Cada final es un regreso… pero el dolor nunca desaparece.
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Capítulo 5: Puertas del reino
Las enormes puertas del castillo se abrieron sin resistencia.
Ren avanzó con paso firme, cargando a Kenji entre sus brazos como si no pesara nada. Su expresión se mantenía tranquila, pero su mirada estaba más atenta de lo normal.
Cecilia caminaba a su lado.
En silencio.
Sus dedos aún sostenían el collar, pero ahora su atención estaba en Kenji.
—¿De verdad estará bien…? —murmuró.
Ren no respondió de inmediato.
—Su cuerpo reaccionó al maná —dijo al final—. Es algo que suele pasar… pero no así.
Cecilia frunció ligeramente el ceño.
—Entonces… ¿no es normal?
—No —respondió Ren con sinceridad—. No lo es.
Siguieron avanzando por los pasillos.
El interior del castillo era aún más imponente que el exterior. Techos altos, columnas de piedra pulida, vitrales que dejaban pasar una luz suave y colores tenues.
Algunos guardias se detuvieron al verlos pasar.
Otros inclinaron la cabeza ante Cecilia.
Pero todos notaron al chico inconsciente.
Y eso no pasó desapercibido.
Finalmente, llegaron frente a una gran puerta doble.
La entrada al salón del rey.
Y ahí—
Tres figuras los esperaban.
De pie, perfectamente alineadas.
Las trillizas.
Kaede fue la primera en hablar.
Su mirada era fría, directa.
—Princesa Cecilia… —dijo con tono firme—. Llegó antes de lo esperado.
Sus ojos se desviaron hacia Kenji.
—¿Y ese chico?
A su lado, Airi dio un pequeño paso al frente.
Su expresión era más suave.
—¿Está herido?
Su voz llevaba preocupación genuina.
La tercera, Mio, no dijo nada.
Solo observó.
Sus ojos analizaban cada detalle: la postura de Ren, el estado de Kenji, la expresión de Cecilia.
Nada se le escapaba.
Cecilia respiró hondo.
—No es un enemigo —dijo—. Nos ayudó.
Kaede entrecerró ligeramente los ojos.
—Aun así, traer a alguien desconocido frente al rey no es algo que deba tomarse a la ligera.
Ren dio un paso al frente.
—Yo me hago responsable.
El ambiente se tensó apenas.
Airi miró a Kenji otra vez.
—Parece… agotado.
Mio inclinó ligeramente la cabeza.
—No es solo eso —murmuró por primera vez—. Su energía es… extraña.
El silencio cayó por un instante.
Cecilia apretó el collar.
—Necesita ayuda.
Kaede sostuvo su mirada unos segundos.
Luego suspiró, apenas perceptible.
—El rey está esperando.
Se hizo a un lado.
Airi también.
Mio fue la última en moverse, sin dejar de observar a Kenji.
Las puertas se abrieron lentamente.
Y más allá—
Los esperaba el rey.
Capítulo 5: Puertas del reino (Parte 2)
Las puertas se abrieron por completo.
El salón era amplio, silencioso, lleno de una presencia que imponía respeto sin necesidad de palabras. En el fondo, sobre un trono elevado, se encontraba el rey.
Ren avanzó primero.
Cecilia lo siguió de cerca.
Las trillizas se mantuvieron en la entrada, observando.
Ren se detuvo a una distancia prudente y se inclinó levemente.
—Majestad.
Cecilia bajó la mirada también.
—Padre…
El rey no respondió de inmediato.
Sus ojos se posaron directamente en Kenji, inconsciente en brazos de Ren.
—¿Quién es ese joven?
La voz fue firme. Autoritaria.
Cecilia dio un paso al frente.
Apretó el collar entre sus manos antes de hablar.
—Él… me ayudó a recuperar el collar de mi madre.
Levantó ligeramente el objeto, dejando que la luz lo alcanzara.
El brillo fue suave… pero significativo.
Hubo un pequeño silencio.
El rey observó el collar.
Luego a Cecilia.
Y finalmente a Kenji.
—¿Un desconocido… ayudando a la princesa? —murmuró.
No sonaba convencido.
Ren habló.
—Fue testigo de un intento de ataque, Majestad. Intervino sin dudar.
