Cada final es un regreso… pero el dolor nunca desaparece.
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Capítulo 7: Miradas que no entienden
Las semanas pasaron.
Para Kenji, el tiempo fue… extraño.
Días en los que apenas despertaba.
Momentos donde el dolor volvía en pequeñas punzadas.
Y otros en los que simplemente… dormía.
Su cuerpo se estaba adaptando.
Poco a poco.
Silenciosamente.
Hasta que—
Abrió los ojos.
La luz de la habitación era suave. Tranquila.
Kenji parpadeó varias veces.
—…Hm…
Movió ligeramente los dedos.
Nada de dolor.
Se incorporó lentamente, probando su cuerpo.
—Ya no me duele la cabeza…
Giró un poco los hombros.
—…Y mi cuerpo está más ligero.
Había algo diferente.
No sabía qué era exactamente.
Pero lo sentía.
Más… estable.
Más presente.
Se quedó en silencio unos segundos.
Escuchando.
Sintiendo.
Y entonces—
Una presencia.
Kenji se quedó quieto.
Giró lentamente la cabeza hacia un lado de la habitación.
Ahí estaba.
Cecilia.
De pie.
Observándolo.
En silencio.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Kenji se sobresaltó de golpe.
—¡Aaah!
Retrocedió en la cama, casi cayéndose.
—¡¿Por qué pareces acosadora?!
Cecilia parpadeó, confundida.
—¿Acosadora…?
Inclinó ligeramente la cabeza.
—Solo estaba… mirándote.
Kenji se quedó en silencio un segundo.
—…Eso no ayuda.
Cecilia dio un pequeño paso más cerca.
Sin notar lo raro que era.
Sus ojos dorados lo observaban con total atención.
Sin vergüenza.
Sin filtro.
—Estabas dormido mucho tiempo —dijo—. Quería ver si despertabas.
Kenji se pasó una mano por la cara.
—Eso sigue siendo raro…
Cecilia frunció ligeramente el ceño.
—¿Raro por qué?
Kenji la miró.
Se quedó en silencio unos segundos.
—…Nada. Olvídalo.
Cecilia no apartó la mirada.
Al contrario—
Se acercó un poco más.
Demasiado.
Kenji se tensó.
—Oye… estás muy cerca.
—¿Sí?
Ella no parecía entender.
Lo observaba como si intentara descubrir algo importante.
—Tus ojos son extraños.
Kenji parpadeó.
—¿Eh?
—Son… diferentes.
Se inclinó un poco más.
—Pero no se ven malos.
Kenji se echó hacia atrás de nuevo.
—Ok, eso definitivamente es raro.
Cecilia lo miró unos segundos más.
Y luego—
Sonrió.
Una sonrisa pequeña. Sincera.
—Me alegra que despertaras.
Kenji se quedó callado.
No esperaba eso.
Desvió la mirada.
—…Sí, bueno.
Se rascó la mejilla.
—No planeaba morirme tan pronto.
Cecilia inclinó la cabeza.
—¿Morirte?
Kenji se congeló.
Un segundo.
Solo uno.
—…Es una forma de decir.
Cecilia lo observó.
Como si no entendiera del todo.
Pero tampoco cuestionara demasiado.
—Está bien —dijo al final.
Se sentó al borde de la cama.
Naturalmente.
Como si fuera lo más normal del mundo.
Kenji la miró.
—…Oye.
—¿Sí?
—Sigues estando muy cerca.
Cecilia parpadeó.
—¿Eso es malo?
Kenji abrió la boca…
Y la cerró.
Suspiró.
—…No sé.
Cecilia lo miró en silencio.
Luego sonrió otra vez.
Como si hubiera tomado una decisión.
—Entonces no me moveré.
Kenji se quedó viéndola.
Sin saber qué decir.
Porque, por primera vez desde que llegó—
Algo no le daba miedo.
Solo…
No lo entendía.
Capítulo 7: Miradas que no entienden (Parte 2)
Kenji se quedó mirándola unos segundos más.
Demasiado cerca.
Demasiado tranquila.
—…Esto es raro —murmuró.
Cecilia inclinó la cabeza.
—¿Qué es raro?
Kenji soltó un suspiro.
—Tú. Yo. Esto.
Hizo un gesto con la mano, señalando todo.
—En mi mundo, cuando alguien se acerca tanto así… es incómodo.
Cecilia parpadeó.
—¿Incómodo?
—Sí… como invadir el espacio personal.
—¿Espacio… personal?
Kenji se llevó una mano a la cara.
—Olvídalo… es complicado.
Cecilia lo observó con atención, intentando entender.
—Entonces… ¿debo alejarme?
Kenji dudó.
La miró.
Luego desvió la mirada.
—…No tanto.
Cecilia parpadeó otra vez.
—¿Entonces sí o no?
Kenji suspiró.
—Un poco. Solo… un poco.
Cecilia se movió unos centímetros hacia atrás.
Muy poco.
—¿Así?
Kenji la miró.
—…Supongo.
Cecilia asintió, satisfecha.
—Entendido.
Se hizo un pequeño silencio.
Kenji apoyó la espalda en la pared.
—Este lugar… —murmuró—. Todo es demasiado… medieval.
Cecilia frunció el ceño.
—¿Medieval?
—Sí… castillos, caballeros, princesas… —la miró— tú.
Cecilia lo pensó unos segundos.
—…Es lo normal.
Kenji soltó una risa leve.
—Claro… lo normal.
Miró sus manos.
—En mi mundo no hay magia.
Cecilia abrió un poco los ojos.
—¿Nada?
—Nada.
—¿Ni un poco?
—Ni un poquito.
Cecilia se quedó en silencio.
Como si eso fuera más extraño que todo lo demás.
—Entonces… ¿cómo viven?
Kenji se encogió de hombros.
—Tecnología… cosas que funcionan sin magia.
—¿Tec… no… lo… qué?
Kenji sonrió apenas.
—Ya te explicaré… algún día.
Cecilia lo miró con curiosidad.
Luego—
Se inclinó un poco hacia él otra vez.
Kenji la vio venir.
—Oye…
—¿Sí?
—Otra vez estás invadiendo el espacio personal.
Cecilia se detuvo.
—Pero quiero entender mejor.
—No necesitas acercarte tanto para eso.
—¿Segura?
Kenji la miró.
—…Segura.
Cecilia dudó.
Pero esta vez… no se acercó más.
—En mi mundo —dijo ella—, cuando alguien te interesa… te acercas.
Kenji parpadeó.
—¿Eh?
Cecilia lo dijo con total naturalidad.
—Así puedes conocerlo mejor.
Kenji se quedó en silencio.
Procesando.
—…Ok, eso explica muchas cosas.
Cecilia inclinó la cabeza.
—¿Te molesta?
Kenji la miró.
Sus ojos dorados.
Su expresión sincera.
Sin malicia.
—…No —admitió—. Solo no estoy acostumbrado.
Cecilia sonrió.
—Entonces te acostumbrarás.
Kenji soltó una pequeña risa.
—Sí… supongo que sí.
El silencio volvió.
Pero esta vez—
No era incómodo.
Era… nuevo.
Y en medio de ese mundo extraño—
Kenji empezaba, poco a poco,
a entender que no todo iba a ser peligro.