Después de seis meses trabajando en la empresa del patriarca de una poderosa familia, Carmen Lobos decide llevar a su hijo a sus primeras vacaciones… hasta que una tragedia lo deja gravemente enfermo. Apenas una semana antes ella descubrió que su nuevo jefe será Federico, uno de los nietos de su jefe, pero un escándalo sacude la empresa y lo aparta del puesto.
El lunes vuelve al trabajo y se encuentra con que su nuevo jefe es Santiago Calderón: arrogante, clasista, prepotente y mujeriego. Desde el primer momento, se detestan.
Cuando Santiago la despide de manera injustificada, la ira y el deseo de venganza llevan a Carmen a cometer una imprudencia que cambiará sus vidas: un matrimonio por contrato donde ella asegura el tratamiento de su hijo y él protege a la empresa que tanto desea.
Pero nada será sencillo. Tras la boda, el patriarca impone una estricta condición que sacude sus vidas.
Los acuerdos pueden tener letra chica, pero muchas veces se firman en una cama grande.
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UNA SOLUCIÓN Y UNA LECCIÓN
NARRADOR
Las hermanas Lobos siempre tuvieron un carácter de temer, necedad y también determinación. Aunque Carmen era mucho más precavida y controlada que Virginia, su hermana menor.
Para que a Virginia no le ocurriera lo mismo que a ella, Carmen le había recomendado tomar precauciones cuando quisiera iniciar su vida sexual y por eso, la menor había ido al ginecólogo para comenzar a tomar píldoras para estar preparada cuando el momento llegara.
Virginia actualmente tomaba un curso de peluquería y solía tomar pequeños trabajos para comprar los elementos que necesitaba.
Debido a la enfermedad de su sobrino, Virginia lo había cuidado cuando su hermana así lo requería sin poner peros.
Teniendo casi sus veinte años y después de haber tenido una relación con quién no pudo llegar a mayores, ella seguía tomando sus píldoras que le ayudaban a regularizar su período. Tras ese fracaso, ella había comenzado a salir con alguien que le prometía el cielo y también las estrellas mientras le juraba amor eterno.
Carmen, había descubierto esa relación secreta que no le agradó en absoluto. Su cuñado era un estúpido que había jugado con varias chicas y no quería que Virginia fuera una nueva víctima.
Cuando la menor de las hermanas inició su vida sexual con su nuevo novio no sintió el gran placer que había escuchado que podría sentir y creyó que eso llegaría con el tiempo.
La enfermedad de su sobrino había logrado un distanciamiento significativo con su novio. Ella no le puso mayor importancia porque la salud de Agustín era lo más importante.
Estar en casa de Román y saber que Agustín estaba mejor hizo que Virginia tomara una arriesgada decisión mientras todos dormían. Ella cambió su ropa y salió a hurtadillas para ver a su novio.
Federico había escuchado que Virginia salía. La había visto, pero no le dijo nada para detenerla. Ella no era su problema y aunque era joven, ya era adulta.
Virginia llegó a una discoteca donde le dijeron que su novio estaba. Al verla, él se sintió un poco incómodo. Esa noche, él estaba con alguien más.
El muchacho le había pedido a Virginia que le guarde sus cigarrillos, sin decirle que dentro de esa cajetilla no solamente había tabaco, sino también marihuana.
Virginia fue al baño y al salir notó que su novio se iba de la discoteca con alguien más y lo siguió. Al verlo besarse con otra mujer, ella reaccionó con violencia. Le gritó hasta de lo que él se moriría, un sinfín de insultos y además lo golpeó. La mujer quiso defenderlo y eso ocasionó un conflicto aún más grande.
La policía llegó, los tres jóvenes fueron detenidos y llevados a la estación más cercana.
Cuando registraron las pertenencias de la menor de las Lobos encontraron marihuana y allí ocurrió el problema mayor cuando llamaron a su padre para que fuera a recogerla.