El rey entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Y ahora está inconsciente?
—Reacción al maná —respondió Ren—. Su cuerpo no está adaptado.
El salón volvió a quedar en silencio.
Pesado.
El rey se recostó ligeramente en su trono, pensativo.
—Extraño…
Cecilia dio un pequeño paso más.
—No parece peligroso.
Kaede, desde la entrada, cruzó los brazos.
—Eso aún no está comprobado.
Airi la miró de reojo, pero no dijo nada.
Mio seguía en silencio, observando cada gesto.
El rey levantó una mano.
El murmullo implícito desapareció.
—Déjenlo en el suelo.
Ren obedeció con cuidado, apoyando a Kenji sin brusquedad.
El chico no reaccionó.
Respiraba… pero profundamente inconsciente.
El rey se levantó lentamente.
Cada paso que daba resonaba en el salón.
Se detuvo frente a Kenji.
Lo observó desde arriba.
—Un extraño que aparece de la nada… ayuda a mi hija… y no puede soportar el maná de este lugar.
Su mirada se endureció.
—Eso no es coincidencia.
Cecilia tensó ligeramente los hombros.
—Padre—
—Silencio.
Ella se detuvo.
El rey volvió a mirar a Kenji.
—Cuando despierte…
Hizo una breve pausa.
—Quiero respuestas.
El ambiente se volvió más pesado.
Más serio.
Porque en ese momento—
Kenji ya no era solo un desconocido.
Era alguien que había entrado directamente al centro del poder.
Capítulo 5: Puertas del reino (Parte 3)
El silencio en el salón era denso.
Los ojos del rey seguían fijos en Kenji.
Y entonces—
Un leve movimiento.
Los dedos de Kenji temblaron.
Su respiración cambió.
Sus ojos se abrieron apenas… desenfocados al principio, como si la luz le molestara.
—…Tch…
Parpadeó varias veces.
El techo. Las columnas. Las figuras alrededor.
Todo… desconocido.
Giró ligeramente la cabeza.
Y lo vio.
El rey.
Su mirada se enfocó poco a poco.
El ambiente… pesado.
Demasiado.
Kenji tragó saliva.
Intentó incorporarse… pero su cuerpo no respondió del todo.
Aun así, habló.
—Su majestad…
Su voz era débil, pero clara.
Todos en el salón se quedaron en silencio.
Incluso las trillizas dejaron de moverse.
Kenji desvió la mirada un segundo.
Como si pensara bien lo que iba a decir.
Luego volvió a mirar al rey.
—Yo no puedo dar respuestas…
Hizo una breve pausa.
No había miedo en su voz.
Solo… honestidad.
—Porque no tengo nada.
El rey no reaccionó.
Kenji continuó.
—Ni linaje… ni nobleza…
Apretó ligeramente la mano contra el suelo.
—No soy caballero.
Su respiración se volvió un poco más pesada.
—Solo soy… un ser humano común…
Sus ojos bajaron un instante.
—…que llegó aquí de manera extraña.
El silencio que siguió fue distinto.
No era solo tensión.
Era… evaluación.
El rey lo observó fijamente.
Como si intentara ver más allá de sus palabras.
Cecilia dio un pequeño paso adelante.
—Padre…
Pero no terminó la frase.
Ren permanecía en su lugar.
Atento.
Sin intervenir.
Kaede entrecerró los ojos.
Airi mostró una leve preocupación.
Mio… solo observaba.
El rey finalmente habló.
—Un hombre sin origen… sin estatus… y sin explicación.
Dio un paso más cerca.
—Y aun así… te atreves a hablar frente a mí sin titubear.
Kenji no respondió.
Pero tampoco apartó la mirada.
El rey lo miró unos segundos más.
Largos.
Pesados.
Y entonces—
—Interesante.
No sonó como aprobación.
Pero tampoco como rechazo.
Se giró ligeramente.
—Se quedará.
Cecilia levantó la mirada.
Ren también.
—Bajo vigilancia —añadió el rey—. Hasta que entienda qué es… y por qué está aquí.
Kenji cerró los ojos un segundo.
No por cansancio.
Sino por aceptación.
Porque, en el fondo—
No tenía otra opción.