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Marcada Por El Pecado

Marcada Por El Pecado

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Romance oscuro
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Naimastran

Valentina descubre que su novio no solo le es infiel, sino que forma parte de la mafia. Lo que no esperaba era cruzarse con Dante Moretti, un hombre tan peligroso como irresistible, que decide convertirla en su obsesión. Atrapada entre traición, poder y deseo, Valentina deberá sobrevivir en un mundo donde amar puede ser la peor condena.

NovelToon tiene autorización de Naimastran para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

7

El silencio en la casa no era normal.

No era el tipo de silencio vacío que se llena con cualquier ruido cotidiano. Era un silencio pesado, denso, como si las paredes mismas observaran, como si cada rincón guardara algo que no se decía pero que estaba ahí… latente.

Valentina lo sentía en la piel.

No se había movido.

Seguía de pie frente a Dante, con la respiración irregular, con el pecho subiendo y bajando demasiado rápido, como si su cuerpo intentara procesar algo que su mente aún se negaba a aceptar. La cercanía entre ellos no había cambiado, pero algo sí lo había hecho.

El aire.

La tensión.

La forma en la que se miraban.

Porque ya no era solo miedo.

Y eso la descolocaba más que cualquier otra cosa.

—Dejá de mirarme así —murmuró, sin poder sostenerlo más.

Su voz salió más baja de lo que pretendía, más vulnerable, más expuesta.

Dante no se movió.

Ni un centímetro.

Pero su mirada se volvió aún más intensa.

—¿Así cómo?

La pregunta no era inocente.

Era directa.

Era provocadora.

Valentina tragó saliva, sintiendo el calor subirle por el cuello, por las mejillas, por todo el cuerpo.

—Como si… —empezó, pero se detuvo.

Porque no sabía cómo terminar esa frase sin decir demasiado.

Sin decir la verdad.

Dante inclinó apenas la cabeza, observándola como si cada segundo de su incomodidad fuera algo digno de analizar, de estudiar, de guardar.

—¿Como si ya supiera lo que estás pensando?

El golpe fue directo.

Valentina apartó la mirada.

—No sabés nada.

—Sé lo suficiente.

Su voz bajó.

Más grave.

Más cercana.

—Sé que estás intentando odiarme.

El silencio que siguió fue brutal.

Porque era verdad.

Una verdad incómoda.

Una verdad que ella no quería aceptar.

—Y sé que no te está funcionando —agregó.

Valentina lo miró de golpe.

—Estás equivocado.

Pero incluso ella escuchó la falta de firmeza en su propia voz.

Y Dante también.

Claro que sí.

Porque sus labios se curvaron apenas.

No en una sonrisa abierta.

Sino en algo más oscuro.

Más sutil.

Más peligroso.

—Decilo otra vez —murmuró, dando un paso hacia ella—. Pero esta vez creyéndolo.

El corazón de Valentina se aceleró de inmediato.

—No me voy a meter en tu juego.

—Ya lo hiciste.

—No.

—Sí.

Otro paso.

Y ahora…

Otra vez.

Demasiado cerca.

El aire entre ellos se volvió cálido, pesado, cargado de algo que ninguno de los dos nombraba, pero que estaba ahí, creciendo con cada segundo.

Valentina intentó retroceder.

Pero el sillón detrás de ella se lo impidió.

No había más espacio.

No había distancia.

Solo él.

—No podés seguir acercándote así —susurró, sintiendo cómo su propia voz la traicionaba.

Dante no se detuvo.

—¿Por qué?

La pregunta fue suave.

Pero tenía filo.

—Porque… —Valentina cerró los ojos un segundo— porque no.

No era una respuesta.

Pero era lo único que podía decir.

Dante la observó en silencio.

Y entonces…

Lentamente…

Levantó la mano.

No la tocó de inmediato.

La dejó ahí.

Suspendida en el aire entre los dos.

Dándole tiempo.

Esperando.

Como si quisiera ver qué hacía ella.

Valentina no se movió.

No pudo.

Su cuerpo estaba tenso, alerta, pero no reaccionaba.

No huía.

Y eso…

Eso era un problema.

Porque Dante lo interpretó.

—Podés apartarte —murmuró.

Pero no lo hizo.

Y ese segundo de inmovilidad…

Fue suficiente.

Porque entonces sus dedos finalmente rozaron su piel.

Su mejilla.

Suave.

Lento.

Como si ese simple contacto fuera más importante que cualquier otra cosa.

Valentina inhaló bruscamente.

El mundo pareció detenerse en ese punto exacto.

En ese gesto.

En ese roce.

—Esto es lo que no te gusta —dijo él, observando cada reacción—. No soy yo.

Su pulgar se deslizó apenas.

Calor.

Electricidad.

Confusión.

—Es lo que te pasa cuando estoy cerca.

