NovelToon NovelToon
LA HEREDERA DE LA NIEBLA

LA HEREDERA DE LA NIEBLA

Status: En proceso
Genre:Mafia / Vampiro / Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Roberto González Álvarez

"Luna heredó una cabaña en un pueblo maldito donde vampiros, hombres lobo y la mafia se disputan el derecho a poseerla, sin saber que ella es la última Heredera de la Niebla y la única capaz de destruirlos a todos."

NovelToon tiene autorización de Roberto González Álvarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6: EL PRECIO DE LA VERDAD

La noche se había vuelto más densa.

Luna los hizo pasar a los tres. No al mismo tiempo. Uno detrás de otro, como si estuviera revisando el equipaje de unos desconocidos en un aeropuerto. Viktor entró primero, deslizándose por la puerta como una sombra líquida. Luego Alec, que tuvo que girar los hombros para cruzar el marco. Y finalmente Dante, que cerró la puerta tras de sí con un gesto tan natural que parecía llevar años viviendo allí.

La cocina era demasiado pequeña para tres depredadores.

Luna se sentó en la cabecera de la mesa de pino. No los invitó a sentarse. Ellos se sentaron igual.

Viktor ocupó la silla de la izquierda, cruzando una pierna sobre la otra con elegancia de otro siglo. Alec se dejó caer en la de la derecha, los brazos desnudos apoyados en el respaldo, sus ojos dorados rebotando entre los otros dos como un péndulo. Dante se quedó de pie al principio, pero cuando vio que los demás se sentaban, eligió la silla del fondo —frente a Luna— y la giró para montarla a horcajadas.

Ninguno habló.

La vela que Luna había traído de arriba parpadeaba en el centro de la mesa, dibujando sombras que parecían moverse por sí solas.

—Quiero respuestas —dijo Luna, y su voz sonó tranquila. Demasiado tranquila—. Todas. Sin medias verdades. Sin «por tu seguridad». Sin pactos de sangre que no entiendo. Quiero saber qué soy, qué es esto y por qué mi abuela pasó setenta años escondida en este maldito bosque.

Silencio.

Luego, Viktor habló.

—Tu abuela no estaba escondida, señorita Luna. Estaba vigilando.

—¿Vigilando qué?

—A la Bruja Original —respondió Dante, con esa voz suya que parecía acariciar cada palabra antes de soltarla—. A la primera. A la que hizo el pacto con el valle. La que abrió la puerta que tú tienes que cerrar.

Alec golpeó la mesa con el puño. La madera crujió.

—No le eches todo el peso a ella, Moretti. La puerta la abrieron vuestros antepasados. Los Moretti pagaron a la Bruja Original para que les diera poder. Y ella se lo dio. Pero el poder tenía un precio.

—¿Qué precio? —preguntó Luna.

Los tres se miraron.

Esta vez fue Viktor quien respondió, y su voz había perdido todo el terciopelo. Sonaba antigua. Cansada.

—La Bruja Original no era una mujer, señorita. Era algo que usaba forma de mujer. Algo que vino de antes de que los árboles tuvieran nombre. Los Moretti la invocaron. Ella les dio riqueza, longevidad, protección contra nosotros —los vampiros— y contra ellos —los lobos—. Pero a cambio, pidió algo que ningún humano debería dar.

—¿Qué? —insistió Luna.

Dante bajó la mirada. Por primera vez desde que había llegado, el hombre del traje negro parecía incómodo.

—Su descendencia —dijo en voz baja—. La Bruja Original exigió que el primogénito de cada generación de los Moretti le perteneciera. Que su sangre alimentara la puerta. Que su carne fuera el ancla que la mantuviera cerrada.

Luna sintió cómo el estómago se le contraía.

—¿Y tu abuelo? ¿Salvatore?

—Mi abuelo —Dante alzó la mirada, y sus ojos negros brillaban con algo que podía ser odio o podía ser vergüenza— tuvo ocho hijos. Los ocho murieron antes de cumplir los siete años. Todos con los ojos violetas. Todos devueltos a la tierra en cajas de madera de abeto.

El silencio que siguió fue tan denso que Luna oyó el roce de la ceniza de la vela al caer.

—¿Y Margaret? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta—. ¿Por qué la mataron?

—Porque tu abuela —dijo Alec, con una voz ronca, rota— era la única que sabía cómo cerrar la puerta para siempre. Y no quiso decírselo a nadie. Ni a los vampiros, que querían usarla para controlar a los lobos. Ni a los lobos, que querían usarla para matar a los vampiros. Ni a los Moretti, que querían usarla para salvar a sus hijos.

—Mi abuelo Elias la torturó durante tres días —continuó Alec, y sus nudillos estaban blancos de apretar la madera—. Quería que le dijera cómo matar a la Bruja Original. Ella no habló. Solo sonrió. Y al tercer día, cuando Elias le arrancó las uñas una por una, ella susurró: «Dentro de setenta años, mi sangre volverá. Y entonces todos vosotros rezaréis por haber sido más amables conmigo.»

Luna se quedó muy quieta.

Sus propias manos descansaban sobre el diario, y sintió cómo las páginas vibraban otra vez. No con miedo. Con reconocimiento.

—Setenta años —dijo en voz baja—. 1954 a 2024. El año en que yo cumplo 29.

—No es una coincidencia —dijo Viktor—. Nada en Cresta Negra lo es.

