uno dos tres serie incompleta
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CAPITULO 3
...Canción del capítulo:...
...Puppeteer de Epic el musical....
Se estacionó delante de la casa de Érica. Ella le dirijió la mirada abrió su boca para despedirse pero Damián la interrumpió y le dió un beso lento, más profundo como el que le había dado en el restaurante ya que estaba en la comodidad y privacidad de su auto.
Se separaron y ella lo miró una vez antes de abrir la puerta y salir. Damián se apoyó con sus brazos cruzados en el volante mientras miraba como entraba a su casa con pasos torpes y vacilantes. Damián exhaló aire.
«Quizás las cosas no estaban tan mal»
...…...
No podía apartar la mente de los ojos verdes de Erica y de sus largas pestañas.
Posó la mano en la perilla de su departamento cuando sintió algo vibraba en su bolsillo. Frunció el ceño y metió la mano en el bolsillo de su pantalón. Envío la pantalla y levantó las cejas consternadas.
—¿Enrique?—Preguntó por lo bajo contestó y pegó el celular en su oreja.
—Tengo algo que te volará la cabeza, Vega.— Enrique se escuchaba agitado.
—¿Tienes una nueva pista?—Preguntó apartando la mano de la perilla.
—Mucho mejor…—Enrique Tomó aire y casi lo vio sonreír.—El equipo de campo, unos refuerzos y yo estamos a fuera de la tienda de ropa más grande la ciudad ¿A divina a quien tenemos contra la espada y la pared?— Medina se escuchaba emocionado.
—No puede ser.—Murmuró y pasó las manos por su cabello.—Voy para allá.
Damián comenzó a correr por el pasillo con movimiento firme. Frenó y esquivo a una chica que le gritó que tuviera más cuidado. Damián la ignoró, llegó hasta el ascensor. Estaba ocupado. No esperaría. Miró a su derecha y comenzó a bajar la escalera.
—¡Señor no puede correr por aquí!—Le gritó el señor de limpieza
—Es…—Damián abrió su chaqueta y mostró su credencial de la policía.—¡Es una emergencia policial!
Damián volvió su mirada al frente abrió la puerta con más fuerza de la que debería y corrió hasta prácticamente lanzarse a su auto. Sacó sus llaves con torpeza y la introdujo y la giró, encendió el motor y pisó el pedal sin pensar algo más. No supo cuánto tiempo le llevó llegar al lugar de los hechos, pero estuvo tranquilo al ver a sus colegas aun a la espera de la acción.
Con cuidado estacionó su auto asegurándose que no se dañara nada. Y a diferencia de la calma con la que había estacionado salió de su auto con una fluidez y rapidez que no sabía que tenía en ese momento.
—Vega.—Encontró los ojos de Enrique, él lo recibía con los brazos abiertos.
—Medina. —Devolvió el saludo aun caminando hacia él y mirando a cada dirección visualizando como estaban rodeando el lugar.—Están haciendo un buen trabajo…—Damián se lamió un el labio inferior.—¿Actualizaciones?
—Parece que la chica de rojo se quedó sin seda para su traje.—informo y se llevó la mano a la correa de su pantalón y miró el establecimiento.—Decidió robar el lugar más caro de la ciudad, con más seguridad, la chica casi se escapa, pero pudimos acorrarla… a penas.
—¿A… a penas? Enrique, ¿Cómo es posible?—Damián se llevó las manos a la cabeza.—El lugar tiene última tecnología en puertas con tecnología de sellado, cámaras de seguridad perfectas y sobre todo hombres de seguridad.
—Eso lo tengo claro.—Comenzó Enrique, su mandíbula se veía tensa.—No se encuentra explicación del porqué los guardias no están trabajando y de alguna forma logró evadir la seguridad de las puertas y bloqueó las cámaras. Por eso te llamé, Damián.
Damián se llevó una mano al mentón y asintió.
—Comprendo…—Damián comenzó a caminar de vuelta a su auto.
—Si logras tener el acceso de nuevo podremos atraparla.
Damián abrió la puerta de su auto y saco la laptop que siempre traía…
«Uno nunca sabe»
.........
