por lo que me levanto de mi silla y la acerco aún más a él, y una vez estamos muy cerca, tomo un sándwich y se lo llevo a la boca – aquí viene avio…, no, el carruaje y quiere entrar a tu boca – le digo mientras hago ruidos como de caballo para hacer que coma.
El avioncito o, en este caso, el carruaje; por poco se me sale la palabra avión; nunca falla para que alguien coma. Si es un niño pequeño, lo hace feliz porque cree que es un juego, y si se trata de un adulto, comerá solo para evitar pasar vergüenza de que alguien lo esté alimentando, haciendo ruidos raros.
- ¿Qué crees que estás haciendo? – me pregunta entre irritado y confundido.
- Te alimento – le contesto, y vuelvo a lo mío, a lo que Dragan se enoja más.
- Ya deja eso – me dice, pero yo no me rindo, y con tal de que deje de hacerlo, él toma el bocadillo de mis manos y comienza a comer, y yo sonrío por haber ganado; el avioncito nunca falla.
- ¿Cómo sabía que aún no había comido nada? – me pregunta después de un rato y yo me felicito mentalmente por haberlo deducido correctamente.
- Llámalo instinto femenino – le digo, y tras ver que no queda nada, me levanto y lo tomo del brazo para hacerlo levantarse.
- Ahora hay que caminar para bajar la comida – le digo y los dos nos adentramos al jardín mientras yo lo tomo del brazo para guiarlo.