Dos hermanas en sociedad, Solo una será la protagonista y la otra esposa del Cruel Villano
– No dejaré que se escape mi lindo Villanito -
Esta vez la historia seguiría el curso pero ya no será al antigua hermana de la protagonista quien lloraba y hará tímida, en ella hay alguien poderosa y más terrorífica que el mismo Villano
🔞 Algunas escenas son explícitas
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No cambiará
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La noche llegó; estaba muy a gusto leyendo, fascinada por cada libro mientras ponía a prueba algunos de los tantos poderes que describían. Escuché los cascos de los caballos acercarse: Cintia salía muy sonriente de los carruajes con filas de cajas, y sus amigas la seguían a la zaga.
– Señorita… La cena está lista.– Dice Emili detrás de la puerta.
Me levanté animada: no me perdería el espectáculo. Bajé despacio mientras ya se escuchaba el llanto de la supuesta víctima.
– Padre, eso no es cierto… Siempre pongo todo mi esfuerzo en los estudios; algunos temas son más difíciles.– Lloraba con las manos tapando el rostro.
Me senté en silencio y empecé a comer despacio. La cara de sus amigas reflejaba compasión; realmente creían en su actitud de indefensa.
– ¿Por qué está tan tranquila? No ayudará a su pobre hermana.–
– No soy su madre…– Contesté sonriendo.
– Hermana… Diles la verdad, sabes que nuestras clases son complicadas.–
Me limpié la boca con un pañuelo. – Lo son, pero si yo las entiendo, entonces tú también podrás; solo debes esforzarte más, hermana.–
Cintia sonrió a duras penas. – Pero si a ti también te cuestan mucho; sé que tienes malas notas.–
Su tono era inquietante; sus amigas me miraron rápidamente con aire burlón.
– Tu hermana es excelente en las clases… ¿Por qué dices eso?– Intervino el duque.
– Sí… ¿Por qué? Nunca he faltado y entrego a tiempo mis trabajos; entiendo a la perfección los temas de administración y contaduría.– Levanté una ceja como interrogando.
Las amigas la miraron desconcertadas; Cintia se quedó pálida ante tal aprieto.
– Hermana, no quise decir eso… Tú me dijiste que te iban mal, que era secreto. Yo solo repetía lo que me contaste.–
– Pues no te lo dije, y padre lo comprobó hoy.–
Sonreí burlona; no me dejaré pisotear por esa llorona fingida. Cintia quedó blanca como la nieve al mirar al duque, quien tenía la cara seria como una tumba.
– No difames a tu hermana. Hablé con los profesores hoy y es una vergüenza que tú, siendo la hermana menor pero próxima a debutar, tengas un nivel tan bajo en tus estudios… Un hombre nunca podría unirse a una mujer tan descuidada para liderar junto a ella.–
La expresión de Cintia era digna de un poema. Comía gustosamente mientras la miraba fija, aguantando la sonrisa: esta venganza me estaba resultando muy divertida.
– Después de tu debut, no faltarás más a tus clases. Me informarán de todos tus deberes.– Dijo con firmeza. – Señoritas, me disculpan, pero es hora de que se retiren.–
Las jóvenes asintieron, saliendo del lugar asustadas y con un gran chisme nuevo para sus reuniones de té. Sonreí al verlas susurrar mientras Cintia las miraba con terror: seguro se correría la voz a primera hora.
– También comenzarás clases de entrenamiento físico.–
– ¿Qué? Eso es cosa de hombres, qué horror.–
El duque golpeó la mesa con furia; yo lo tomé del brazo tratando de calmarlo: mi papel estaba en juego en cada instante.
– Padre, cálmese, no le hará bien la ira. No la obligue a algo que no desea.–
Cintia me miró con odio. – ¿No me digas que tú lo harás? ¿Qué dirá la gente de nosotras, hermana?– Preguntó con falsa preocupación.
– Tu hermana sí entrenará; sus motivos son muy válidos para el bienestar de la familia, y ella se preocupa por nuestro futuro… Si no quieres hacerlo, ¿tal vez clases de violín te interesen?–
– Disculpe, padre…– Dijo forzada al ver su rostro congestionado de enojo. – No…–
– ¿Piano?–
– No.–
– ¿Lectura de algún idioma extranjero…?–
– No, padre… Es demasiado cansado…–
– ¿Y qué harás entonces? Solo comprar y listo ¿Piensas solo en derrochar?– Dijo más furioso aún.
– Padre, calma. Ella aún no sabe lo que quiere; debes tener paciencia.–
Agregué como toda santa de bondadosa, aunque me alegrara que él supiera que ella compraba como si no hubiera mañana.
– Mi hermana tiene razón; aún no sé lo que quiero, padre, pero nunca gastaría sin pensar. A diferencia de ella, mis vestidos no son tantos.–
– Yo solo tengo cuatro, y muy económicos.–
– Ay, hermanita, qué graciosa…– Dice burlona y aparentemente tímida, sin creerme nada.
– Puede ir a verificarlos: vendí los que tenía para comprar libros y el violín.– Sonreí.
«Esa estúpida me está ganando terreno… ¿Quién demonios se cree que es para hablarme así? Y este tonto de padre le está creyendo todo.» Pensó Cintia apretando los dientes con fuerza.
– Suficiente de esto; no tengo tiempo para sus berrinches… Aylin, espero que sigas así.– Sonrió con orgullo. – Y tú… Espero que empieces a comportarte como corresponde, Cintia.– Le lanzó una mirada filosa antes de retirarse.
…
– Aylin… Veo que padre te pone toda su atención.– Sonríe burlona. – Pero no te emociones demasiado; seguro te olvidará mañana. Disfrútalo mientras dure.–
Dijo con tono amenazador antes de irse. Solo la miré mordiéndome los labios para no reír, mientras terminaba la cena. Me dirigí a mi habitación: seguiría ejecutando mi plan. No pienso interferir en la historia de Cintia y el príncipe Francisco… Claro que no.
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desollar es quitar la piel*
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