Comenzó a teclear tratando de calmar a su corazón del infarto que estuvo a punto de darle hace un momento. Se sentó en el suelo, de vez en cuando se llevaba la mano al bolsillo de su pantalón. Recordó como al sacar la computadora se salió el boomerang. Por suerte Enrique no lo notó, pero Dios estuvo a punto y sabía que no le gustaría nada que lo tuviera. Valdría la pena, sabría que era lo que tenía y Enrique no podría reclamarle porque obtendría información.
Siguió en lo suyo unos minutos más.
—¡Medina!—Llamó Damián, Enrique que hablaba con otros oficiales volteo hasta donde él estaba, le hizo una seña a los demás y se acercó con paso decidido.—Estoy a punto de arreglarlo.
—Sabía que podrías.—Dijo y se colocó de cuclillas detrás de él mirando la laptop, Damián sintió como coloco su mano en su hombro y sintió un escalofrío.
—Solo hago esto y…
La pantalla iluminó a ambos con una luz roja brillante y cegadora en un instante que a los dos los dejó confundidos.
—¿Error?—Preguntó Enrique y quitó la mano del hombro de Damián.—Dijiste que lo tenías ¿Qué está pasando?
Damián parpadeó varias veces para poder procesar lo que estaba pasando… No pudo acceder y la pantalla estaba en rojo, ROJO.
—Algo no anda bien.—Murmuró con la rabia creciendo en sus palabras. Llevó las manos al teclado prácticamente golpeando cada tecla. Hasta que se dio cuenta.—-Tengo que entrar para hackear. El problema esta adentro aquí no resolveré nada.
—¿Qué?
—Que tengo que entrar.—Repitió cerrando la laptop haciéndola sonar con fuerza.
—No.—Sentenció Enrique colocándose de pie. Damián también se levantó llevando la laptop a su pecho.
—Es la única manera.—Replicó con los dientes apretados.
—Siempre hay más maneras.
Enrique le echó una última mirada y se fue a donde estaban los otros oficiales. Damián apretó más la laptop a sus manos y a su pecho. Para él no había otra manera, para él era necesario entrar, él sabía que la mujer de Rojo había manipulado todo tan bien.
Dio un paso adelante, luego otro, y siguió hasta estar frente a Enrique y a los demás oficiales.
—Tengo una solución.
Los demás se giraron de golpe para mirar a Damián, su rostro era una mezcla de esperanza y convicción.
—Si me dejan entrar puedo hackear las puertas.
—¿y como piensas entrar si las puertas están cerradas genio?—Dijo uno de ellos y llevo una mano a su frente con diversión.
Damián tartamudeó un poco y miró a todos lados, su expreso cambio al ver que una puerta seguía abierta. Estaba resguardada.
—¿Qué me dices de esa puerta?
Automáticamente, todos se giraron al verla y luego a mirarlo a él sin ninguna expresión. Enrique frunció el ceño y lo tomó del brazo alejándolo, Damián tomó más fuerte su laptop pegándola a su pecho.
—¿Qué crees que estás haciendo?—Preguntó Enrique refunfuñando Damián se liberó de su agarre.
—Busco una solución.
—Pues es poco viable.
Ambos se miraron un segundo más de lo que deberían, Enrique no había bajado su brazo con el cual lo había sujetado, pero luego lo dejo caer con un sonido que compacto con su ropa.
—Trabajemos con paciencia por los momentos.—Habló con un tono más pausado.
—Ya he tenido mucha paciencia.—Murmuró él dando un paso hacia adelante.
Enrique se encorvó y se llevó sus dedos al puente de su nariz. Murmuró algo que Damián no alcanzo a distinguir. Iba a decir algo más, pero alguien llamo a Enrique por su apellido, el recupero su postura de siempre y se alejó sin volver a mirarlo.
Damián se separo la laptop de su pecho y vio como sus nudillos se volvían blanco su sus dedos comenzaban a hormiguear. Relajó su mandíbula cuando le comenzó a doler.
Tun, tun.
Se volteó al sentir unos dedos tocando su hombro. Vio a un hombre más alto que él, uniformado y con una barba poblada, tenía el asomo de una sonrisa en su rostro, o eso creía. Sus ojos casi negros lo escanearon.
