Eduarda aprendió desde joven que el amor no siempre protege.
A los quince años perdió a su madre, y con ella, la única seguridad que conocía. Como si el duelo no fuera suficiente, su vida se puso patas arriba al descubrir que su padre tenía otra familia… y peor aún: los llevó a todos a vivir bajo el mismo techo. Entre rechazo, silencio y miradas que nunca la aceptaron, Eduarda resistió como pudo.
Pero nada la preparó para la peor traición.
A los veinte años, descubre que fue reducida a una deuda —prometida a un hombre mucho mayor para pagar los errores de su propio padre. Sin opciones, sin voz… hasta que decidió no aceptar ese destino.
Con la ayuda de sus amigos, Eduarda huye, dejando atrás todo lo que conocía —incluido su nombre, su historia y sus heridas mal sanadas.
En una nueva ciudad, intentando reconstruir su vida, conoce a Lucas, un hombre mayor, marcado por el tiempo y con sueños sencillos: amar y formar una familia.
Pero ¿cómo confiar en el amor cuando ya fue usado como moneda de cambio?
Entre traumas, nuevos comienzos y sentimientos que surgen donde menos se espera, Eduarda tendrá que enfrentar el pasado que insiste en perseguirla —y decidir si está lista para vivir algo que nunca tuvo: un amor de verdad.
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Capítulo 4 El comienzo de su sueño
Pasaron más de dos meses y llegó su cumpleaños, Eduarda cumplía sus 16 años.
Su padre ni se acordó de su cumpleaños. Eduarda tomó el autobús y fue hasta el cementerio. Quería celebrar con su madre, siempre fue ella quien estuvo a su lado.
Lloró en el día que debería ser el mejor día de su vida, antes era un día perfecto, siempre celebraban con pastel.
Mamá, voy a aguantar un poco más, hasta que sea mayor de edad. Por ahora necesito tener un lugar donde dormir y estudiar.
Voy a hacer los exámenes de ingreso a la universidad, ayúdame desde allá arriba. Voy a estudiar mucho para aprobar.
Llegó el examen de ingreso. Y con él su sueño de estudiar derecho.
María Eduarda tenía un gran potencial, era muy inteligente y desde joven se preparaba para lo que quería. Tenía fascinación por el derecho, por las leyes.
Llegó el gran día, más que nada, Duda necesitaba estudiar más, necesitaba demostrarle a ella misma que iba a lograr salir adelante en la vida. Las palabras de aquella señora no salían de su mente. También quería triunfar por su madre.
El tiempo pasó y salieron los resultados del examen y sus notas fueron las esperadas.
Su padre ni se interesó por su resultado. Sandra fue con ella a hacer la inscripción en la facultad.
Sin embargo, sus gastos aumentaron, la pensión le correspondía al esposo, pero como ella era menor de edad, acordaron repartirla con ella.
Duda— Necesito conseguir un trabajo de medio tiempo, tengo materiales que comprar. Ya casi no como en esa casa, paso buena parte del tiempo en la facultad.
Los gastos de la casa eran mayores de lo que Pablo imaginaba, su mujer gastaba demasiado y ya no alcanzaba para pagarle a Sandra.
Pablo— Sandra, lamento mucho que las cosas estén difíciles y el dinero no alcance para pagarle.
Sandra— Señor, trabajo aquí hace más de 15 años, voy a extrañar a la niña Duda. Pero está bien, agradezco los años con ustedes. Solo no la deje sufrir. ¡Cuídela!
Duda llegó a casa y no encontró a Sandra con su cena.
Le informaron que ella ya no trabajaba en la casa.
Duda— Ahora va a ser más difícil para mí. Tendré que encontrar un empleo lo más rápido posible.
Habló con el señor Antônio, él le consiguió un contrato de medio tiempo en el despacho.
Continuó con su vida, salía temprano de casa y regresaba por la noche. Consiguió un empleo en el despacho de abogados del señor Antônio. Trabajaba en el turno de la tarde.
Hoy María Eduarda cumple sus 18 años y el ambiente en casa era el mismo y cada día su padre se distanciaba más de ella, la pequeña ya tenía 5 años y la mayor 17, no quería mucho de la vida, no quería estudiar y vivía de fiesta con las amigas.
El ambiente familiar ya no era el mismo, a veces Pablo llegaba borracho a casa.
Un día quiso pedirle cuentas sobre la vida de su hija.
Pablo— ¿Dónde estás todo el día? Solo llegas a casa por la noche.
Duda— De mi vida me encargo yo, tú deberías ocuparte de la vida de tus hijas. Hoy ya soy mayor de edad, estudio y trabajo.
Pablo— Sigues bajo mi cuidado, comes de mi comida.
Duda— Jajaja, ¿de tu comida? ¿Cuál comida? Salgo de casa temprano sin comer nada y vuelvo y no hay nada para comer y por lo que estoy viendo, ni tú tampoco estás comiendo. Cuídate, dentro de poco puedes ser tú el que esté bajo tierra.
Pablo— ¿Me estás deseando la muerte?
Duda— Yo no tengo nada que ver con tu vida, vive tu vida y deja la mía en paz. Solo te estoy diciendo que te cuides mejor y que cuides a tu hija que no quiere nada de la vida.
Su empleo estaba avanzando, ya llevaba 2 años trabajando en el despacho con grandes abogados.
Recibía el cariño y la atención de todos. Y así estaba completando otra etapa de su carrera de derecho, quería ser una gran abogada. Los fines de semana, a veces se quedaba con Sandra.
Llegando a sus 20 años, Duda ya no soporta más esa casa, su padre está desempleado y ahora quiere la otra parte de la pensión de su madre, dice que los gastos son muy grandes.
Duda— Yo también tengo gastos, estudio y trabajo medio tiempo. ¿Por qué tu hija no consigue un empleo, ya que no quiere estudiar? Vive de fiesta y comprando ropa cara y tú no dices nada. Mi dinero me cuesta mucho conseguirlo.
Pablo— Justamente por no tener estudios superiores es que Melissa no consigue un buen empleo.
Duda— Pues que busque trabajo dentro de lo que le está permitido, ponla a hacer limpieza, lavar ropa, hacer lo que sea.
Pablo— Seguro te está yendo muy bien en ese despacho.
Duda— Gano apenas lo suficiente para mantenerme y comprar mi material de estudio.
Duda ya observó que no se puede seguir conviviendo en esa casa.
Duda— Mamá, ¡lo siento! Pero ya no se puede vivir aquí, tengo que buscar un lugar donde vivir, lo que gano todavía no alcanza para mantenerme sola, tengo que esperar 2 años más para mi graduación.
Un día Pablo está en un bar con los amigos y le surge una propuesta de matrimonio para su hija.
Hombre— Pago 10 mil por casarme con tu hija.
Pablo— ¿Quieres casarte con Eduarda?
Hombre— Sí, es hermosa. Siempre la veo tomando el autobús, es una mujer muy linda.
Pablo— Creo que ella no aceptaría casarse contigo. Tú ya eres un hombre casado y tienes hijos. Ella tiene sus principios, siempre estudiando para ser alguien en la vida.
Hombre— Estoy separado y necesito una esposa que cuide la casa y me ayude en el negocio.
Pablo— No sé, creo que esto no va a funcionar. Olvida esa idea, Eduarda es muy terca.
Hombre— Convéncela de casarse conmigo, ella no va a necesitar trabajar. Y tú vas a poder pagar tus cuentas atrasadas.
Pablo salió del bar y los demás se quedaron cuchicheando.