En la Casa Valemont, el amor es una debilidad y la sangre solo tiene valor mientras sea útil.
Seraphine Valemont, la hija menor de uno de los ducados más poderosos del reino, ha crecido rodeada de conspiraciones, rivalidades y silencios capaces de destruir familias enteras. Mientras sus hermanos luchan entre sí por poder y supervivencia bajo la mirada implacable de su padre, ella oculta un secreto que bastaría para condenarla a la hoguera: magia.
Pero sobrevivir en la nobleza exige algo peor que esconderse.
Exige aprender a manipular, mentir y convertirse en aquello que más detesta.
Mientras la aristocracia persigue brujas públicamente y las utiliza en secreto, Seraphine comenzará a construir una red clandestina de poder entre sombras, traiciones y pactos peligrosos.
Porque en la Casa Valemont, los monstruos no nacen.
Se crean.
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Cap 24. Las Cosas Que Se Rompen en Silencio.
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Cassian parecía furioso.
No era una ira explosiva como la de Alaric.
Era peor.
La expresión controlada de su hermano mayor apenas había cambiado, pero Seraphine alcanzó a notar la tensión peligrosa en su mandíbula y en la forma rígida en que mantenía las manos detrás de la espalda.
Eso significaba problemas.
Graves.
Kael apartó lentamente la copa de vino.
—Espero no estar siendo acusado de secuestrar a tu hermana.
Cassian ni siquiera lo miró.
Sus ojos permanecieron sobre Seraphine.
—Necesito hablar contigo.
La frase fue tranquila. Demasiado tranquila.
Seraphine sintió inmediatamente una presión incómoda en el pecho.
Cassian jamás buscaba conversaciones privadas sin motivo.
Y normalmente, cuando lo hacía, terminaban mal.
Ella sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.
—Entonces hablemos.
Kael observó el ambiente entre ambos.
La tensión era demasiado evidente incluso para alguien tan relajado como él.
—Bueno… creo que súbitamente recuerdo otro lugar donde debería estar.
Nadie respondió.
Kael soltó una pequeña exhalación resignada antes de retirarse hacia el interior.
Cuando quedaron solos, el silencio se volvió pesado.
La nieve seguía cayendo lentamente alrededor del balcón mientras el viento nocturno movía suavemente el cabello oscuro de Seraphine.
Cassian habló primero.
—¿Qué estás haciendo?
Ella frunció apenas el ceño.
—Necesitas ser más específico.
—No juegues conmigo ahora.
El tono fue bajo. Controlado.
Pero había agotamiento debajo.
Mucho agotamiento.
Seraphine cruzó lentamente los brazos.
—No entiendo de qué hablas.
Cassian soltó una risa breve y seca.
Sin humor.
—Claro que lo entiendes.
Eso hizo que una alarma inmediata se encendiera dentro de ella.
Mierda.
¿Sabía algo?
No. Imposible.
Nadie había descubierto el pasadizo. Nadie había visto su magia.
Entonces ¿qué?
Cassian dio un paso más cerca.
—Llevas días actuando extraño.
Seraphine mantuvo expresión neutral.
—Eso no es nuevo.
—No me refiero a eso.
Sus ojos grises permanecieron fijos sobre ella.
Analizando.
Por primera vez en mucho tiempo, Seraphine recordó algo importante:
Cassian también era inteligente.
Mucho.
Simplemente estaba demasiado agotado para demostrarlo constantemente.
Él habló otra vez.
—Estás distraída. —Desapareces constantemente. —Y cada vez que alguien menciona a la Iglesia o las brujas pareces tensarte.
El corazón le golpeó apenas más fuerte.
Controla la expresión.
Cassian observó el mínimo cambio en sus ojos.
Mierda.
—¿Qué sabes exactamente? —preguntó finalmente él.
La pregunta cayó como hielo.
Porque significaba que todavía no tenía respuestas.
Solo sospechas.
Eso le dio algo de margen.
Seraphine sostuvo su mirada sin moverse.
—Nada.
Cassian pareció debatirse internamente unos segundos.
Luego habló más bajo.
—Seraphine… si estás involucrada en algo peligroso, necesito saberlo antes de que padre lo descubra.
La frase la tomó ligeramente desprevenida.
No por amenaza.
Por preocupación.
Pequeña. Oculta.
Pero real.
Eso la descolocó más de lo que debería.
Porque los Valemont no sabían preocuparse correctamente.