—¿Puedo ayudarte con algo?—Preguntó Damián a la defensiva.
—Yo creo que puedo ayudarte a ti.—Él se cruzó de brazos inflando su pecho y lamió sus labios.—Oí tu plan.
Damián dio un paso atrás y él levantó una ceja.
—¿Quieres entrar?
—Necesito entrar. —Espetó él enderezando su espalda.
El chico asintió con la cabeza y lo tomó del brazo y comenzó a arrastrarlo detrás de un muro. Damián confundido intentó zafarse de su agarre.
—Creo que tú y yo queremos lo mismo.
—Atraparla.—Lo interrumpió Damián moviendo su brazo para que lo soltara y el tipo se pasó una mano por el rostro.
—Exacto.—Él miró hacia atrás.—Haré una distracción. Podrás pasar y así la atraparemos.
Damián lo miró un momento, tratando de reconocerlo, no, no lo conocía.
—¿Quién rayos eres?
—Soy el nuevo.—Respondió con una sonrisa llevando sus brazos a los costados haciendo el gesto como si fuera demasiado obvio.
Damián asintió con la cabeza y entrecerró sus ojos.
«definitivamente, algo anda mal y ese tipo no me da buena espina.»
Él sonreía con emoción, una emoción tranquila. Damián tomó aire.
—Es muy tentador.—Comenzó él y dio la vuelta.—Prefiero irme, hacer las cosas como Enrique dice.—Y se dio la vuelta.
—¿Siempre haces lo que Enrique dice?
Damián paró de caminar.
—¿Disculpa?—Miró de reojo.
—Siempre esperas lo que él dice, incluso sabiendo que está equivocado.
Damián se giró para encararlo, él no lo miraba solo estaba quitando una mota de polvo del hombro, luego alzo la mirada. Cansado. Se veía cansado y con ganas de irse.
—No sé que quieras lograr con esto, pero no va a funcionar.—Damián se dio cuenta que estaba frunciendo el ceño y comenzaba a doler.
—Claro.—Dijo y comenzó a avanzar hacia él.—Solo quiero que atrapemos a la chica… Y que hagas las cosas por ti mismo.—Le dio un toque con su dedo índice en su pecho.
Damián dio un paso hacia atrás y el lanzó una carcajada por lo bajo y se alejó.
Damián se giró para verlo, de pronto lo único que se escuchaba eran los pasos de él y su propia respiración.
No hacia todo lo que Enrique le dijera y el peso que sentía en su bolsillo donde estaba el boomerang lo comprobaba.
...…...
Damián llevaba más de quince minutos escuchando a Enrique dando soluciones, rodearla hasta que se cansara, buscar más refuerzos. Pero claro, no podían hacer nada de eso si las puertas seguían cerradas con tecnología que nadie sabía cómo funciona, por los momentos el tampoco porque no le habían permitido saber qué tipo de tecnología era.
—¿Qué dices Damián? —Medina lo sacó de sus pensamientos y Damián se sobresaltó.
—¿Crees que es posible?—Preguntó otro chico que no se había molestado en aprenderse su nombre.
Damián hubiera respondido algo, algo inteligente y estratégico si tan solo hubiera estado prestando atención a lo que estaban diciendo.
—Bueno yo…—Comenzó a improvisar cuando unos gritos lo interrumpieron. No eran gritos desesperados, eran de órdenes, botas moviéndose.
Enrique sacó su comunicador y preguntó que pasaba, vio como sus manos temblaron cuando la respuesta llegó.
—La chica acaba de salir salto de techo y ahora está corriendo por encima del edificio de al lado.
Todos se miraron con los ojos demasiado abiertos. Sin decir una palabra todos comenzaron a correr. Damián trataba de cargar con su laptop mientras corría, lo que le daba menos ventaja mientras los demás cargaban sus armas y se comunicaban.
Damián intentó correr más rápido.
—Yujuu.
El sonido juguetón hizo que se volteara. El hombre de antes, estaba parado en la puerta donde antes había un montón de sus colegas vigilando. Por no mirar al frente Damián se tropezó con sus propios pies. Maldijo, pero recupero el equilibrio, aunque perdió ventaja.
—¡Hey chico!—Gritó el hombre, y Damián se giró a verlo.
