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DE ENEMIGOS A ESPOSOS.... ¡Y AL BORDE DE LA LOCURA!

DE ENEMIGOS A ESPOSOS.... ¡Y AL BORDE DE LA LOCURA!

Status: Terminada
Genre:Comedia / CEO / Venganza / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Dos imperios rivales, un odio de décadas y un testamento que obliga al implacable CEO Alessandro Rovere a casarse con Giulia Moretti, la heredera de su familia enemiga. Lo que empieza como una venganza y un contrato, termina convirtiéndose en un caos lleno de tensión, risas y un amor que nadie esperaba… ¡al borde de la locura!

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 23: Preparativos para dos: Doble ilusión, doble alegría

La noticia de que llegarían dos bebés había transformado por completo la mansión Rovere-Moretti. Ya no había dudas, ni miedos, ni indecisiones; ahora solo reinaba la ilusión, la prisa y una alegría inmensa que se respiraba en cada rincón de la casa. Giulia, que antes tenía miedo de no poder con un solo bebé más, ahora irradiaba felicidad y seguridad, acariciando su vientre creciente con una sonrisa permanente, mientras Alessandro, que ya había sido un "Papázilla" con Leonardo, ahora se había convertido en un jefe de logística de nivel mundial, organizando todo al detalle para recibir a sus dos nuevos hijos.

Pero, sin duda, quien más feliz y orgulloso estaba era Leonardo. Para él, todo esto era una victoria personal, el resultado de su gran misión, y ahora se sentía el hermano mayor más importante del mundo, el protector, el guía y el encargado de enseñar todo a los dos pequeños que venían en camino.

Los primeros días después de la noticia fueron una locura de planes y listas interminables. Alessandro, con su mente analítica, había creado una hoja de cálculo gigante en su ordenador, donde todo estaba duplicado: dos cunas, dos colchones, dos juegos de sábanas, dos carritos, dos sillas para el coche, dos de todo.

—¡Amor, cálmate! —le decía Giulia, riendo mientras lo veía añadir cosas a la lista—. ¿De verdad necesitamos dos calientabiberones, dos esterilizadores y dos balanzas? ¿No podemos compartir algunas cosas?

Alessandro la miró con cara de horror, como si le hubiera propuesto una locura.

—¡Ni se te ocurra, Giulia! ¡Son dos personas distintas, dos vidas diferentes! ¡Todo debe estar preparado por separado para que nada falte, para que todo sea perfecto! ¡Es el doble de responsabilidad, así que debemos tener el doble de seguridad y el doble de todo!

Leonardo, que estaba sentado en la mesa junto a su padre, mirando la pantalla con mucha atención, asentía con la cabeza muy seria y señalaba la lista:

—¡PA-PÁ TIENE RA-ZÓN! ¡DOS DE TO-DO! ¡UNO PARA CADA UNO! ¡LEO SU-PER-VI-SAR!

Giulia negaba con la cabeza, divertida y enternecida. Tenía a los dos hombres de su vida totalmente de acuerdo, y contra eso no había nada que hacer. Además, le encantaba verlos tan ilusionados, trabajando codo con codo en la preparación de lo que sería la habitación de los bebés.

Y hablando de la habitación, esa fue la gran obra maestra. Decidieron que el antiguo cuarto de invitados, amplio y luminoso, sería el nuevo hogar de los gemelos. Y por supuesto, Leonardo fue nombrado director artístico y supervisor de obras, con Luca, Elena, Sofia y Matteo como ayudantes oficiales.

—Quiero que sea un lugar mágico —decía Giulia, imaginando el espacio—. Algo que sea dulce, alegre y muy acogedor.

—Y sobre todo seguro, amplio y funcional —añadía Alessandro, midiendo cada rincón con una cinta métrica gigante.

Pero Leonardo tenía sus propias ideas. Cuando empezaron a pintar las paredes, él entró en acción. Habían decidido un color suave, tono crema, muy elegante y sobrio. Pero Leonardo, que sabía muy bien lo que le gustaba a los niños, se plantó delante de todos, cruzó los brazos y negó con la cabeza con energía.

