Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”
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#5
...Obsesión disfrazada de cuidado...
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Las flores permanecieron sobre el escritorio de Valeria durante todo el día.
Demasiado elegantes - Demasiado caras y
Demasiado difíciles de ignorar.
Cada vez que levantaba la vista, las veía.
Y automáticamente pensaba en Adrián.
En la manera tranquila en que había dicho:
“El blanco te queda mejor que el negro.”
Como si hubiera pasado tiempo observándola.
Demasiado tiempo.
Valeria intentó concentrarse en los informes frente a ella, pero era imposible.
Porque también sentía constantemente aquella mirada.
Pesada.
Intensa.
Fija sobre ella.
A veces levantaba la vista hacia la oficina de vidrio del fondo… y Adrián ya estaba observándola.
Como si supiera exactamente cuándo iba a mirarlo.
Eso comenzaba a inquietar-la de verdad.
A las once de la mañana recibió un mensaje interno desde la oficina principal.
Ven.
Solo eso.
Ni saludo.
Ni explicación.
Valeria soltó lentamente el aire antes de levantarse.
Gabriel la observó desde su escritorio.
—¿Otra vez?
—Parece que sí.
Él negó suavemente con la cabeza.
—Definitivamente estás en problemas.
Ella ignoró el comentario y caminó hacia la oficina de Adrián.
Pero esta vez sentía algo diferente.
No solo nervios.
Curiosidad.
Y eso era peor.
Golpeó dos veces la puerta.
—Adelante.
Entró lentamente.
La oficina olía a whisky, cuero y ese perfume oscuro que ya empezaba a reconocer demasiado bien.
Adrián estaba sentado revisando documentos.
Ni siquiera levantó la vista enseguida.
—Cierra la puerta.
Valeria obedeció.
El clic del seguro volvió a resonar demasiado fuerte.
Adrián finalmente levantó la mirada hacia ella.
Y otra vez ocurrió esa sensación extraña.
Como si el aire cambiara apenas sus ojos se encontraban.
—Siéntate.
Ella tomó asiento frente al escritorio.
—¿Necesitaba algo?
—Sí.
Adrián cerró lentamente la carpeta que tenía frente a él.
—¿Por qué no desayunaste?
El corazón de Valeria dio un pequeño salto.
—¿Qué?
—Esta mañana.
Su voz seguía completamente tranquila.
—Solo tomaste café.
El nudo en el estómago apareció de inmediato.
—¿Cómo sabe eso?
Silencio.
Adrián sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.
—Te observé.
Demasiado directo.
Demasiado honesto.
Valeria sintió un escalofrío recorrer-le la espalda.
—Eso es un poco extraño.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Adrián.
—¿Sí?
—Sí.
Él apoyó lentamente los brazos sobre el escritorio.
—Todavía no entiendes algo sobre mí, Valeria.
Su voz bajó apenas.
Más grave.
Más íntima.
—Cuando algo me interesa… presto atención.
El corazón de ella empezó a latir demasiado rápido otra vez.
Porque la manera en que pronunciaba ciertas palabras sonaba peligrosamente personal.
Valeria intentó mantener la calma.
—Sigo siendo una empleada.
—No.
La respuesta fue inmediata.
Ella frunció el ceño.
—¿No?
—Eres diferente.
El silencio cayó inmediatamente entre ambos.
Valeria no supo qué decir.
Porque una parte de ella sabía que debía poner distancia.
Pero otra parte…
otra parte quería seguir escuchándolo hablar así.
Y eso era un problema enorme.
Adrián tomó algo del escritorio y lo deslizó lentamente hacia ella.
Una caja elegante negra.
Valeria la miró confundida.
—¿Qué es eso?
—Ábrela.
Ella dudó unos segundos antes de hacerlo.
Dentro había un teléfono nuevo.
Último modelo.
Muchísimo más caro que cualquier cosa que ella pudiera comprar.
Valeria levantó la vista rápidamente.
—No puedo aceptar esto.
—Ya lo aceptaste.
—No, en serio…
—Tu teléfono actual tiene la pantalla rota.
El corazón volvió a detenerse un instante.
Porque era verdad.
Pero ella jamás se lo había dicho.
Adrián la observó en silencio.
Como si disfrutara ver su reacción.
—¿Cómo sabe eso?
—Lo sé todo cuando quiero saberlo.
La frase no debería haber sonado tan intensa.
Pero lo hizo.
Muchísimo.
Valeria cerró lentamente la caja.
—No necesito regalos.
—No pregunté si los necesitabas.
Otra vez esa forma de hablar.
Dominante.
Controladora.
Como si estuviera acostumbrado a decidir por todos.
Ella respiró hondo.
—¿Siempre consigue lo que quiere?
Los ojos oscuros de Adrián se clavaron lentamente en los suyos.
Y durante unos segundos el silencio se volvió peligrosamente pesado.
—Siempre.
El corazón de Valeria golpeó tan fuerte que casi dolió.
Porque por primera vez comenzó a entender algo realmente aterrador.
Adrián De Luca no estaba coqueteando con ella.
No estaba jugando.
Ese hombre ya había decidido algo.
Y la manera en que la observaba…
hacía sentir que ella se estaba convirtiendo lentamente en una obsesión.