Estaba señalando hacia arriba.
Se le escapó el aire cuando se dio cuenta.
Había una gran ventana, no lograba alcanzar bien con claridad. Pero pudo distinguir esa forma de pararse y de moverse de cuando la vio en las cámaras, traía algo en las manos. Pensó que era un tubo envuelto en tela o algunas prendas. Miró de nuevo a Enrique.
—¡Medina!—Gritó Damián y comenzó a correr en su dirección, ya estaba demasiado lejos, cuando lo alcanzara ya se habría dado cuenta de que era una trampa.
Su cerebro trabajó más rápido y se devolvió hacia la puerta y dónde estaba el tipo con sonrisa sarcástica. Damián corrió lo más que pudo y cuando llegó ignoró la sonrisa del tipo y se sostuvo de la puerta para frenar un poco la velocidad y su otra mano sostenía su laptop aún.
—Te cuidaré desde aquí.—Dijo el pero Damián lo ignoro y pasó.
Corrió por el pasillo, había entrado por el despacho del lugar. Paredes marrones y desgastadas y un pasillo demasiado largo con varias puertas, miró a ambos lados, las puertas estaban abiertas y dentro pudo ver un montón de cajas con mercancía.
Logró llegar al final del pasillo y con manos temblorosas giró la perilla. Y entro a dónde sabía que ella estaría.
Entró y estaba todo totalmente oscuro, se asustó al ver un maniquí, solo se asustó por un segundo y frunció el ceño todo el lugar estaba invadido por una tensión desesperante. Se sintió como cuando era niño y escuchaba una historia de terror por la noche. Creyó que sería por comparar tanto a la chica con un ”fantasma”
—Bu.
Damián saltó al escuchar una voz melodiosa y mal intencionada en su oído.
Se giró alzando su laptop hacia arriba para defenderse. Cuando se giró algo, no supo bien que lo hizo detenerse, pero solo supo definirlo como algo sobrenatural.
Sus ojos habían sido sus ojos rojos lo que lo hizo frenar. Bajó un poco más a su sonrisa, sus dientes alineados y derechamente perfectos. Tenía una mano en su cadera y la cabeza inclinada hacia la derecha. Damián abrió la boca para decir algo, pero no le salieron las palabras. Ella al ver que se había quedado en blanco se cruzó de brazos y reemplazo su rostro relajado por un confundido.
—Creo que está es la parte cuando le golpeas con eso—Señaló la laptop que aún sostenía arriba.—Noquéame y me llevas a prisión ¿O no es así?
Damián bajó la laptop y la tomó de la muñeca de forma rápida y decidida, ella no se resistió y, en cambio, lo miró a los ojos.
—Vendrás conmigo.
—Contigo a donde quieras.—Ella dió un paso mas hacia el. Damián apretó su mandíbula y dio un paso hacia atrás. Y ella lanzó una risa que podría derretir a cualquiera.
Damián intentó arrastrarla, pero ella se resistió y tiró hacia ella, Damián la miró de vuelta y jaló de nuevo. Ella entornó sus ojos. Con su otro brazo lo colocó sobre el brazo de Damián y volvía a jalar.
—Ni lo intentes, tengo más fuerza.—Dijo Damián, era cierto, el la jalaba con un solo brazo mientras sostenía la laptop, ella jalaba con ambos brazos en su rostro se veía que estaba intentándolo con todas sus fuerzas.
—Y yo tengo planes.—Apuntó ella y con paso decidido le quitó la laptop de la mano.
El se quedó en blanco, había bajado la guardia y le había dado ventaja. Ella con la laptop pesada en sus manos la lanzó detrás de ellos. Damián vio la vida pasar frente a sus ojos, liberó del agarre a la ladrona para atrapar sus laptop. Corrió en cuestión de segundo y se lanzó al suelo para atraparla. Por unos milímetros y casi iba a impactar contra el suelo pero tuvo suerte y exhaló aire aliviado. Se levantó a tropezones de forma rápida y cuando volteó ella ya no estaba ahí.
—Buen intento.—Escuchó un grito burlón detrás de el.
Comenzó a correr en esa dirección a pesar de que no la había visto, cuando iba más adelante escucho como una perla rodaba y rebotaba en el piso.