—¡NO! ¡MUY ABA-RRI-DO! —exclamó—. ¡QUIE-RO CO-LO-RES! ¡AZUL, AMA-RI-LLO, RO-SA! ¡MUCHO DI-VER-SIÓN! ¡LOS BE-BÉS QUIE-REN ALE-GRÍA!

Todos se miraron entre sí y se echaron a reír. Era imposible negarle nada, y además, tenía toda la razón. Una habitación de bebés debía ser llena de vida. Así que, siguiendo las indicaciones del pequeño director, las paredes se llenaron de colores suaves y bonitos, de dibujos de animales, de nubes, de estrellas y de pequeños soles.

Lo más divertido fue cuando llegó el momento de pintar. Alessandro se puso ropa vieja, se subió una escalera y empezó a pintar con mucho cuidado y precisión. Pero Leonardo no estaba dispuesto a quedarse al margen. Se puso su propio delantal diminuto, se puso al lado de su padre y cogió un rodillo pequeño.

—¡LEO AYU-DAR! —anunció con voz firme.

Y así, entre risas, manchas de pintura por todas partes y mucha diversión, pintaron la habitación. Al final, las paredes tenían algunas zonas un poco más gruesas que otras, algunas rayas que no estaban en el plano y hasta una pequeña huella de la mano de Leonardo en una esquina, que decidieron dejar ahí para siempre, como firma del hermano mayor que ayudó a construir su espacio.

—Queda perfecta —dijo Giulia, mirando el resultado con lágrimas en los ojos—. Es la habitación más bonita del mundo, porque tiene el amor de todos nosotros en cada pincelada.

Los amigos no se quedaron atrás en los preparativos. Luca y Elena se encargaron de buscar la mejor ropa, la más suave y cómoda, y por supuesto, todo venía por pares: conjuntos idénticos, mantas iguales, gorritos que parecían copias exactas unos de otros. Sofia, que tenía mucha mano para la costura, les estaba haciendo unas mantas especiales, con sus nombres bordados, aunque todavía no habían decidido cuáles serían. Matteo, por su parte, ya estaba planeando la sesión de fotos más increíble de la historia, esperando el momento del nacimiento para inmortalizar cada detalle.

Pero mientras todos trabajaban, Leonardo tenía una misión secreta y muy importante: prepararse él mismo para ser el mejor hermano mayor del mundo. Pasaba horas en su habitación, eligiendo sus mejores juguetes, los que más le gustaban, los más suaves, los más divertidos, para ir llevándolos poco a poco al cuarto de los bebés.

Un día, Giulia lo vio entrar cargando con su oso de peluche más grande y antiguo, ese que tenía desde que era bebé y que nunca soltaba para dormir. Lo llevó despacio, con mucho cuidado, y lo puso en una de las cunas que ya estaban instaladas. Lo arropó con una manta, le acarició la cabeza y le dijo muy bajito:

—Tú cuidas de ellos, ¿vale? Tú eres el mayor ahora, igual que yo. Les haces compañía, les das cariño y si lloran, tú les cuentas que yo vengo corriendo.

Giulia sintió que el corazón se le desbordaba de amor. Se acercó, lo abrazó fuerte y le dio mil besos.

—Eres el niño más bueno y más maravilloso del mundo, mi amor. Tus hermanitos van a tener mucha suerte de tenerte.

Leonardo la miró, muy serio, y le puso la mano pequeña sobre su barriga, donde los dos pequeños ya crecían con fuerza.

—Yo los quiero mucho, mamá. Y voy a enseñarles todo. A correr, a jugar, a hacer travesuras… ¡todo lo que sé!

Giulia se rió, aunque también pensó un poco en las consecuencias. “Con uno ya teníamos suficiente lío, ahora con tres… la casa va a volar”, pensó con una sonrisa. Pero no le importaba nada. Sabía que sería maravilloso.

