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Una Duquesa Para El Márquez

Una Duquesa Para El Márquez

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Romance / Reencuentro
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luisa Galli

La alta sociedad aveces pasa por momentos de locura, al igual que está historia que está llena de momentos locos nuestra historia estará llena de aventuras, dramas y mucha pasión.

NovelToon tiene autorización de Luisa Galli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Nuevo Dolor

El silencio pesaba como una losa sobre los jardines de la casa del tío de Eleonora. La duquesa había soportado el funeral entera, imperturbable, como dictaba el deber. Dolor, vergüenza, rabia, confusión. Todo se agolpaba hasta impedirle respirar.

Cuando la última visita se retiró y el murmullo de pésames cesó, Eleonora sintió que la casa la asfixiaba. Sin decir una palabra, cruzó los jardines en dirección al establo. Necesitaba montar. Necesitaba huir de sí misma aunque fuera por unos minutos. Su paso era firme, casi violento, pero sus manos temblaban.

Estaba a solo unos pasos de su caballo cuando una mano tomó su brazo.

—Eleonora, espera —la voz de Frederick, grave y tensa, la obligó a detenerse.

Giró lentamente. Frederick la observaba con el ceño fruncido, el gesto serio, los ojos oscuros cargados de emociones mezcladas.

—¿Qué te sucede? —preguntó él, sin rodeos—. Has evitado mirarme en todo el día. Apenas has dicho palabra desde el funeral. Y ahora te marchas sin explicación.

Eleonora sintió el golpe de la verdad clavarse como una aguja. Pero no estaba lista para enfrentarlo. No estaba lista para enfrentarlo a él.

—No tengo que explicarte nada —contestó, seca, intentando apartarse.

Él la retuvo, aunque sin brusquedad.

—Anoche estuve contigo —dijo, en voz baja pero firme—. No voy a fingir que no ocurrió. Y tampoco permitiré que te comportes como si hubiera sido un error imperdonable.

El rostro de ella se tensó.

—¡Fue un error! —escupió, con un nudo en la garganta—. No debió pasar. Estaba vulnerable. Perdí a mi primo, Frederick. Y tú… tú simplemente estabas ahí.

Él retrocedió un paso como si la hubiera abofeteado.

—¿Qué estás diciendo exactamente?

La vergüenza ardió en el pecho de Eleonora, pero la rabia superaba todo. La rabia contra sí misma, contra lo que sentía, contra la pérdida que la desbordaba.

—Que no habría ocurrido de otra manera —sentenció ella, herida, confundida—. Fue debilidad. Nada más. Me dejé llevar por… el primer hombre que se me cruzó.

Frederick abrió los ojos con incredulidad. Su voz, cuando habló, estaba cargada de una furia que rara vez dejaba ver.

—¿El primer hombre que se te cruzó? —repitió lentamente, como saboreando cada palabra venenosa—. ¿Eso soy? ¿Eso significa para ti lo que pasó anoche?

Eleonora sintió que su corazón la traicionaba. La imagen de su primo, el recuerdo de su cadáver, la presión del deber… Todo la hundía en un torbellino que no lograba ordenar.

—No quiero hablar de esto —dijo, girándose hacia su caballo.

Pero Frederick no se movió. Su voz cambió. Ya no estaba dolido. Estaba frío.

—Bien —respondió—. Si para ti fue solo un error… lo asumiré. Pero no voy a quedarme aquí para que me trates como alguien insignificante.

Eleonora apretó los puños. Quería decirle que no era insignificante. Que no dormía tranquila desde que lo había conocido. Pero el orgullo la ataba con cadenas demasiado fuertes.

—El negocio sigue en pie —dijo ella, clavando la mirada en el caballo para no mirarlo a él—. No mezclemos lo personal con lo acordado. Yo cumpliré con mi parte. He dado mi palabra.

—Y yo la mía —respondió Frederick—. El proyecto seguirá adelante. Pero no me quedaré ni un minuto más donde no se me respeta.

Su tono definitivo la heló. Ella levantó la cabeza, finalmente mirándolo, con los ojos brillando por la lucha interna que no quería mostrar.

—Haz lo que quieras —dijo, sin pensar, sin medir, hiriéndose a sí misma mientras lo hería a él—. No necesito de nadie para mantener mis tierras en orden. Ni para… lo que sea que creas que necesito.

Fue demasiado. Lo supo en el instante en que las palabras salieron de su boca. Frederick inhaló hondo, como si se detuviera a sí mismo de responder algo peor.

—Muy bien —dijo, apartando la mirada hacia los jardines—. No volveré a molestarte.

Y se alejó.

Ella sintió la punzada bajo el esternón. Como si algo se le escapara de entre los dedos. Dio un paso hacia él, impulsivamente, pero se detuvo. Su orgullo, su dolor, la obligación de mantener la compostura… la dejaron inmóvil mientras él se marchaba sin mirar atrás.

Cuando regresó adentro, William la esperaba en la entrada. El joven la observó con una mezcla de preocupación y sospecha, pero no dijo nada. Sabía leer demasiado bien sus estados de ánimo, pero también sabía cuándo era mejor callar.

El viaje de regreso a la mansión fue silencioso. Eleonora iba rígida, mirando por la ventanilla del carruaje sin realmente ver nada. Su mente no dejaba de repetir cada palabra de la discusión. Cada gesto de Frederick. Cada mirada. Cada caricia de la noche anterior.

Y cada vacío que había dejado al marcharse.

Al llegar a Wynthorne, las luces de la casa estaban encendidas. El mayordomo se acercó a recibirlos con la formalidad de siempre.

—Su Excelencia, el marqués partió esta tarde —informó—. Dejó dicho que agradecía su hospitalidad.

Eleonora apenas parpadeó. Asintió con la frialdad más perfecta que pudo reunir.

—Entendido. Buenas noches —dijo, caminando hacia su habitación.

Pero cuando subió la escalera y cruzó el pasillo, su corazón dio un vuelco.

La puerta de la habitación contigua —la que Frederick había ocupado— estaba entreabierta, ninguna maleta, ninguna presencia. Y fue en ese silencio donde la realidad cayó sobre ella como un golpe.

Se había ido, de verdad se había ido, por su culpa.

Cerró su propia puerta con demasiada fuerza. Se apoyó contra ella, apretando los ojos con furia. No lloró. No podía.

William, desde el otro extremo del pasillo, la observó marcharse. Y aunque no supiera los detalles, entendió que algo profundo —y peligroso— había ocurrido entre la duquesa y el marqués.

Porque en unos días, también él partiría.

Y cuando ambos hombres se marcharan… Ella quedaría sola nuevamente con sus fantasmas a su alrededor y la culpa volvería.

Eleonora se quedaría sola con su casa vacía, sus tierras silenciosas y un corazón que no quería reconocer que estaba empezando a doler por algo más que el duelo familiar.

1
inuyasha/ Tomoe🦊
me jode tanto lo q ella hace, elije eso y no lucha no va entra de nada, simplemente deja q todos decidan pro ella es molesto. ni siquiera lucha por su felicidad
Ada Rodriguez
me gusta
Laura Aguado
Está muy interesante ❤️❤️❤️
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