Cassian cerró brevemente los ojos antes de continuar.
—La situación empeora cada semana. La Orden está investigando familias nobles. Padre está paranoico. Alaric disfruta demasiado el caos. Y tú… tú pareces estar esperando que algo horrible ocurra.
Porque ya estaba ocurriendo.
Solo que él no podía verlo todavía.
Seraphine apartó lentamente la mirada hacia el jardín nevado.
No podía decirle la verdad.
No todavía.
Quizá nunca.
—Estoy bien —respondió finalmente.
Cassian la observó unos segundos más.
Cansado.
Muy cansado.
—Aprendiste a mentir demasiado rápido.
Y luego simplemente se marchó.
Sin gritar. Sin amenazas.
Eso fue peor.
Mucho peor.
—
Seraphine no volvió inmediatamente al salón principal.
Permaneció sola en el balcón varios minutos más mientras la nieve continuaba cayendo lentamente sobre los jardines oscuros.
El pecho le dolía.
No físicamente.
Peor.
Cassian había estado genuinamente preocupado.
Y eso complicaba todo.
Porque era más fácil odiar monstruos simples.
Más fácil reducir a su familia a piezas frías y crueles.
Pero la realidad siempre era más incómoda.
Cassian no era bueno. Ninguno de ellos lo era.
Pero tampoco era completamente indiferente.
Y eso hacía que ocultarle cosas se sintiera… desagradable.
Seraphine cerró los ojos un instante.
Debilidad.
Eso era debilidad.
La culpa no cambiaba nada.
No podía confiar en nadie con algo así.
Ni siquiera en él.
Especialmente en él.
Porque si Cassian descubría la verdad completa, tendría que elegir entre protegerla o proteger el ducado.
Y Seraphine sabía perfectamente qué elección terminaría haciendo.
—
Cuando finalmente regresó al interior, el ambiente había cambiado ligeramente.
La mayoría de nobles jóvenes seguían conversando, pero los grupos se habían reducido y el tono era más relajado.
Más peligroso precisamente por eso.
La gente hablaba demasiado cuando creía estar cómoda.
Seraphine avanzó por el salón intentando ignorar las miradas ocasionales que seguía recibiendo.
Cabello negro. Ojos rojos. Hija Valemont.
Demasiado visible.
Evelyne estaba junto a una de las chimeneas conversando con Lady Vivienne y otras mujeres nobles.
Al verla acercarse, su hermana arqueó apenas una ceja.
—Cassian parecía encantador hace un momento.
—Está de mal humor.
—Eso no reduce mucho las posibilidades.
Seraphine tomó una copa de vino de una bandeja cercana.
Evelyne la observó un segundo más antes de hablar más bajo.
—¿Qué ocurrió?
—Nada importante.
Mentira.
Evelyne lo supo inmediatamente.
Pero antes de insistir, una nueva voz interrumpió.
—Lady Seraphine.
Madre Superiora Ardent se aproximaba lentamente.
Su vestido gris plateado se movía suavemente bajo la luz de las velas mientras varias personas apartaban discretamente el camino a su alrededor.
Autoridad silenciosa.
Peligrosa.
Seraphine inclinó apenas la cabeza.
—Madre Superiora.
La mujer sonrió con elegancia medida.
—Espero que estés disfrutando tu primera temporada social.
—“Disfrutar” quizá es una palabra optimista.
Eso provocó una pequeña risa en la mujer.
—Honesta. Interesante cualidad en alguien de tu familia.
Otra vez eso.
La sensación de que estaba siendo evaluada constantemente.
Madre Ardent observó brevemente el salón antes de continuar.
—Tu padre rara vez permite que sus hijos participen tan temprano en reuniones nobles.
—Padre prefiere controlar cuidadosamente lo que le pertenece.
La mujer sostuvo su mirada apenas un segundo más de lo normal.
Como si analizara esa respuesta.
—Y sin embargo aquí estás.
Seraphine no respondió.
Porque honestamente no sabía qué decir a eso.
Madre Ardent sonrió otra vez.
—Mañana organizaremos una pequeña cacería antes de que los invitados regresen a sus territorios. Espero que participes.
Evelyne intervino antes que Seraphine.
—Mi hermana monta muy bien.
—Entonces será interesante verla.
La mujer se retiró elegantemente entre la multitud después de eso.
Y Seraphine sintió inmediatamente incomodidad.
Evelyne la observó de reojo.
—Le agradaste.
—Eso no suena tranquilizador.
