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Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor-odio / Dragones
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Uma campo

un libro con personajes de ficción, dragones, ogros, un enemies to lovers y demás. ¿será que conseguirán enamorarse mutuamente? o solo seguirán en guerra. quién sabe depende de como ellos se traten a sí mismos

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VI. el canto de las profundidades

Zhaeryntha:

Descendimos con una elegancia que contrastaba violentamente con el desastre que Kaelthoryn traía encima. Vharok aterrizó con la ligereza de un gato negro, a pesar de llevar el peso extra de un Dravenkael humillado y un Rhyx que todavía se sacudía hojas de las orejas. Me bajé del lomo de mi dragón de un salto, ignorando la mano que Kaelthoryn extendió —probablemente para no caerse de nuevo— y caminé hacia el centro del claro.

Grog ya estaba allí, pero no estaba solo. Cinco enanos más, vestidos con cueros reforzados y barbas tan largas que casi barrían el fango, emergieron de entre las raíces de los robles. Parecían asustados, con los ojos muy abiertos ante la presencia de los tres dragones, pero la vista de las bolsas de provisiones que colgaban de la montura de Vharok los mantuvo clavados en el sitio.

—Dije que vendría, Grog —anuncié, bajando las pesadas alforjas con un golpe seco.

Kaelthoryn, tratando de recuperar algo de su dignidad perdida, se acercó para ayudar. Entre los dos empezamos a sacar las hogazas de pan de miel, los odres de agua clara, las mantas de lana y los bloques de carne curada. Era una cantidad inmensa, mucha más de la que seis enanos podrían cargar montaña arriba sin romperse la espalda.

—Es... es demasiado, Gran Dama —susurró Grog, con la voz quebrada—. No podremos llevarlo todo antes de que caiga la noche.

—No estarán solos —respondí, cruzándome de brazos.

Como si mis palabras fueran una señal, de las sombras de las rocas y de las grietas del suelo empezaron a brotar más figuras. Diez, veinte, cincuenta enanos aparecieron en un silencio asombroso, formando una fila perfecta y ordenada. Uno a uno, con una disciplina que ya quisieran los cadetes de la Academia, pasaron frente a nosotros. Tomaron las mantas, los sacos de grano y la carne, repartiéndose el peso con una eficiencia milenaria.

A medida que se cargaban las provisiones, un sonido bajo empezó a vibrar en el aire. No era un grito, sino un tarareo profundo, rítmico, que parecía nacer del centro de la tierra. Era una música ancestral, una melodía que hablaba de minas olvidadas y martillos de hierro. Se marcharon en una hilera constante, desapareciendo entre la maleza mientras sus voces se fundían con el susurro del bosque.

Grog se quedó atrás, esperando hasta que el último de sus hermanos estuvo a salvo en las sombras. Me miró, y por primera vez, su rostro no mostraba pavor, sino una seriedad absoluta.

—Nos han salvado el invierno, Vaelkríass —dijo Grog, acercándose a mis botas—. Por eso, les diré la verdad que los reyes de la superficie no quieren escuchar.

Kaelthoryn se tensó a mi lado, dejando de sacudirse el musgo de la armadura para prestar atención.

—No cerramos las rutas solo por los orcos —continuó el enano, bajando la voz hasta convertirla en un susurro temeroso—. Los orcos solo huyen de lo que despertó abajo. Las rutas de fácil acceso están selladas porque algo se mueve en las raíces del mundo. Criaturas que hacen que sus dragones parezcan gorriones, Dama. Antiguos devoradores de escamas que no han visto la luz en tres eras.

Sentí un escalofrío que no tenía nada que ver con el viento del bosque. Miré a Vharok, que soltó un bufido inquieto, como si él también pudiera sentir esa amenaza subterránea.

—¿Más grandes que un dragón? —intervino Kaelthoryn, su tono sarcástico desapareciendo por completo—. Eso es imposible. No hay nada en los registros de la Academia que mencione algo así.