Con el paso de las semanas, la barriga de Giulia creció mucho y muy rápido. Al ser dos bebés, el embarazo era un poco más exigente, y ella se cansaba más pronto, tenía que ir más a revisiones médicas y debía cuidarse mucho. Pero Alessandro estaba siempre a su lado, atento a cada detalle, no dejaba que hiciera ningún esfuerzo y la trataba como a una reina, tal como le habían prometido.

Leonardo también se había convertido en su guardaespaldas personal. Nadie podía acercarse a su mamá si él no daba permiso. Si ella estaba de pie, él le decía:

—¡MA-MÁ SEN-TAR! ¡DES-CAN-SAR!

Si alguien le ofrecía cargar algo, Leonardo corría a quitarlo:

—¡NO! ¡PESADO! ¡MA-MÁ NO CAR-GAR! ¡YO CUIDO!

Incluso por las noches, cuando Giulia se despertaba porque le costaba encontrar una posición cómoda para dormir, Leonardo, que tenía un sueño muy ligero, se despertaba también, se acercaba, le daba la mano y se quedaba ahí, despierto con ella, haciéndole compañía hasta que volvía a dormirse.

Una tarde, mientras todos estaban reunidos en el salón, Alessandro trajo una caja llena de libros con nombres de bebés. Era hora de decidir cómo se llamarían los dos nuevos miembros de la familia.

—Me gustan nombres clásicos, fuertes, con historia —empezó Alessandro.

—Pero también bonitos, dulces y modernos —añadió Giulia.

Leonardo, que estaba sentado en el medio con un libro abierto, levantó la mano para pedir la palabra, tal como había aprendido en las reuniones de la empresa. Todos guardaron silencio para escuchar su propuesta.

—¡LEO DE-CI-DE! —anunció con mucha autoridad—. ¡SI SON NI-ÑOS: MAR-CO Y DA-NIEL! ¡SI SON NI-ÑAS: SO-FÍA Y LUI-SA! ¡ASÍ ME GUS-TAN! ¡IGUALES, BONI-TOS!

Todos se quedaron sorprendidos. No solo porque había elegido nombres muy bonitos, sino porque, casualmente, Sofía era el nombre de su amiga, y Marco y Daniel eran nombres que a ellos también les encantaban.

—¡Vaya! —dijo Luca—. ¡El niño tiene un gusto exquisito!

Lo hablaron un poco más, buscaron otros nombres, pero al final, todos coincidieron en que los que había elegido Leonardo eran perfectos. Decidieron que, si eran dos niños, serían Marco y Daniel. Si eran dos niñas, Sofía y Luisa. Y si venía uno de cada, se quedarían con los dos primeros que más les gustaran. Pero lo que estaba claro es que Leonardo había tenido la última palabra, como siempre.

Esa noche, ya tarde, cuando todo estaba más tranquilo, Alessandro y Giulia se sentaron en el borde de la cama de Leonardo, que ya se estaba quedando dormido, cansado de un día entero de preparativos y de ser el jefe de todo. Le acariciaron el pelo con mucho cariño.

—¿Estás contento, mi amor? —le preguntó su papá en voz baja.

Leonardo abrió un poquito los ojos, sonrió y asintió con la cabeza.

—Muy contento. Ya falta poquito. Y cuando vengan, vamos a ser los mejores del mundo. Yo les enseñaré todo lo que sé. Y papá y mamá nos querrán mucho a todos.

Alessandro se le llenaron los ojos de lágrimas de emoción y orgullo.

—Sí, hijo. Los queremos mucho a todos, incluso antes de que lleguen. Y todo esto, todo esto que está pasando, es gracias a ti. Porque tú pediste, porque tú quisiste, porque tú nos diste la ilusión. Gracias, Leonardo. Gracias por hacernos la familia más feliz del mundo.

Al salir de la habitación, Alessandro y Giulia se quedaron un momento mirando hacia el cuarto de al lado, donde ya todo estaba listo, bonito, lleno de amor, esperando solo la llegada de los dos pequeños milagros. Todo estaba duplicado: cunas, ropa, juguetes, amor, ilusión. Todo estaba perfecto.

