reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.
como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre
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Episodio 10: Lo que no ves ya empezó
Había pasado un mes desde su encierro, y aunque el tiempo dentro de esas cuatro paredes parecía más lento que afuera, el cuerpo de Lucía no se detenía, el embarazo avanzaba firme, visible, imposible de ignorar incluso para ella misma, porque cada día sentía más el peso en su vientre, más la presión en la espalda al levantarse, más el cansancio en las piernas cuando caminaba de un lado a otro de la habitación, y aun así, no se permitía quedarse quieta más de lo necesario.
Ya no podía moverse como antes.
Eso era evidente.
Pero tampoco iba a volverse débil.
—Seis meses…
Murmuró una mañana mientras se acomodaba con cuidado en la cama, llevando una mano a su vientre que ahora estaba firme, redondo, con vida propia, porque ya no era solo una sensación abstracta… el bebé se movía, y lo hacía notar.
Una pequeña presión.
Un movimiento leve.
A veces inesperado.
Lucía se quedó quieta un segundo.
—…sigues ahí.
Sus labios se curvaron apenas, no en una sonrisa amplia, pero sí en algo más suave de lo que mostraba al mundo.
No era un sentimiento débil.
Era… real.
Pero no duraba mucho.
Porque su mente siempre volvía a lo importante.
A lo que tenía que hacer.
A lo que no podía fallar.
El encierro no la había detenido, solo había cambiado la forma en que jugaba, y en ese mes había avanzado más de lo que muchos notarían, porque aunque no salía, no significaba que no actuara, las cartas con Laura iban y venían, los sirvientes adecuados hacían su parte, y cada pequeño movimiento estaba calculado.
Aun así, su cuerpo le recordaba constantemente su estado.
El hambre llegaba en momentos extraños, a veces con una intensidad que la irritaba, otras con antojos específicos que no podía ignorar, y aunque no siempre tenía lo que quería, hacía lo posible por mantenerse bien, porque ya sabía lo que podía pasar si se descuidaba.
—No puedo fallar en esto…
Pensó mientras comía lentamente, incluso cuando no tenía muchas ganas.
También estaban las noches.
El sueño no siempre era fácil.
A veces se despertaba sin razón.
Otras veces por el simple hecho de no encontrar una posición cómoda.
El peso en el vientre no ayudaba.
La respiración cambiaba.
Y aun así…
Se obligaba a descansar.
Porque lo necesitaba.
Porque no era solo ella.
Y aunque no lo dijera en voz alta…
Lo sabía.
Mientras tanto, su mente seguía funcionando con claridad.
Demasiada claridad.
Porque cuanto más analizaba el ducado, más entendía que no sería fácil destruirlo desde afuera, Kilian no era un idiota en administración, eso lo tenía claro, todo estaba demasiado bien organizado, demasiado estable, como para romperse con un simple error.
—No hay fallas visibles…
Pensó mientras apoyaba la espalda con cuidado, sintiendo un leve dolor que ya se había vuelto parte de su rutina.
—Pero todos tienen un punto débil…
Su mirada cambió.
—Y el tuyo…
Nieves apareció en su mente sin esfuerzo.
No como una rival emocional.
Sino como una herramienta.
—Perfecta.
Murmuró con una leve sonrisa.
No necesitaba atacar directamente.
Solo usar lo que ya estaba mal construido.
Y dejar que el resto cayera solo.
Pero antes de eso…
Había querido algo más simple.
Algo personal.
Y ya lo había hecho.
La noticia de Nieves había llegado días atrás, y aunque no reaccionó de inmediato, cuando estuvo sola, cuando el silencio volvió a rodearla, cerró los ojos y dejó que la imagen se formara, clara, inevitable.
—…qué hermoso…
Susurró, sintiendo incluso cómo el bebé se movía ligeramente, como si respondiera a su cambio de ánimo.
Apoyó la mano sobre su vientre.
—Tranquilo…
Murmuró.
—No es contigo…
Y respiró hondo.
Controlándose.
Porque sabía que no debía alterarse demasiado.
No ahora.
No en ese estado.
Pero aun así…
La satisfacción estaba ahí.
—Primer movimiento…
Pensó.
Y no sería el último.
Kilian no había cambiado.
Eso también lo sabía.
Seguía al lado de Nieves como si nada hubiera pasado, como si el mundo no estuviera hablando, como si su orgullo no existiera, y eso solo confirmaba lo que ya pensaba de él.
—Predecible…
Murmuró.
—Y fácil de manipular.
Pero lo que realmente le interesaba no era él.
Era lo que podía hacer a través de él.
Durante ese mes, había llenado hojas con dibujos, esquemas, anotaciones, su mente volviendo constantemente a su vida pasada, a lo que sabía, a lo que este mundo no estaba aprovechando, porque la agricultura aquí era… deficiente.
Trigo.
Avena.
Granos básicos.
Siempre lo mismo.
Siempre limitado.
—Esto se puede mejorar…
Y no solo mejorar.
Explotar.
Cuando le escribió a Laura sobre el proyecto, fue clara, detallada, explicando no solo la idea sino el impacto, cómo atraer inversionistas, cómo hacer que funcionara… y también cómo usarlo para algo más.
—Hay que hacer ganar…
Pensó mientras repasaba mentalmente cada paso.
—Y también hacer perder.
Porque no todos merecían beneficiarse.
Y en su mente…
El objetivo estaba claro.
—Prepárate…
Susurró suavemente.
—Porque esto apenas empieza.
Mientras tanto, seguía usando a los sirvientes con inteligencia, pidiéndoles que buscaran ciertas plantas, ciertas semillas que había dibujado con precisión, observando lo que traían, comparando, adaptando, incluso tocando las hojas, sintiendo las texturas, recordando.
A veces se agachaba más de lo debido.
Y lo sentía.
El peso.
La presión.
La incomodidad.
Se detenía.
Respiraba.
Y seguía.
—Aún puedo…
Murmuraba.
Porque no iba a detenerse.
No ahora.
Nieves seguía visitándola.
Como siempre.
Con esa falsa preocupación.
Con esa sonrisa que no cambiaba.
Pero Lucía ya no la veía igual.
—Hoy estuve con Kilian…
Decía, como si eso importara.
—Es tan atento conmigo…
Palabras vacías.
Intentos de herir.
Pero Lucía solo la miraba.
A veces en silencio.
A veces con una leve sonrisa.
Y eso…
Era lo que más la afectaba.
Porque no entendía.
No sabía.
Que cada palabra que decía…
Ya no tenía efecto.
Que cada intento…
Llegaba tarde.
Muy tarde.
Porque su caída…
Ya había comenzado.
Y esta vez…
Lucía no estaba reaccionando.
Estaba esperando.
El momento exacto.
Para terminar todo.