—Los registros de los humanos son tan cortos como sus vidas —replicó Grog con amargura—. Lo que está despertando en el este no busca oro, busca carne. Y si no detienen a los orcos pronto, ellos serán los primeros en empujar a esas "Cosas" hacia sus palacios de cristal.

Grog hizo una última reverencia y desapareció tras el rastro de sus compañeros, dejándonos a Kaelthoryn y a mí en un silencio sepulcral.

Permanecí en silencio, sintiendo cómo las piezas del rompecabezas encajaban en mi mente con la fuerza de un martillo contra el yunque. Las palabras de Grog no eran el delirio de un enano asustado; eran una advertencia que resonaba en mi propia sangre. Me llevé una mano a la barbilla, con la mirada perdida en la entrada de los túneles que devoraban la luz.

De repente, la claridad me golpeó. Chasqueé los dedos con fuerza, un sonido seco que hizo que Kaelthoryn se sobresaltara a mi lado.

—Claro... ¡exacto! Es eso —susurré, y mi voz tenía un tono de revelación que me erizó la piel—. Es uno de los dragones más grandes que ha pisado este planeta... un **Balerion**.

Kaelthoryn me miró como si hubiera perdido el juicio, pero yo no me detuve. Mis pensamientos volaban más rápido que Vharok en picada.

—Las leyendas antiguas, Dravenkael... los registros prohibidos de la biblioteca de mi padre hablan de él. Fue el dragón más grande y temido de la Casa Targaryen, una estirpe que cayó antes de que nuestros reinos fueran siquiera dibujos en un mapa. Ni siquiera ellos, con todo su poder de fuego y sangre, pudieron derrotarlo realmente. Solo lo vieron desaparecer en las sombras del mundo.

No esperé a ver su reacción. Me di la vuelta y corrí hacia Vharok, que ya rugía sintiendo mi urgencia. Me subí a su lomo de un salto, ignorando que el vestido se enredaba un poco con las correas. No había tiempo para elegancias.

—¡Vharok, al aire! ¡Ahora! —le ordené, clavando mis talones en sus costados.

Mi dragón se impulsó con una violencia tal que levantó una tormenta de tierra y hojas secas, dejándolo a él allí parado, con la boca abierta y la cara llena de polvo.

—¡ZHAERYNTHA! ¡ESPERA! —escuché el grito de Kaelthoryn a mis espaldas mientras corría desesperado hacia Rhyx—. ¡Eso es un mito de viejas! ¡Balerion murió hace siglos, los Targaryen son solo polvo y cuentos para asustar niños! ¡Vaelkríass, vuelve aquí, no puedes enfrentar una leyenda tú sola!

Lo escuché montar a Rhyx a toda prisa, pero yo ya estaba ganando altura, cortando las nubes con una determinación suicida. Él seguía gritando explicaciones lógicas y discursos sobre la imposibilidad biológica de un dragón de ese tamaño, pero sus palabras se las llevaba el viento.

Si Balerion, el Terror Negro, había despertado bajo mis montañas, la política de los palacios y las clases de entrenamiento de Valerius eran juegos de niños. Yo no iba a esperar a que los estrategas se pusieran de acuerdo. Iba a ver a la muerte a los ojos.

—¡Vuela, Vharok! —le grité al cielo gris—. ¡Enséñale a ese "estratega" lo que sucede cuando una leyenda decide que es hora de volver a comer!

Vharok aterrizó en el patio de armas con tal violencia que las baldosas de piedra crujieron bajo sus garras. No esperé a que se estabilizara; salté de su lomo mientras el aire aún vibraba y eché a correr, ignorando que el dobladillo de mi vestido lavanda estaba hecho jirones y manchado de la sangre azul de las bayas de luna.

Crucé los pasillos del Castillo Vaelkríass como una exhalación. Los guardias ni siquiera intentaron detenerme; conocían ese brillo de frenesí en mis ojos. Empujé las puertas dobles de la Gran Sala del Trono, que gimieron sobre sus goznes de hierro.