—Porque probablemente no lo es.
Perfecto.
—
Horas más tarde, finalmente pudo retirarse a las habitaciones asignadas para los invitados Valemont.
La residencia Ardent estaba silenciosa ahora.
Solo el sonido lejano del viento y algunos pasos ocasionales de sirvientes rompían la quietud nocturna.
Seraphine cerró la puerta de su habitación lentamente y apoyó la espalda contra ella.
Oscuridad parcial. Velas apagadas. Silencio.
Por fin.
Pero el alivio duró poco.
Porque apenas quedó sola, sintió nuevamente esa presión bajo la piel.
Las sombras.
Mierda.
Últimamente reaccionaban demasiado rápido.
Caminó hacia el espejo alto junto a la ventana y observó su reflejo.
Vestido negro. Cabello oscuro cayendo sobre sus hombros. Ojos rojos cansados.
Parecía tranquila.
Mentira absoluta.
Respira.
Intentó estabilizar lentamente las emociones.
Pero la conversación con Cassian seguía girando dentro de su cabeza.
¿Qué sospechaba exactamente?
¿Solo notaba que estaba actuando extraño?
¿O había visto algo más?
La ansiedad hizo que las sombras junto a las paredes se movieran apenas.
Seraphine lo vio inmediatamente.
No.
Control.
Cerró los ojos concentrándose.
La magia obedecía peor cuando perdía estabilidad emocional.
Lo sabía.
Y aun así cada día parecía más difícil mantenerla completamente quieta.
Entonces ocurrió algo extraño.
El cuarto se volvió más silencioso de golpe.
Demasiado silencioso.
Seraphine abrió los ojos lentamente.
La vela más cercana había proyectado una sombra larga sobre el suelo.
Y la sombra estaba creciendo.
No hacia afuera.
Hacia ella.
El corazón comenzó a golpearle más fuerte.
Mierda.
La oscuridad se extendió lentamente alrededor de sus pies como tinta derramada.
No agresiva.
Casi… expectante.
Seraphine respiró lentamente intentando no entrar en pánico.
No era la primera vez que pasaba.
Pero sí la más intensa.
La sombra continuó deslizándose por el suelo hasta tocar una silla cercana.
Y entonces la silla se movió apenas.
Solo unos centímetros.
Pero suficiente.
Seraphine sintió frío recorrerle la espalda.
Su control estaba aumentando.
Muchísimo.
Demasiado rápido.
Y eso no tenía sentido.
Ella apenas comenzaba realmente a practicar.
Entonces recordó algo de las cartas ocultas bajo el castillo.
“Las líneas antiguas despiertan antes bajo presión prolongada.”
Presión.
Miedo. Estrés. Peligro constante.
Mierda.
¿La situación actual estaba fortaleciendo su magia?
Eso sonaba terrible.
Porque significaba que mientras más inestable se volviera su vida…
Más difícil sería ocultar lo que era.
Entonces alguien golpeó la puerta.
Tres veces.
Seraphine reaccionó inmediatamente.
Las sombras retrocedieron violentamente hacia los rincones oscuros del cuarto.
Desapareciendo.
La respiración le tembló apenas.
—¿Lady Seraphine?
Aeron.
Mierda.
Miró rápidamente la habitación.
Todo parecía normal otra vez.
Gracias a los dioses.
O lo que fuera que controlaba esas cosas.
—¿Qué ocurre? —preguntó sin abrir todavía.
Silencio breve del otro lado.
—Quería devolverte esto.
Seraphine abrió apenas la puerta.
Aeron sostenía unos guantes negros.
Los suyos.
Probablemente olvidados antes en el salón.
Él levantó ligeramente la mirada hacia ella.
Y se detuvo.
Solo un segundo.
Pero Seraphine lo notó inmediatamente.
Porque Aeron estaba observando algo detrás de ella.
Mierda.
El corazón se le congeló.
¿Había visto las sombras?
¿La silla?
¿Algo?
Seraphine abrió apenas más la puerta bloqueando parcialmente el interior.
—Gracias.
Aeron permaneció quieto unos segundos.
Extrañamente serio.
—¿Interrumpo algo?
La pregunta fue tranquila.
Pero demasiado específica.
Seraphine sostuvo su mirada.
—No.
Silencio.
Largo.
Incómodo.
Y entonces Aeron habló lentamente.
—Juraría que escuché una voz cuando llegué.
La sangre se le heló.
Porque ella había estado sola.
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