—¿Te das cuenta? —dijo Giulia, apoyando la cabeza en el hombro de su esposo—. Hace unos meses yo tenía miedo, yo dudaba, yo pensaba que no podríamos… y mira ahora. Tenemos todo el doble de lo que soñábamos. Y todo es tan bonito, tan mágico.

—La vida es sabia —respondió Alessandro, abrazándola fuerte—. Y nuestro hijo es un pequeño genio que sabe lo que nos hace falta. Nos ha enseñado que el amor no se divide, se multiplica. Y ahora, con dos nuevos amores, nuestra vida va a ser todavía más maravillosa.

Faltaban ya pocas semanas para el gran momento. La cuenta regresiva había empezado. La casa estaba lista, los corazones estaban llenos, Leonardo estaba preparado como el mejor hermano mayor del universo, y todos esperaban con una impaciencia llena de alegría el día en que por fin podrían tener en sus brazos a Marco y Daniel, o a Sofía y Luisa, o a quien fuera que el destino les enviara. Lo que estaba claro es que, vinieran como vinieran, serían recibidos con el doble de amor, el doble de cuidado y el doble de cariño.

Y todo gracias a la terquedad dulce, la intuición increíble y el amor inmenso de un niño que, con apenas un año de edad, ya había cambiado la historia de su familia para siempre.

 

💌 Palabras de la autora

¡Qué capítulo tan lleno de dulzura, preparativos y mucha emoción! 🥹 Me encanta ver cómo Leonardo organiza todo, da sus opiniones y se prepara con tanta ilusión para ser el hermano mayor perfecto. ¡Y pensar que ya falta poquito para que lleguen los gemelos! 🥰

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Cinzia Cantú
No entiendo porque no comentan, es una historia fascinante y amena. Vamos lectoras a opinar que eso vale la pena e impulsa a la escritora a regalarnos más capítulos y otras historias muy entretenida. Historias que sanan el corazón
Cinzia Cantú
En verdad un descubrimiento muy especial
Cinzia Cantú
Un descubrimiento que agregó más historias y suspenso
Cinzia Cantú
El jardín secreto es el broche de oro para la familia y creo que los va a ayudar a descubrir más tesoros
Cinzia Cantú
Un capítulo muy especial que conecta el presente con el pasado e invita a conocer la historia de sus antepasados
Cinzia Cantú
Este capítulo despierta la curiosidad de todas aquellas personas que lo han leído y las invita a explorar junto a los torbellinos
Cinzia Cantú
Esta familia es un ejemplo a seguir a pesar de su caos
Cinzia Cantú
Leonardo es un verdadero líder y sabe muy bien lo que quiere y como compartir con sus hermanos. Los imagino como adultos trabajando juntos
Cinzia Cantú
Leonardo es muy especial como hijo y como hermano mayor y entre los tres alegran a la familia con sus logros y sus travesuras capitaneadas por el gran hermano mayor
Cinzia Cantú
Es realmente una bendición por partida doble
Cinzia Cantú
Qué hermoso que se preparen así para recibir a los bebés, todos ellos incluyendo a los amigos y el hermano mayor se preocupa de que su mamá no se exceda en las tareas
Cinzia Cantú
Dicen que lis niños lo saben, lo presienten
Cinzia Cantú
Qué sensibilidad, qué amor y cuánta dulzura, escritora te superaste con este capírulo
Cinzia Cantú
Qué hermosa confabulación y hasta el universo estuvo de acuerdo y pronto tendrán noticias. Espero que el papá no sufra como el embarazo pasado
Cinzia Cantú
Te felicito escritora, este capítulo es fenomenal y muy divertido, la forma en que un niño puede ver el mundo de los adultos
Cinzia Cantú
Qué hermosa familia y todo lo que enseña ! La verdadera felicidad de la vida
Cinzia Cantú
En esa fiesta de cumpleaños yodos se divirtieron y la pasaron genial. Va a quedar en la historia de todos los que asistieron
Cinzia Cantú
Una familia con mucho amor, comprensión y ganas de crecer juntos
Cinzia Cantú
Es verdad que el amor encuentra siempre su camino
Cinzia Cantú
Pobre bebé con semejante padre
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