Mi padre, el Rey Valerius Vaelkríass, estaba allí, inclinado sobre un mapa de guerra con sus generales. Al verme entrar en ese estado —despeinada, con la ropa sucia y el pecho agitado—, su expresión se endureció.

—¡Padre! —exclamé, deteniéndome frente a él, ignorando las miradas de los generales—. Necesito la llave de la sección prohibida de la biblioteca. Ahora mismo.

Él dejó escapar un suspiro cansado y se cruzó de brazos, su imponente figura proyectando una sombra larga sobre el mapa.

—Zhaeryntha, por los dioses, mírate. Pareces una salvaje del bosque, no una princesa heredera. No voy a darte acceso a los archivos restringidos solo porque has tenido otra de tus "corazonadas". Vuelve a tus aposentos y aséate.

Sentí el pánico y la urgencia quemándome la garganta. Si le decía la verdad sobre Grog y lo que latía bajo la tierra, me encerraría bajo siete llaves por mi propia seguridad. Tenía que mentir. Y tenía que hacerlo mejor que Dravenkael.

—¡Es por el examen de mañana, padre! —solté, forzando una expresión de angustia académica que casi me hizo vomitar—. El profesor Valerius es un tirano, lo sabes. Me ha puesto un reto imposible: quiere una disertación completa sobre los mitos de la Era de los Targaryen. Específicamente sobre Balerion y sus patrones de hibernación mística.

Mi padre arqueó una ceja, claramente escéptico.

—¿Desde cuándo te importa tanto una nota, hija mía? Normalmente quemarías el libro antes de leerlo.

—¡Porque Kaelthoryn Dravenkael dice que no soy capaz de entender los textos antiguos! —añadí, usando su nombre como el cebo perfecto, sabiendo cuánto odiaba mi padre que los Dravenkael nos superaran en algo—. Ese idiota se pasó todo el vuelo burlándose, diciendo que mi linaje solo sirve para la fuerza bruta y no para la erudición. Dice que él ya tiene acceso a las crónicas de su casa y que yo voy a reprobar estrepitosamente. ¡Por favor, padre! Solo son unos minutos. Necesito demostrarle que una Vaelkríass tiene tanta mente como fuego. Si no entro ahora, ese engreído se pasará el resto del semestre restregándome su victoria en la cara. ¡No permitas que un Dravenkael sea más culto que tu propia heredera!

Hice un gesto de desesperación casi teatral, apretando los puños. Mi padre me observó durante lo que pareció una eternidad. El silencio en la sala era tan denso que podía oír el chisporroteo de las antorchas.

Finalmente, soltó un suspiro de derrota y metió la mano en su cinturón, sacando una llave de plata pesada y grabada con una cabeza de dragón.

—El orgullo será tu perdición, Zhaeryntha... pero supongo que es mejor que la ignorancia —dijo, extendiendo la mano—. Tienes una hora. Si mañana ese examen no es perfecto, te juro que te confiscaré las alas de Vharok por un mes.

—¡Gracias, padre! ¡Será impecable, te lo juro! —exclamé, arrebatándole la llave antes de que pudiera arrepentirse.

Me di la vuelta y salí disparada hacia la torre de la biblioteca. Tenía la llave. Tenía el permiso. Ahora solo necesitaba encontrar la prueba de que el Terror Negro no era solo un cuento para asustar niños, antes de que el mundo entero se convirtiera en su próximo banquete.

Subí los escalones de la torre de la biblioteca de dos en dos, sintiendo el peso de la llave de plata quemándome la palma de la mano. Al abrir las pesadas puertas de madera de cedro, el olor a polvo, pergamino viejo y magia estancada me golpeó el rostro. La sección prohibida estaba sumergida en una penumbra sepulcral, solo iluminada por los cristales de luz de luna que colgaban del techo.

—Una hora... solo una estúpida hora para encontrar una aguja en un pajar de siglos —murmuré para mí misma, mi voz rebotando en las estanterías que llegaban hasta el techo—. Vamos, Zhaeryntha, piensa. Si yo fuera un bibliotecario real con miedo a los monstruos, ¿dónde escondería el rastro del Terror Negro?

