Nuestros mundos eran diferentes, nuestros caminos... pocas veces se cruzaron. Éramos como dos líneas paralelas que no debieron encontrarse, mas, sin embargo; el universo quiso que así fuera.
Yo no estaba preparada para enamorarme de ti, de caer en tu juego de seducción y pasión desbordada, de aquel amor que todos miraron prohibido al principio, pero, que solo nosotros dos, entendimos como sucedió. Somos el equilibrio perfecto entre el dolor y el placer, entre conocer la virtud para después familiarizarnos con el vicio.
Tú me amas, yo te amo, nuestros cuerpos son el ejemplo perfecto de que dos almas están destinadas a estar juntas aun cuando la muerte acechaba en cada rincón de nuestra existencia. Tu eres el dragón que me envuelve en sus fuego incandescente, eres la marca que deseo en mi piel por siempre.
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VII — UNA PELEA
Días después...
Han sido unos días tan tranquilos, Felipe con sus locuras, como siempre. Nos invitó a comer pizza, llevamos a mamá para que saliera a tomar algo de sol, y se podrán imaginar... los dos no dejaban de molestarme, pero lo importante es que mamá la pasó bien y estuvo contenta, eso es algo bueno y contribuye con su estado de ánimo.
— Tienes un contrato Black Diamonds, vienen directamente a sala de juntas, quieren conocer la empresa, ¿Algo especial que quieras hacer para el almuerzo con ellos? —le miro a esperar respuesta y anotar en mi agenda.
— ¿Un cordero asado te parece bien? —sí siempre es lo mismo, me pregunta para saber mi opinión y como siempre terminando aceptando, ya que soy muy tragona.
— Bien, lo agendo entonces para que esté servido al medio día, ¿Algún vino en particular? —observo seria.
— El especial que tenemos, ¡Ya sabes cuál es!— yo asiento mientras tomo nota.
— ¿Ese es el vino que hace hablar a los borrachos hasta que dicen la verdad? — le pregunto burlona y con curiosidad, elevando mis cejas, y el ríe, con sus hoyuelos lindos, me encanta verlos es un Felipe diferente, aunque sé que eso es como una capa, hay algo más dentro de él que le produce tristeza, un toque de su puerta nos irrumpe las risas.
— Iré a abrir Felipe — él asiente y me levanto, camino y abro con cuidado y mis ojos se abren por la sorpresa de verlo aquí y me quedo muda por unos segundos hasta que un carraspeo me saca de mi trance, Felipe detrás de mí.
— ¡Adrien! — Felipe le abraza y le da palmaditas en la espalda, mientras yo sigo con la boca abierta y sorprendida me hago a un lado, hasta que ambos pasan por mi lado — Bienvenido, me sorprende que vinieras, casi nunca lo haces, es hora de que nos pongamos al día no crees —Adrien asiente mientras yo recojo mi agenda y me despido con un asentimiento.
— Me retiro señor Felipe, con permiso señor Ferrer —Adrien asiente brevemente, mientras Felipe me da una sonrisa de hoyuelos, camino a la puerta cierro despacio y me dirijo a mi escritorio a preparar todo para los Black.
En la oficina...
Narra Felipe
— Tabatha es increíble, de verdad la admiro mucho, hace algunos sacrificios —Adrien me observa y me responde.
— ¿Hablas de sacrificios? ¿Como cuáles? — le miro y le sonrió de lado para hablarle más de ella.
— Bueno ella está estudiando online para graduarse, aparte de eso está trabajando conmigo para costear el tratamiento de su mamá — Adrien asiente mientras toma su café y dice.
— ¿Su madre está enferma? ¿Qué tiene? — Adrien es de pocas palabras, pero cuando algo le llama la atención habla más.
— Su madre tiene una condición crónica en los pulmones y requiere de un tratamiento costoso y por varios meses —Adrien se sorprende lo que me parece interesante.
— Se ve que es difícil, dime algo, — se pone más cómodo — ¿El padre de Tabatha está con ellas? —me pregunta mientras sigue con su café.
— No, no hay nadie con ellas, solo ellas dos. Tabatha no tiene papá. — Adrien abre sus ojos como plato, pero sigue igual de mismo su tono serio, ni se inmuta.
— Esta difícil la cosa, Felipe déjame decirte algo —le miro y mi amigo arruga su cara porque sabe que no le gusta que le diga algo que ya él sabe — No la lastimes, toma en cuenta lo que está pasando para que le estrujes el corazón, el tuyo ya murió hace varios años, pero el de ella apenas nació — Adrien me sentencia con la mirada.
— Es una oportunidad que, si llega, no la dejare ir. Tú sabes por qué... — quería continuar, pero tocaron la puerta.