—¿Y ahora qué? —Luna miró a los tres—. ¿Qué queréis de mí?

Dante se inclinó hacia adelante. Su silla crujió.

—Queremos que cierres la puerta, señorita Luna. Que hagas lo que tu abuela no pudo hacer porque los tres —y su gesto abarcó a Viktor y a Alec— se lo impedimos. Ella quería cerrarla sola. Nosotros queríamos controlarla. Y mientras discutíamos, la Bruja Original se hizo más fuerte.

—Ahora la puerta está a punto de abrirse —dijo Viktor, y por primera vez Luna vio algo en sus ojos que no era deseo ni hambre. Era miedo—. Y cuando eso ocurra, ningún tratado, ningún territorio, ningún pacto de sangre podrá detener lo que salga.

Alec asintió, reacio.

—Por eso estamos aquí. Por eso hemos venido los tres. Por primera vez en la historia de Cresta Negra, vampiros, lobos y humanos estamos de acuerdo en algo.

—¿En qué? —preguntó Luna.

Los tres respondieron al unísono, como si hubieran ensayado la frase durante décadas:

—En que tú eres la única que puede salvarnos.

La vela parpadeó.

Y en la penumbra, algo detrás de los tres reyes se movió.

Luna no lo vio con los ojos. Lo sintió con la nuca. Ese zumbido que la había acompañado desde que cruzó el cartel de Bienvenidos a Cresta Negra se intensificó hasta convertirse en un zumbido casi doloroso.

—¿Y si no quiero? —preguntó, desafiando a los tres—. ¿Y si cojo el coche, me voy y os dejo que os matéis entre vosotros?

Viktor sonrió. Pero era una sonrisa triste.

—Entonces la Bruja Original saldrá igual. Y usted no estará aquí para detenerla, señorita Luna. Pero ella sí irá a buscarla. Porque usted es su sangre. Su heredera. La única que puede ocupar su lugar.

—¿Ocupar su lugar? —Luna se puso de pie de golpe, la silla cayendo al suelo con un estrépito—. ¿Qué cojones significa eso?

Dante se levantó también, despacio, con las manos abiertas en gesto de paz.

—Significa —dijo, y su voz era tan baja que casi no se oía por encima del silbido del viento— que la Bruja Original no quiere salir. Quiere ser reemplazada. Quiere que tú ocupes su puesto en el otro lado de la puerta. Para siempre.

El silencio se hizo añicos.

Alec rugió. Viktor se puso en pie de un salto. Y Dante, inmóvil, sostuvo la mirada de Luna con una honestidad que dolía.

—Eso es lo que ella pide, señorita Luna. Y eso es lo que nosotros hemos venido a impedir. Porque si usted cruza esa puerta, no habrá vuelta atrás. Y nosotros... —su voz se quebró, solo un instante— nosotros no queremos perder a otra Heredera.

Luna miró a los tres.

Al vampiro que la había mirado desde el bosque como si fuera suya. Al lobo que había puesto su cuerpo entre ella y el peligro sin dudarlo. Al gánster que había heredado una maldición de sangre y seguía buscando una salida.

Y entonces entendió.

No era un triángulo amoroso. No era una guerra de territorios. Era otra cosa.

Era una condena compartida.

—Necesito leer el diario entero —dijo—. Toda la noche. Mañana os daré mi respuesta.

Viktor asintió. Alec abrió la boca para protestar, pero Elara —que había estado escuchando desde las sombras de la escalera— puso una mano en su hombro y él calló.

Dante fue el último en irse. En la puerta, se volvió.

—Hay algo que no le he dicho, señorita Luna. Algo que debería saber antes de tomar una decisión.

—Dígalo.

Dante la miró. Y por un instante, el hombre del traje negro pareció un niño asustado.

—Su abuela no murió en 1954. Salvatore le pegó el tiro, sí. Pero Margaret no murió. Sobrevivió. Y siguió viva hasta hace tres semanas.

Luna sintió cómo el suelo se abría bajo sus pies.

—¿Qué?

—Margaret Morelli —Dante pronunció el apellido de soltera de su abuela como si fuera una confesión— se escondió en el bosque durante setenta años. La vieron los lobos. La vieron los vampiros. Yo mismo la vi, cuando era niño. Y hace tres semanas... hace tres semanas, la Bruja Original la encontró.

—¿Y qué pasó? —susurró Luna.

Dante bajó la mirada.

—La Bruja Original la tomó. La llevó al otro lado de la puerta. Y ahora Margaret está dentro, esperando. Esperando a que usted decida si quiere ocupar su lugar... o si prefiere dejarla allí para siempre.

Cerró la puerta.

Luna se quedó sola en la cocina, con el diario, la vela y el peso de setenta años de mentiras sobre los hombros.

Subió las escaleras a oscuras. Se sentó en la cama. Abrió el diario por la primera página y empezó a leer desde el principio.

Afuera, la niebla se arremolinaba.

Y en lo más profundo del bosque, donde los árboles no crecían porque la tierra se negaba a alimentarlos, algo muy antiguo abrió los ojos.

Sonrió.

Y esperó.

1
Gloria
Buenas noches autor una pregunta esta es una historia poliamorosa , o ella solo tiene en destinado por así decirlo , lo digo por que no me gustan las historias poliamorosas , yo soy más de la pajarera y ya 🤔🤔🤔🤔
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play