«por ahí»
Siguió ignorando a la perla que rodaba y siguió su camino a atraparla. Cruzó el pasillo sosteniendo la pared para no caerse y entró a una pequeña cabina con cámaras.
—No.—Murmuró. Dió la vuelta para irse un giro rápido que fue interrumpido por una voz familiar.
—¡Por supuesto!—Exclamó y Damián se volteó dolorosamente lento casi de forma agresiva.—El semestre no se nos va a perder por un tonto examen.
No la vió a ella en el vídeo que se reproducía en las pantallas donde se suponía que debía verse lo que sea que las cámaras estuvieran viendo en el lugar, pero vio a varias chicas celebrando y vitoreando. Comenzó a adentrarse de nuevo con el entrecejo fruncido.
—Tienes que enseñarme esos trucos que tienes…—Comenzó una chica de cabello marrón. Una chica rubia que estaba frente a la cámara se apartó.
Damián sintió que sus piernas se aflojaban cuando vió a Erica sonriendo. Se llevó una mano a la cabeza.
—¿Cómo hiciste para convencer al tipo de ya sabes… hacer eso con el examen?—Pregunta la rubia.
—Oh, ya saben.—Erica se encogió de hombros.—Tengo mis trucos.
El vídeo se apagó en un segundo que fue como parpadear y en su lugar solo dejó unos glitches.
«¿Qué está pasando?»
La cámara se vuelve a encender y dió un salto hacia atrás al ver el rostro de ella. La razón por la que estaba ahí.
—¿Crees que la belleza lo es todo, Damián?—Pregunta demasiado lento, lo que lo hizo pensar por un momento que estaba soñando.
Unos nuevos glitches aparecen. Y la pantalla se apaga.
Vuelve a encenderse y está vez muestra las cámaras en el lugar. Miró a su alrededor en cada cámara comenzó a teclear, pero fue entonces cuando la vio, en la puerta principal.
Con una bolsa en su espalda miró directo a la camara y Damián sintió que sus ojos y los de ella se cruzaban y penetraban dentro de el.
Ella se llevó la muñeca a los labios y habló. Damián casi grita cuando escuchó su voz en la habitación.
—Gracias por dejarme salida libre.
Luego las cámaras se pusieron borrosas, después de un segundo volvieron a la normalidad y la chica de rojo ya no estaba.
—No.—Murmuró Damián y sintió como su rostro se comprimía. —No.—Hablómáss claro otra vez.—No, No, No.—Continuo está vez con más rabia.
Sacó su célular y comenzó a llamar por la linea policial a todos.
—¡Acaba de escapar! ¡Siempre estuvo aquí!
—¿Damián de que estás hablando?—Preguntó Enrique cuando al fin logro contactarlo.
—¡La ladrona de rojo!
—Pero si la acabamos de atrapar… está aquí.—Comenzó el hablándole con ¿Condescendencia?
—¡No!—Gritó Damián.—Ella estaba aquí la vi frente a frente yo…
—Damián.—Lo interrumpió Enrique.—Tú te quedaste atrás, y nosotros la atrapamos, incluso la chica está cooperando.
—No sabes solo que dices.
—¡Vega!—Vuelve a interrumpir con más fuerza.—Hablaremos después no sé a quien viste, pero no fue a la chica de rojo ¿Me entiendes?
Damián colgó y no pudo evitar lanzar su teléfono contra la pared.
¿Por qué le costaba tanto darle la razón? Si siempre tenía la razón.
Su pecho subía y bajaba por la respiración agitada. Se llevó ambas manos a las caderas y miró al suelo.
Trató de controlar su respiración hasta que pudo y suspiró al final. Su teléfono había caído debajo de la mesa donde estaba una de las computadoras que reflejaban el local.
Se puso de cuclillas para recoger lo que había quedado de su celular, por su cegada rabia fue descuidado y chocó su cabeza con la mesa.
«auch»
Fue cuando vió como algo caia justo a su lado. Algo brilloso de color rojo que no se había dado cuenta que estaba en la mesa. Lo tomó y luego a su teléfono, Pero se centró en lo que vio que en un pendrive, rojo en forma de labial…