— Adelante — digo y me acomodo para aligerar la atmósfera, y es Tabatha con cara alegre y me saca una sonrisa.
Narra Tabatha
— Señor Felipe, los Black están acá. La segunda asistente estará con ustedes, mientras me dirijo al centro comercial a mis otras labores, — lo miro sarcástica — tintorería, ropa, trajes, ya sabes... —le digo mientras río y él se levanta para irse a la reunión más atrás le sigue Adrien quien también se despide de él, pasa por mi lado y me sonríe de medio lado y yo me estremezco.
— ¡Bueno vámonos a nuestras labores! —imita mi voz, mientras yo ruedo los ojos.
— ¡INFANTIL! —le digo y muere de carcajadas mientras vamos al ascensor.
En el centro comercial...
Estoy almorzando algo breve, porque debo subir a la tintorería a retirar los trajes del señor Felipe. Termino rápido, para regresar breve a la empresa, ya que la segunda asistente del señor Felipe solo tomará notas, notas que yo luego debo pasar a informes y preparar contratos, agendar las citas y todas esas cosas.
Siento que me observan, pero no sé quién es, debo permaneces tranquila para defenderme por si acaso, respiro varias sesiones lentas y suaves hasta que siento alguien tomar mi cuello y cuando volteo a ver quién es no me lo puedo creer ¿Por qué? ¿Qué hace ella aquí?
— ¿Te sorprendí? —me sigue ahorcando mientras trato de mantener mi respiración — ¿No me digas que te olvidaste de mí? ¡Porque yo no lo he hecho!— escupe rabiosa, mientras hace más presión trato de zafarme de su agarre para defenderme, pero esta vez su altura es mucho más — Hoy no te saldrás con la tuya salvaje, me pagarás tu accidente — ya casi sin aire, cuando me dijo salvaje, ardí dentro de mí, estoy en un costado de los pasillos para ir al baño y casualmente no hay nadie viniendo, ¿Qué es esto? ¿Se murió la gente que no pasa nadie?— Te cruzaste en mi camino, y me pagarás tu humillación por haberme agredido.
Cuando intentó aflojar para marcar más presión aproveche para sacar una mano y pellizcarle un pezón, gritó de dolor, grito que aproveche para darle unos buenos puños cerrados, y ponerla al lado de la pared, mientras tomo aire, se abalanza sobre mí, pero retrocedo y ella esquiva casi cae, la tomo por la espalda y ella me araña el brazo y la cara hasta sangrar grité, por el ardor en mi cuello y mejilla, pero no se lo dejé pasar, utilizó una llave con mi pierna derecha para bloquear sus entrepiernas y tumbarla al suelo, puños cerrados le di mientras ella me tomaba por el cuello y desgarraba mi ropa y mi garganta, poco a poco fue llegando más personas, ¿Ahora si van a aparecer? ¡No me jodan!
No sé cuántos puños le di que le partí el labio y la nariz, sangraba, sí, yo también por sus pendejos arañazos, me gritaban que la soltara, pero no podía me ardía la rabia por haberme arañado y haberme dicho salvaje, me tomaron de los brazos alzo la vista a ver y son unos policías ay mi madre ahora sí la regué...
— ¡SEÑORITAS DETÉNGASE! ¡QUEDAN DETENIDAS! —El oficial nos mira a ambas mientras el otro detiene a Cruella y nos escoltan hasta la patrulla, yo por supuesto llevo esposas, por haber sido la más violenta, en cambio ella va llorando y haciéndose la víctima, patética.
En la estación de Policía...
— ¡PERMANECERAN ENCERRADAS, HASTA QUE LLEGUEN SUS ABOGADOS Y PAGUEN LA FIANZA! —Nos grita mientras pone a Cruella en una celda y a mí en otra, yo solo tiemblo de los nervios pues nunca he estado en una cárcel, la patética sigue llorando, y rogando para que llamen a su queridísimo esposo Ferrer, el policía al oír su nombre enseguida asiente, y pues me imagino, porque el muy guapote es bastante famoso, es un super empresario, rico, sexy « ¡Basta no es el momento! ¿Quién me saca a mí de aquí ahora?»
— Señorita Blanc —me llama el oficial— ¿Tiene usted algún abogado? —me pregunta serio mientras me observa, yo niego con la cabeza — ¿Alguien a quien podamos llamar para que se comunique y le puedan buscar un abogado? —yo pienso en una sola persona, mi Jefe, y asiento en respuesta.
— Puede llamar a mi Jefe, Felipe Windsor él sabrá que hacer conmigo — el oficial asiente y se va, yo me vuelvo a sentar con la mirada al suelo, esto no puede estar pasando, Dios mío que vergüenza, porque actué así, debí meterla en el baño y apalearla ahí adentro, sonreí con malicia.