Amanda Quiroz una mujer de belleza no evidente, su cabello de rizos rubios, y su sonrisa cautivadora es capaz de suavizar el día de cualquiera. Su vida se verá envuelta en un caos con la traición de su novio, y una noche pasión con un desconocido. Y con la llegada de Sebastián a la empresa, su vida se convertirá en un verdadero caos, de la noche a la mañana.
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Decidiste sola
El escándalo no llegó como un estallido repentino. Llegó como llegan las cosas verdaderamente peligrosas: en silencio, filtrándose entre rumores, miradas esquivas y correos que nadie quería abrir.
Amanda lo percibió antes de que tuviera un nombre.
Fue una mañana distinta. El ambiente en la oficina estaba cargado, denso, como si el aire se hubiera vuelto pesado de repente. Las conversaciones se apagaban cuando alguien se acercaba demasiado. Los teléfonos vibraban más de lo habitual. En los rostros de sus compañeros había una tensión que no correspondía a ninguna junta programada ni a ningún cierre financiero anunciado.
Sofía fue la primera en decirlo en voz baja, casi un susurro.
—Algo está pasando… y no es bueno. --
Uno de sus compañeros respondió con una mueca. -- Todo esto huele a peligro y despido. --
Para Marcos dijo entre broma. -- Amanda debe de saber, ella se la pasa en la oficina del jefe. --
Lucia le respondió a Marcos. -- El que Amanda esté alado del jefe, No quiere decir que ella sepa lo que está pasando. --
Amanda asintió sin responder. Ella también lo sentía. Desde hacía días, Sebastián se mostraba más distante en público, más rígido en las reuniones, aunque en privado su mirada seguía buscándola, pero ya no iba a su departamento, Amanda no se atrevía a preguntarle. — frialdad externa, tensión privada— la inquietaba más que cualquier conflicto abierto.
El golpe llegó al mediodía.
Un correo interno, enviado por el área de auditoría, comenzó a circular con velocidad peligrosa. Hablaba de irregularidades financieras, de contratos manipulados, de movimientos de capital que no coincidían con los reportes oficiales. Nada estaba probado aún, pero el lenguaje era claro: la empresa estaba bajo investigación preliminar.
Y todas las flechas apuntaban hacia la nueva administración.
Sebastián.
Amanda sintió un nudo en el estómago al leerlo. No porque dudara de él —o tal vez sí—, sino porque comprendió de inmediato el alcance del desastre. La prensa no tardaría. Los accionistas exigirían respuestas. Y en medio de todo eso, cualquier vínculo cercano con el presidente se convertiría en un riesgo.
No pasó mucho tiempo antes de que Sebastián la llamara a su oficina.
Cuando Amanda entró, lo encontró de pie, sin saco, con la corbata aflojada, las manos apoyadas sobre el escritorio como si intentara sostener algo que amenazaba con derrumbarse. Por primera vez desde que lo conocía, no parecía completamente en control.
—Cierra la puerta —dijo.
Amanda obedeció.
—¿Qué está pasando? —preguntó Amanda, directa.
Sebastián levantó la mirada lentamente.
—Alguien está moviendo piezas desde a dentro. Contratos firmados antes de que yo asumiera, pagos autorizados con mi nombre… o con algo que se parece demasiado.
Amanda frunció el ceño.
—¿Estás diciendo que te están incriminando? --
—Estoy diciendo —respondió él— que alguien quiere verme caer. Y no le importa arrastrar a la empresa con tal de lograrlo.
El silencio que siguió fue pesado. Amanda sintió cómo la responsabilidad comenzaba a posarse sobre sus hombros. Sebastián se acercó un paso, bajando la voz.
—Necesito que estés conmigo en esto —dijo—. Confío en ti más que en nadie.
Esa frase, que semanas atrás habría encendido algo peligroso entre ellos, ahora le produjo un escalofrío distinto. Amanda comprendió lo que realmente significaba: si él caía, ella caería con él.
—Sebastián… —empezó—. Esto es serio. No podemos permitir que nuestra cercanía se malinterprete. --
Él la miró fijamente. —Nuestra cercanía ya está siendo observada, Amanda. No nos engañemos.
Y tenía razón.
En cuestión de horas, comenzaron los murmullos. Reuniones a puerta cerrada. Miembros del consejo pidiendo explicaciones. Y, como siempre ocurre en estos casos, alguien decidió señalar un chivo expiatorio conveniente.
Amanda.
Un reporte anónimo llegó al comité de ética esa misma semana. Insinuaba que Amanda había tenido acceso privilegiado a información sensible, que había participado en decisiones estratégicas fuera de su rango formal y que su influencia sobre el presidente era… personal.
El mensaje no lo decía abiertamente, pero no hacía falta. La insinuaciones eran clara y venenosa.
Cuando Amanda fue llamada por recursos humanos, supo que el escándalo ya no era solo corporativo. Era íntimo. Personal. Destructivo.
—¿Existe o existió una relación inapropiada entre usted y el señor Valdés? —le preguntaron, con voces neutras y miradas entrenadas para no mostrar juicio.
Amanda sostuvo la compostura.
—No. --
Amanda tenía que mentir no quería verse involucrada en un escándalo que acabaría con su carrera y posiblemente con la de Sebastián.
Salió de esa reunión con la sensación de estar caminando sobre terreno minado. Cada paso podía detonar algo irreversible.
Sebastián la buscó esa noche.
Se encontraron en su oficina, cuando el edificio estaba casi vacío. Las luces apagadas convertían los pasillos en sombras alargadas. El silencio era absoluto.
—Están yendo por ti —dijo Sebastián, sin rodeos—. Esto ya no se trata solo de mí. --
—Nunca se trató solo de ti —respondió Amanda—. Desde el momento en que me involucre contigo, sabía que algo así podía pasar. --
Él se acercó más de lo que debía. —No te involucré. Tú decidiste aceptar.
Amanda lo miró, con una mezcla de rabia y algo más profundo. — Sí decidí aceptar, por estúpida, pero tampoco. Quería convertirme en el blanco. --
Por primera vez, la tensión entre ellos no era solo deseo; era resentimiento, miedo, orgullo herido. Sebastián bajó la voz.
—Si esto sale mal, perderé la presidencia. Tal vez algo más. --
—Y yo perderé mi carrera —replicó Amanda —. Todo por una relación con usted que nunca debió existir. --
El silencio volvió a envolverlos, pero esta vez era distinto. Más frágil.
En los días siguientes, la presión aumentó. La prensa comenzó a filtrar información. Titulares ambiguos hablaban de “corrupción en la cúpula” y de “relaciones inapropiadas en la alta dirección”. Amanda evitaba leerlos, pero no podía evitar sentir las miradas en los pasillos, el cambio de actitud de algunos colegas, el distanciamiento de otros.
Sofía dejó de almorzar con ella. Marcos evitaba cruzarse en el elevador con ella y Lucía prefería mantenerse a distancia.
La soledad se convirtió en una constante.
Y el viejo desgraciado disfrutando fuera del país peto pendiente de todo reprochando que su hijo insiste con la empresa.
Y todavía piensas en Amanda están enamorados aunque se niegue.
Así que no te arrepientas sigue siendo profesional lo que paso en esa habitación Amanda se queda allí.
Amanda te fuiste a desahogar a un bar y te encuentras a un chico guapo sera Sebastian el hijo brillante de tu jefe pero con un carácter insufrible veremos que pasara esa noche.
Autora te deseo éxito y mucha suerte con esta nueva novela.
Gracias.