Una loba Nacida de la raza más fuerte, un Alfa la primera de cuatro hermanos, capas de heredar los más fuertes linajes toma una decisión... – Dejaré esta manada, No soy una máquina de carga –
El Un Gama, último hermano de un Alfa cruel quien lo desprecio por ser un hijo no deseado, en un arranque de guerra quedo solo y sus piernas mal heridas dejándolo en silla de ruedas con solo un aliado su cuidador – Un lobo invalido, es un lobo muerto, Es mejor que termines con tu vida, solo eres un estorbo para este reino–
Ambos de un padre de linaje real un licantropo, pero el no saco nada de eso
El destino los une un día.. ¿ Qué podría pasar ?
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De propiedad
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Después de comer, Asher y Rice fueron al jardín mientras Tomás ayudaba a limpiar con Nicol. Teo ya se había ido con su madre y Francis salió con sus amigos.
–Dime… Esa desconfianza viene de algún lugar.–
Rice lo sentó en el sillón de mimbre que había en el jardín; ella se colocó a su lado, poniendo sus piernas sobre las suyas.
–Es personal…–
–Mm… Está bien. ¿Cuántos son en tu familia? Hermanos… Yo tengo cuatro, pero solo dos son dignos de que los llame así.–
Asher la miró de reojo y sonrió; era como si ella leyera su mente.
–Conmigo somos ocho. Soy el menor de toda la camada.–
–¿La mayoría gamma?–
–No: tres alfas, tres betas y tres gammas…–
–¿Son todos unos idiotas? ¿No?–
Asher sonrió asintiendo:
–Mis dos hermanos mayores son igual de escorias que mi padre. Cuando me fui quería traer a los últimos, pero aún eran menores y sabía que no me dejarían ir con ellos.–
–¿Los extrañas?–
–Claro que sí… Aún sigo esperando por ellos. Hace un año que debían avisarme si vendrían; de lo contrario, iría a buscarlos.– suspiró mientras apoyaba su cabeza en el hombro de Asher –Solo espero que mi padre no les haya hecho nada. Si no, se va a conocer de verdad a mí.–
–Ya veo dónde sacaste esa actitud ruda. Tus hermanos te criaron fuerte… ¿Algún alfa entre ellos?–
Rice sonrió:
–Todos…–
Asher levantó la ceja, sorprendido: cuatro lobos alfa en una sola camada era algo increíble.
–Increíble… Seguro deben estar buscándote.–
–No lo creo. Los únicos que quiero que me busquen son mis hermanos y…– miró pícara a Asher –un arisco gama rubio.–
Asher se sonrojó y Rice sonrió.
–¿Extrañas a alguien?–
–No… Mi familia carece de todo afecto. El único amigo y familia que tengo es Tomás, y claro, mi prima Ticiana, la novia.– suspiró.
–Ya veo… Y si yo me voy… ¿Me extrañará también?– puso su mejilla en su hombro.
–Aún no te conozco lo suficiente para eso…– dijo nervioso, evitando su mirada penetrante que le erizaba el cuerpo.
–Es que no sé si me aceptarás si te digo mi verdad…–
–¿Cómo estás tan segura?– la miró molesto.
–Por cómo no me aceptas como tu pareja… Seguro corres si sabes de mí.– suspiró.
Asher sintió un pequeño dolor en el pecho; no era suyo, era el de ella. Su voz y su manera de decirlo eran dolorosas. La vio separarse y, sin pensar, tomó su mano.
–Sí… Tú me dices la tuya y yo te diré la mía…–
Sentía el corazón agitado; no entendía por qué su conexión era tan fuerte, como si estuviera corriendo un maratón por dentro.
–¿Seguro?– lo miró firme. Asher asintió. –¿No te alejarás?– Él negó con la cabeza, apretando los dientes.
–Si no confías, no hables…–
–Te lo diré… Pero primero…–
Se mordió el labio hasta dejar salir sangre, luego lo besó. Sus labios se unieron con fuerza; Asher quería parar, pero todos sus sentidos estaban envueltos en el dulce sabor a metal de sus labios.
Se separaron cuando el aire se hizo demasiado escaso.
–Con eso podrás aguantar mi mando.– susurró cerca de sus labios. Asher no entendió hasta que la vio mirar a los costados. –No soy una ómega… Solo oculto mi olor.–
Rice liberó su mando. Asher abrió los ojos como platos; su corazón se agitó, pero su cuerpo no se sintió pesado como suele pasar con otros alfas.
–Mi sangre te ayudará por ahora a aguantarlo…–
–¿Por qué lo ocultas?–
–Porque soy la primera alfa de mi manada.–
–¿Qué?… ¿La mayor de tus hermanos?– Rice asintió, ocultando su olor de nuevo. –Eso es más que peligroso. Dejaste tu manada; eres la sucesora por nacimiento.–
–Eso ya lo perdí, genio…– suspiró –Crees que no me fui por algo. Mi padre quería casarme con cualquier hombre: tenía 25 años y no aparecía mi pareja.–
–Ya veo…– Asher se calmó, ahora entendiendo su enojo. Tomó su mano nervioso –Pero aún así… Seguro que no descansarán para buscarte.–
–Eso lo sé, pero tengo muchos aliados que me informan todo sobre mi manada. Mi hermano quedó al mando, pero es un desastre, y el tercero es peor: solo piensa en poder y estatus.–
–¿Y tu gente…? No te interesa…–
–La mayoría no. Desde que nací solo me vieron como alguien para tener hijos y ser poderosa; nunca me vieron como una mujer capaz. Y ni hablar de los alfas que venían todos los días a querer revolcarse conmigo…– apretó los dientes.
Asher también apretó los dientes; solo pensar que alguno de ellos la obligara le hervía la sangre, pero se sintió impotente: en su estado, lo matarían y a ella la llevarían a la fuerza.
–Es por eso que oculto mi olor. Hay lobos acá; aunque son conocidos míos, nunca se sabe quién puede llegar a delatarme.– terminó diciendo.
–¿Qué manada perteneces?–
Estaba pensando que la única manada que tenía una heredera era la Welf –justamente la que su hermano Lucían quería tomar, para tener más poder y herederos fuertes.
–Creo que por tu mirada ya supiste cuál… Welf…– lo miró de reojo, buscando esa pizca de ambición que siempre notaba en los demás al saber quién era.
–Estás demente…– sonrió negando –Ahora entiendo todo. ¿Pero por qué me elegirías a mí?–
–Dame una razón por la que no…– Asher ya rodó los ojos. –Que no sea por tus piernas…– dijo rápido al ver que iba a decirlo.
Él quedó en silencio. Rice sonrió:
–Terminó el tiempo…– dijo burlona.
–No pienso ser una carga para una alfa… Y además, tampoco soy de tu propiedad si me niego.–
–Eres todo un viejo gruñón. Me encanta, te ves sexy.– lo besó rápido.
–No juegues conmigo…– gruñó molesto.
Rice rodó los ojos, vio a Nicol acercarse así que ayudó a sentarlo bien en su silla. Ya estaba cayendo la tarde y empezaba a hacer frío.
–Vamos, lobo cascarrabias…– susurró en su oído, dejando otro beso en el cuello. Asher ya estaba rojo, pero no dijo nada.
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