Comencé a recorrer los pasillos, pasando los dedos por los lomos de cuero agrietado.

—*Crónicas de la Primera Llama*... no. *Genealogía de los Reyes de Ceniza*... demasiado reciente. —Saqué un tomo pesado y lo abrí con brusquedad, levantando una nube de polvo que me hizo estornudar—. ¡Maldita sea! Aquí solo hay registros de impuestos y nacimientos de dragones menores. Yo no busco lagartijas, busco la sombra que devoró el sol.

Me adentré más en la oscuridad, hacia los estantes protegidos por cadenas de hierro frío. La llave de mi padre encajó con un clic metálico que sonó como un disparo en el silencio.

—Aquí estás... *Anales de la Casa Targaryen: El Exilio de las Sombras* —susurré, sacando un libro forrado en lo que parecía piel de dragón negra—. "Balerion no murió de viejo, ni de herida de espada... se hundió en las raíces de la tierra cuando el mundo se volvió pequeño para su hambre". —Mis ojos escaneaban las líneas con una rapidez febril mientras pasaba las páginas amarillentas—. "Sus escamas son el abismo, su fuego es el fin de los tiempos...".

Me senté en el suelo, rodeada de libros abiertos, ignorando que mi vestido se manchaba de hollín literario.

—Si Grog dice que los túneles del este están despertando, significa que el ciclo de mil años está terminando. "El despertar será anunciado por el canto de las piedras y el miedo de los que viven bajo el sol". —Me golpeé la frente con la palma de la mano—. ¡Dravenkael, eres un idiota! Registros de la Academia... ¡Ja! Valerius nunca nos enseñaría esto; prefiere que creamos que somos los dueños del cielo, cuando solo somos hormigas volando sobre un titán dormido.

Cerré ese libro y abrí otro de mapas astronómicos antiguos, comparando las coordenadas de los túneles con las líneas de energía que los Targaryen marcaban en rojo sangre.

—Si esto es cierto... si realmente es él... —Un escalofrío me recorrió la espalda mientras mis dedos trazaban la silueta de un dragón que ocupaba tres páginas enteras—. Ni Vharok, ni Rhyx, ni todos los jinetes de la frontera juntos seríamos suficientes. Estaríamos lanzando cerillas contra un volcán.

Me quedé mirando un dibujo detallado de un cráneo masivo.

—Tengo que encontrar la forma de dormirlo otra vez, o de controlarlo. Pero nadie controla al Terror Negro. —Me puse de pie con un movimiento brusco, recogiendo los pergaminos más importantes—. Tengo que salir de aquí antes de que mi padre envíe a los guardias. Y tengo que encontrar a Kaelthoryn. Me duele admitirlo, pero si vamos a morir incinerados por una leyenda, prefiero que ese engreído esté allí para ver que yo tenía razón antes de que ambos seamos ceniza.

Metí dos mapas y un pequeño códice en los pliegues de mi vestido. Mi corazón latía con una mezcla de terror y una extraña euforia. No era solo un examen; era la historia volviendo por lo que es suyo. Y yo estaba justo en medio del camino.

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Cliente anónimo
hay pobreeee😔😭🥺
Cliente anónimo
🥺😔😭
Cliente anónimo
no, 🥺 😔 ese no es cansancio, niño... eso se llama dolor pero tú terquedad y orgullo no lo haces que se deje ver 🥺🥺🥺
Cliente anónimo
pobres! 🥹😭 sufren muchísimo 🥺
Cliente anónimo
me encantó /Drool//Drool/
Adeilis
Me fascina, más capítulo por favor
Adeilis
La historia es muy interesante
Uma campo
🤣🤣🤣🤣 AMO A LA NARRADORA
Cliente anónimo
me va encantando. donde narra la narradora me hizo reir mucho 🥹💗🐉 además, me encanta como se desarrolla la historia
Uma campo
😂😂😂😂
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