Román se levantó usando su pijama de seda de color azul al escuchar que algunas personas hablaban.
-¿Qué es todo esto? Será posible que no pueda dormir- Se quejó
-Lo siento. Virginia tiene un problema y le estaba pidiendo a su nieto si puede llevarme a la comisaría- Dijo apenado el padre de las hermanas aún en pijama
La imagen para Román parecía un poco graciosa. El hombre estaba usando un short a cuadros azules y rojos junto a una camiseta sin mangas blanca, sus calcetines algunos centímetros más abajo de las rodillas y unas pantuflas marrones.
-Federico, encárgate tu de lo referente a Virginia. Tu deberías ponerte ropa. Deja todo en manos de mí nieto, después de todo ya somos familia- Román mandó a su nieto que no comprendía nada
-¿Yo?
-Estás vestido y bien despierto. ¿Qué esperas?- Román lo apuró y Federico salió sin necesitar que se lo diga dos veces
Al llegar a la comisaría, Federico rápidamente vio a esa chiquilla revoltosa que estaba acusada de agresión y también por posesión de sustancias.
Él debió pagar una pequeña fianza y resolvió toda la situación conversando con tranquilidad con los oficiales.
Virginia subió al automóvil demasiado molesta.
-Infiel, cabrón, maldito engendro. Me acusaron por su marihuana, ni pude probarla- Federico se detuvo de inmediato
-¿Acaso quieres más problemas? ¿Estás loca?- Ella se miró las uñas
-No eres nada mío. No tengo por qué escucharte- Habló indiferente
-Niña tu no conoces a mí abuelo. No tientes a tu suerte. ¿No sabes que él podría venderle un peina a un calvo?- Ella se rió
-¿Y eso que tiene que ver conmigo? Es tu abuelo, no el mío- Federico puso en marcha su automóvil creyendo que su abuelo algo haría para solucionar aquel problema de conducta
-No digas que no te lo avisé. Se tan buena actriz como tu hermana y finge lamentarlo profundamente. Mientras más llores, mejor para ti- Recomendó con conocimiento
Al llegar a la vivienda, los dos hombres mayores los estaban esperando.
Virginia casi fue abofeteada por su padre luego de saber las causas de su detención, pero Román lo detuvo poniendo su bastón delante.
-En esta casa no se maltrata a una mujer por más que su comportamiento no sea aprobado- Advirtió
-No volverás a salir. Cuando me dijeron que estabas de novia con ese... no lo creí. Te consideraba más inteligente- Le impuso un castigo
-Me gustaría hablar contigo en privado. A esta edad si pones un castigo así no surtirá efecto. Cuando duermas saldrá por la ventana- Federico miró hacia otro lado captando la indirecta
Los dos hombres fueron al despacho donde Román tuvo una idea.
-Ahora que Carmen está casada con mí nieto, podremos ocuparnos del cuidado de Agustín para que no dependan de Virginia. Mí nieto aún necesita un escarmiento y creo que enviar a tu hija junto con él a la hacienda será acertado. Ella tendrá un sueldo y tu estarás tranquilo de que no esté en malos pasos- Sugirió
-¿Usted cree que ella acepte? ¿No cree que enloquecerá a su nieto?- Román se rió aprobando la sinceridad
-Es la idea. Que mí nieto aprenda a convivir con alguien que no pueda intimidar me resulta interesante. Santiago y Federico son buenos hombres, pero quieren tener todo servido con un chasquido de dedos. No estaría mal que aprendan lo que significa la paciencia
-Admito que me resultaría tranquilizador alejar a Virginia de los problemas- Dijo evaluando la propuesta
Román quería que sus nietos aprendan nuevas responsabilidades y a relacionarse con los demás sin que los vean como empleados. Virginia entraba justo en una de las lecciones que Federico debía aprender. Carmen por su parte, parecía ser la mujer ideal para Santiago y su pésimo temperamento.