El golpe fue directo.

Valentina abrió los ojos de golpe.

—No digas eso.

—Es verdad.

—No.

—Sí.

El intercambio fue inmediato.

Tenso.

—No siento nada por vos.

El silencio que siguió fue pesado.

Pero Dante no se apartó.

No retiró la mano.

No cambió la distancia.

—No dije que sintieras algo por mí —respondió finalmente—. Dije que sentís algo.

Y esa diferencia…

Esa pequeña diferencia…

La desarmó.

Porque no podía negarlo del todo.

No después de eso.

No después de cómo su cuerpo reaccionaba.

No después de cómo su respiración cambiaba.

No después de cómo lo miraba… incluso cuando no quería.

Valentina apartó la cara de su mano.

Necesitaba espacio.

Necesitaba aire.

—Esto está mal.

—Sí.

La respuesta fue inmediata.

Sin dudas.

Sin matices.

Eso la sorprendió.

—¿Y te da igual?

Dante la miró.

Fijo.

—Me da igual si está bien o mal.

Silencio.

—Lo quiero.

El corazón de Valentina se descontroló.

—No podés querer todo lo que se te cruza.

—No.

Se inclinó apenas.

Acortando aún más la distancia.

—Solo lo que vale la pena.

El aire se volvió fuego.

Y entonces…

Pasó.

No fue un beso.

No del todo.

Pero fue demasiado cerca.

Demasiado.

Los labios de Dante rozaron apenas la comisura de los suyos.

Un contacto mínimo.

Casi inexistente.

Pero suficiente para hacer que todo dentro de ella explotara.

Valentina se quedó inmóvil.

El tiempo dejó de avanzar.

El mundo desapareció.

Solo existía ese instante.

Ese roce.

Esa tensión insoportable.

—Esto… —murmuró él contra su piel— es lo que no vas a poder ignorar.

Y entonces se apartó.

Como si nada.

Como si no acabara de sacudirle todo.

Valentina tardó en reaccionar.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Y cuando lo hizo…

Dio un paso atrás.

Respirando agitada.

—No vuelvas a hacer eso.

Su voz fue más firme.

Pero tembló.

Dante lo notó.

—¿Por qué?

—Porque no.

—No es una razón.

—No la necesito.

Silencio.

—Sí la necesitás.

Dante dio un paso atrás esta vez.

Por primera vez.

Dándole espacio.

Pero no soltándola del todo.

—Porque si no la tenés…

Su mirada volvió a atraparla.

—Va a pasar otra vez.

El golpe fue directo.

Valentina no respondió.

No pudo.

Porque sabía…

Que no estaba seguro de poder detenerlo.

El sonido de un teléfono interrumpió el momento.

Cortante.

Inesperado.

Dante desvió la mirada.

Molesto.

Atendió.

Su expresión cambió apenas.

Sutil.

Pero suficiente.

—Hablá —dijo.

Silencio.

Valentina lo observó.

Intentando entender.

—Ahora no —agregó—. Después.

Cortó.

Y cuando volvió a mirarla…

Algo en el ambiente ya había cambiado.

—Tenés que quedarte acá esta noche.

La frase cayó de golpe.

—¿Qué?

—No es seguro que vuelvas a tu departamento.

—No voy a quedarme.

—Sí.

—No.

El choque fue inmediato.

—No es una opción.

—Todo es una opción.

—No en esto.

El silencio se tensó.

—No podés decidir por mí.

Dante la miró.

Fijo.

—Ya lo estoy haciendo.

Valentina apretó los puños.

—No soy tuya.

El aire se congeló.

Un segundo.

Dos.

Y entonces…

Dante dio un paso hacia ella.

Lento.

Controlado.

Peligroso.

—Todavía no.

Otra vez.

Esa frase.

Ese peso.

—Pero estás cada vez más cerca.

El corazón le golpeó fuerte.

—No va a pasar.

—Sí va a pasar.

—No.

—Sí.

El intercambio se volvió más intenso.

Más cargado.

Más personal.

—¿Y sabés por qué? —murmuró él.

Valentina no respondió.

No pudo.

—Porque no te alejás.

El silencio explotó.

Porque era verdad.

Porque podía haberlo hecho.

Podía haberse ido.

Podía haber peleado más.

Podía haber escapado.

Pero no lo hizo.

Y eso lo cambió todo.

Esa noche Valentina no durmió, no realmente.

Se quedó en una de las habitaciones.

Acostada.

Con los ojos abiertos.

Con la mente llena.

Con el cuerpo todavía recordando ese roce.

Ese momento.

Esa tensión.

Y en otra parte de la casa, Dante tampoco, pero por razones muy distintas. Porque por primera vez en mucho tiempo, algo no estaba bajo su control.

Y eso, lo hacía querer más

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