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Ecos Del Pasado: Una Nueva Vida.

Ecos Del Pasado: Una Nueva Vida.

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / La Vida Después del Adiós / Reencuentro / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna stars

La perdida de un ser amado es difícil de superar; pero al final siempre llega una pequeña luz que comienza a iluminar nuestras vidas hasta cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Luna stars para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Gracias por no dejarme sola.

El sol apenas comenzaba a asomar cuando Emiliano ingresó a la habitación de Amélie. Ella dormía profundamente, acurrucada junto a su mascota Nube, con el cabello despeinado el cual era un caos encantador. Costaba creer que en solo una hora enfrentaría su primer día de escuela.

Él se quedó allí de pie, observándola en silencio. Aún le resultaba increíble cómo un ser tan diminuto se había transformado en el epicentro de su vida.

— Amelie. — Susurró él con una sonrisa. — Es hora de levantarse, pequeña valiente.

Ella abrió los ojos con lentitud y enseguida frunció el ceño. Aún tenía mucho sueño y no deseaba levantarse.

— ¿Hoy es hoy? — Hablo un poco adormilada.

Emiliano soltó una risa suave. No había nada que le gustara más que disfrutar de esos tiernos momentos.

— Hoy es hoy. El gran día ha llegado. ¿Estás lista?

La niña se quedó unos segundos pensativa. Le agradaba la idea de entrar al colegio y tener amigos, pero también deseaba pasar todo el día junto a su padre.

— Solo si tú vienes conmigo.

Emiliano asintió con ternura. Sabía que este era un momento trascendental para su hija, y estaba decidido a apoyarla. Si ella decidía no ir, él se quedaría felizmente a su lado.

— No pienso irme a ningún lado.

Media hora más tarde, Amelie salió del baño ya con su uniforme. Llevaba el cabello recogido en dos trenzas desiguales, un esfuerzo de peinado que Emiliano había intentado hacer por sí mismo. Adornaba una de las trenzas con un moño amarillo y mostraba una sonrisa nerviosa. Emiliano le tomó una fotografía y la contempló como si aquel momento fuera el evento más importante de su existencia.

— Estás hermosa, hija.

— ¿Aunque las trenzas estén un poco locas? — Dijo ella mientras se observaba en el espejo.

— Especialmente por eso.

Amelie dudó por un momento y luego bajó la mirada. Al instante, Emiliano se dio cuenta de su temor y se inclinó hasta estar a su misma altura.

— ¿Y si nadie quiere jugar conmigo?

— Entonces tú serás la que invite a jugar. Y si no te responden el primer día, lo harán el segundo. — Dijo mientras acariciaba su pequeño rostro. — Eres una pequeña fuerte, inteligente y divertida. Créeme, van a adorarte.

Ella se quedó callada y pensativa. Emiliano continuó hablándole para calmarla.

— Y si en algún momento te sientes asustada… piensa en mí. Yo estaré esperándote cuando salgas.

Amelie se abrazó con fuerza al cuello de su padre. A pesar de sus nervios, se sentía completamente segura entre sus brazos. Él se había convertido en su refugio, y ella en el suyo.

Frente a la entrada del colegio, el ambiente era caótico; padres sacando fotos, algunos niños llorando, otros corriendo sin mirar atrás. Entre tanto, Emiliano experimentaba un nudo de ansiedad. No por Amelie, sino por él mismo. Era la primera vez que la dejaba en un lugar repleto de extraños; y aunque sabía que era lo mejor para ella, su instinto paternal le gritaba que la mantuviera cerca.

La pequeña le apretó la mano antes de marcharse, y con la mirada ansiosa le preguntó.

— ¿Puedo llevarme tu reloj? — Preguntó con ternura. —Solo por hoy. Así podré sentirte màs cerca.

Él se quitó el objeto sin titubear y lo colocó con delicadeza en su muñeca. A pesar de que le quedaba evidentemente grande, sonrió. A ella, sin embargo, el tamaño no le importó en absoluto, pues aquel sería, a partir de ese momento, su más preciado tesoro.

 — Solo por hoy. — Dijo él sonriendo.

La maestra anunció el momento de la despedida. Era hora de irse. Amelie comenzó a caminar, finalmente se detuvo a pocos pasos de él, y se volvió para mirarlo fijamente.

— Papá… ¿puedes quedarte hasta que entremos?

— Hasta que no me dejes ir.

Ella asintió. Al cruzar la puerta del salón, Amelie se detuvo por un instante, giró y levantó en alto su mano, exhibiendo con orgullo el lazo amarillo que él le había atado con dificultad esa mañana. Emiliano, al verla, sonrió, comprendiendo que ella lo llevaba consigo mientras daba sus primeros pasos sin él.

Por la tarde, después de recoger a Amelie de su primer día de clases, Emiliano detuvo el coche frente a su casa. Se giró para observar a la pequeña en el asiento trasero, buscando alguna señal de cómo le había ido en su primer día, pero ella permanecía en silencio, absorta mirando por la ventana y abrazando su mochila.

Emiliano abrió la puerta y le ofreció la mano. Amelie bajó del coche sin pronunciar palabra. Ya en la cocina, él puso a calentar un poco de leche y colocó sobre la mesa sus galletas favoritas.

— ¿Fue muy terrible? — Preguntó con una sonrisa cautelosa.

