Ella renace en una novela que vio en su vida pasada, hará todo hasta lo imposible por cambiar su destino y no vivir atrás de un hombre que en cualquier oportunidad la traiciona. El interés amoroso de la protagonista en la novela será para ella la Villana no tan Villana…
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7. En bandeja de plata…
—¿De qué se ríen, acaso conté algún chiste? —pregunta Damián desconcertado. En eso, su mirada se posa en la chica que ha entrado a la sala cargando varias carpetas.
—Esta sala no es para estar riendo como niños jugando —dice Leo.
—Leonardo no conocía esos gustos exóticos —suelta una leve risa tomando la carpeta que Juliana le entrega.
—Ya basta, ustedes dos, estamos aquí para ver cómo le entrego la empresa a Leonardo, no para estar peleando idioteces. Da un golpe en la mesa el padre, molesto por estas peleas sin sentido.
Antes que la junta empiece, entra Madison junto con dos meseros, quienes traen café según el gusto de cada persona.
Damián le agradece, pensando que ella es una modelo que ha contratado Leonardo.
—En las carpetas se encuentra la información de cómo me está entregando la empresa a mí —menciona Leonardo, empezando a abrir la carpeta.
—Eso es correcto, y espero que así mantengas la empresa —afirma Lorenzo.
—Claro que sí, padre, me encargaré de hacer prosperar la empresa —menciona Leo.
—Aunque siempre se puede cambiar de líder si el presidente es incompetente —dice Damián sonriendo mientras toma un sorbo de café.
—Eso jamás pasará, querido Damián —afirma Leo.
—Eso está por verse —responde Damian levantándose de su silla.
—Tan pronto te vas —sonríe con burla Leonardo.
Damián no responde, solo se despide de su hermana y de los padres de Leo; antes de salir de la oficina, deja ver una leve sonrisa de superioridad.
Juliana se mantiene alejada del lugar, observando cómo cada uno de los presentes se marcha de la sala; tal parece que este lugar no será fácil para alguien como ella.
—Juliana, llame a Madison, necesito hablar con ustedes dos —le pide Leo, saliendo de la sala. Ella asiente y va en busca de Madi, solo que se ve en la penosa situación de interferir en la conversación que tiene con la señorita Ginebra.
—Lo siento por interrumpir, pero el doctor Leonardo quiere hablar con usted —le dice Juliana. Madi asiente, empezando a caminar, siendo seguida por Juliana.
Las chicas toman asiento frente al escritorio de Leo, mientras que él resopla ligeramente, molesto por las indirectas de Damian y pensar que tiene que casarse con su hermana, que los vendría convirtiendo en familia; tiembla ligeramente, negando lo que sabe que es real.
—Bien, ya que están aquí, necesito que me ayuden a hacer un informe sobre mi propuesta; debe incluir un balance real para saber si cumpliremos la meta con mi idea de negocio y me gustaría ver quién de ustedes dos lo hace bien —pide Leonardo jugando con su pelota antiestres.
—Será un placer ayudarlo, doctor —afirma Juliana, lista para mostrar su valor.
—Vuelve conmigo, Leonardo —afirma Madison, decidida a mostrar su valor.
Más tarde, Ginebra está con Octave y Madison almorzando en el restaurante.
—Debo decir que esa secretaría que tiene Leonardo, la visten los enemigos; por Dios, me ha dado derrame de vista de solo verla —dice Octave negando con la cabeza.
—Quisiera decir lo contrario, pero tienes razón, fui la primera en oponerse, pero Leonardo solo piensa en seguir de libertino —murmuró sin ganas.
—Siento lástima por ti, cariño —le dice Octave poniendo su mano sobre su hombro.
Mientras que en la empresa, Juliana recibe una llamada de la recepcionista informando que una señorita Johana Narman la busca y que, si no sale a recibirla, hará un escándalo. Ella le informa a Leonardo; este le pide que lo niegue; lo que menos quiere es tener problemas con Ginebra ahora.
—Doctor, ella dice que si no baja ahora, vendrá aquí y hará un escándalo —le menciona ella.
Los dos se quedan en blanco al ver entrar a Ginebra a la oficina; July guarda silencio de inmediato, Leo palidece pidiéndole a Dios que ella no le haya escuchado, si no se le cae su fachada de que está trabajando de chico bueno.
—Pensé que estabas almorzando —dice Ginebra al estar frente a frente a ellos.
—No decidí pedir algo para comer; aquí tengo mucho trabajo —afirma jugando con sus dedos. Ginebra nota el nerviosismo en su persona.
—Entiendo, ¿y por qué estás tan nervioso? —Parece que ocultas algo —pregunta ella; su voz sale despreocupada por el asunto.
Leo ríe por lo bajo, negando su nerviosismo; con ojos suplicantes le pide a Juliana que les diga a los clientes que en este momento no los puede atender, pero más tarde los llamará. Solo espera que esa mujer se vaya y no se atreva a venir a hacer un escándalo, porque si no, hasta su puesto de presidencia estaría en juego. Damián no lo dejaría y menos Ginebra; es capaz de matarlo ahí mismo.
—Sí, doctor, lo haré ahora mismo —dice Juliana.
—¿Qué es lo que pasa con los clientes? —entrecierra los ojos Ginebra escaneando la actitud de Leo.
—No es nada alarmante, es solo que quieren venir a ver las prendas antes de comprarlas y, pues, ahorita no tengo tiempo de mostrarles la colección —responde Leo tomando un vaso de agua.
—Los clientes dicen que si no los atiende ahora, ya no lo harán —le dice Juliana.
—Amor, me tengo que ir, debo atender a esta gente. Prometo pasar más tiempo contigo después, chao —dice Leonardo dándole un beso en la mejilla.
—Eh, sí, bye —le respondo y salgo de la oficina.
Así que ya se empezaron a encubrir, jaja, esto se va a poner bueno. Le echó una última mirada a Juliana, quien tiene agarrada su falda larga como si ocultara algo, ya que se me están poniendo en bandeja de plata que tal vez veamos qué hace Leonardo ahora.
Tomó un camino diferente a mi oficina, bajando por las escaleras al piso uno. Me asomo en una esquina viendo lo que sucede en la recepción. En una silla apartada está una modelo muy reconocida; ella es Johana Narman. Del ascensor sale Leonardo; con pasos decididos se acerca a ella. Johana no pierde tiempo y se lanza a sus brazos, uniendo sus labios en un apasionado beso.