 Amelie negó con la cabeza. Pero en su mirada se reflejaba la incertidumbre por no entender muchas cosas.

— No. Solo un poco raro. — Hablo con desánimo.

— ¿Qué fue lo más raro?

— Que no sé muchas cosas sobre mamá. — Dijo sin mirarlo. — Que todos hablaban de sus papás, y yo no sabía cómo contar mi historia sin que me miraran como si me fuera a romper. — Emiliano se sentó a su lado y esperó a que ella hablara sin interrumpirla. — Entonces no dije nada. Solo dije que vivo contigo, y que tú haces panqueques con forma de dinosaurio. Eso sí les gustó.

Emiliano soltó una risa suave, llena de alivio. Es normal que ella se sintiera de esa manera, sobre todo si escuchaba a otros niños hablar sobre sus padres.

— A veces las historias importantes se cuentan despacito, sobre todo cuando uno siente que puede hacerlo. Y tú puedes contar la tuya cuando quieras. No tienes que apresurarte.

Amelie lo miraba con los ojos muy abiertos, dándole a entender la gran importancia que esto tenía para ella, sobre todo porque también anhelaba descubrir más sobre su madre.

— ¿Y si me preguntan por mamá?

— Entonces puedes decir que fue alguien muy valiente, y que te quiso con todo su corazón. Que se equivocó, sí… pero que dejó lo mejor de ella en ti.

Ella asintió lentamente y luego, sin dudar, se sentó en su regazo. Aunque a veces su cabecita se llenaba de preguntas, sabía que siempre encontraría una respuesta en su padre.

— Gracias por esperarme hoy, papá.

— Siempre te voy a esperar, cariño. —Susurró Emiliano.

Dos días más tarde, el cielo se presentaba como un vasto lienzo gris, cubierto por nubes suaves. En un silencio compartido, Emiliano caminó por el sendero del cementerio, llevando de la mano a Amelie. Ella sostenía un pequeño ramo de flores silvestres. Él, una fotografía de Bianca que Amelie aún no había visto.

Finalmente, se detuvieron ante la lápida de mármol blanco. Esta era sobria, mostrando únicamente el nombre y las fechas; Bianca no había querido epitafios.

Amelie contempló la tumba sin temor. Y permaneció allí, inmóvil, sin derramar una sola lágrima.

— ¿Está ahí? — Preguntó con inocencia.

— Su cuerpo sí. Pero lo que era ella… creo que está en muchas partes. — Confesó él con melancolía. — En ti. En los lugares donde fue feliz, y en los recuerdos que tenemos junto a ella.

Emiliano se arrodilló junto a su hija y le extendió la fotografía. Esta era una foto instantánea de Bianca; su cabello ondeando con el viento, junto a una sonrisa desprevenida, sentada en la arena de una playa, ajena al lente que la capturaba. Amelie deslizó sus dedos sobre la imagen.

— Se parece a mí. — Dijo observándola detenidamente.

— Sí. — Dijo él, con la voz quebrada. — Mucho.

Después de dejar las flores junto en la lápida, la niña se acercó a Emiliano y lo abrazó por la cintura sin dudarlo. Con ese simple acto, ella buscaba consolar su apesadumbrado corazón. Algo que él entendió.

— ¿Crees que nos está viendo ahora? — Dijo aún abrazada a él.

— Estoy seguro de que sí.

— Entonces… ¿puedo decirle algo?

— Por supuesto. — Dijo inclinándose hasta quedar a su altura.

Amelie se acercó a la piedra, y cerrando sus ojos, murmuró.

— No estoy enojada, solo te extraño; pero gracias por no dejarme sola.

Emiliano sintió que el aire se volvía más liviano, como si algo muy dentro de ellos se hubiera soltado.

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Ingrid Perez
Excelente novela me gustó mucho te deseo muchas bendiciones y felicidades gracias 🤗😘
Sabri Nahir Zapata Zini
Fue hermosa la historia!! Me encanto
Mariela Alejandra Gonzalez
me encantó distinta a otras novelas excelente autora!!!!! éxitos!!
Maria Del Carmen Valenzuela
Hermosa novela, tierna y aapasionante
Maria Elena Martinez Lazaro
Claro que sí me gustó mucho gracias querida Dios te continúe bendiciendo
Maria Elena Martinez Lazaro
😊😊😊que hermoso
Luna Stars
No, no hace parte de ninguna obra anterior.
Mariela Alejandra Gonzalez
me gusta hoy empeze a leer. pregunto está historia viene de una novela anterior? pregunto para entender y poder leer desde el principio.
Claudia Patricia Cruz Saa
Amo a esa niña 🥰🥰
Luna Stars
Querid@ lector@, muchas gracias por informarme de ese error. 🤭 Ya lo he corregido.
ShaLop
Escritora el protagonista se llama, Emiliano Maximiliano. O Maximiliano Emiliano. En cada párrafo le cambias el nombre 😂😂
Maria Elena Martinez Lazaro
🤣🤣🤣🤣 que sincera está Amalia. Cara de tormenta 🤣🤣🤣🤣
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente historia, está buena la trama
Martha Mena Wong
El primer capítulo y ya estoy llorando que abra hecho para terminar asi
Elizabeth Sánchez Herrera
más ➕ capítulos
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