Mía una de 19 años es obligada a casarse con un mafioso por culpa de su hermana gemela ella está pagando
su hermana era una drogadicta siempre estaba en problemas mano a la mujer de un mafioso y el por venganza decide casarse con ella para hacerla pagar todos los días por haber arrebatado al amor de su vida
sus padres por proteger a su princesa entregaron a mía una hija que ellos cautiva
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 24
El aire en la casa de Mía era pesado… distinto.
No era miedo exactamente…
Era algo más profundo.
Decisión.
Mía estaba sentada frente a su abuela, Mercedes, con las manos entrelazadas. Sus dedos se movían nerviosos, como si no pudieran quedarse quietos ni un segundo.
Mercedes la observaba en silencio.
—¿Ya lo pensaste bien? —preguntó con calma.
Mía levantó la mirada.
—Sí, abuela… ya lo decidí.
Un silencio breve llenó la habitación.
—Voy a volver.
Mercedes no se sorprendió.
En el fondo… lo sabía.
—Pero no vuelvo por ellos —aclaró Mía rápidamente—. Vuelvo por nosotras… por estar más seguras.
Mercedes asintió lentamente.
—Aquí ya no es seguro, ¿verdad?
Mía negó con la cabeza.
—No… Joseph sabe moverse aquí… y Renzo también… y si ellos vuelven a cruzarse…
Su voz se quebró apenas.
—Yo no quiero volver a pasar por eso.
Mercedes tomó su mano.
—Entonces volvemos… pero con tus condiciones.
Mía apretó los labios.
—Sí… con MIS condiciones.
Horas después…
Hanna estaba afuera de la casa, apoyada contra su auto.
No había tocado la puerta.
Esperaba.
Sabía que esta vez… la decisión no era fácil.
Cuando la puerta se abrió, levantó la mirada.
Mía salió.
Ambas se miraron en silencio.
Tensión.
Historia.
Culpa.
Todo mezclado en un solo segundo.
—¿Vas a decir algo o me vas a seguir mirando así? —dijo Mía finalmente, cruzándose de brazos.
Hanna soltó una leve sonrisa.
—Eso depende… ¿tomaste una decisión?
Mía respiró hondo.
—Sí.
Hanna se puso seria.
—Te escucho.
Mía la miró directo a los ojos.
—Voy a volver.
Hanna no dijo nada, pero por dentro… sintió alivio.
—Pero… —continuó Mía— hay condiciones.
—Lo imaginé.
—No quiero ver a Renzo.
Silencio.
Hanna frunció apenas el ceño.
—Mía…
—No terminé —la cortó—. No quiero vivir con él. No quiero que se acerque. No quiero que me controle.
Hanna bajó la mirada un segundo.
—Eso no va a ser fácil.
—No me importa —respondió firme—. O es así… o no voy.
Hanna volvió a mirarla.
Y esta vez… no discutió.
Porque sabía… que Mía estaba en su límite.
—¿Algo más?
—Sí.
Mía tragó saliva.
—Quiero volver a mi casa… con mi abuela. Donde vivíamos antes.
Hanna asintió lentamente.
—Eso sí se puede.
—Y nadie… —remarcó Mía— NADIE… se acerca a nosotras sin mi permiso.
Silencio.
Hanna la observó con atención.
Había cambiado.
Ya no era la misma chica asustada.
Ahora… había firmeza en su mirada.
—Está bien —dijo finalmente—. Voy a hablar con Renzo.
Mía soltó una risa irónica.
—Suerte con eso.
Hanna también sonrió… pero su mirada se volvió más seria.
—La voy a necesitar.
En la casa de Renzo
El ambiente estaba tenso.
Renzo estaba de pie, de espaldas, mirando por la ventana.
Milo estaba cerca, en silencio.
Cuando Hanna entró, ambos la miraron.
—¿Y? —preguntó Renzo sin girarse del todo—. ¿Qué dijo?
Hanna caminó despacio.
—Va a volver.
Silencio.
Renzo cerró los ojos un segundo.
Alivio.
Pero duró poco.
—¿Condiciones? —preguntó.
Hanna lo miró fijo.
—Sí.
Renzo se giró completamente.
—Habla.
—No quiere verte.
El ambiente cambió de inmediato.
—¿Qué? —su voz se volvió dura.
—No quiere vivir contigo. No quiere que te acerques. No quiere que la controles.
Renzo soltó una risa seca.
—¿Y qué más? ¿También quiere que desaparezca?
Hanna no respondió.
Eso ya decía bastante.
Renzo pasó una mano por su cabello, molesto.
—Es mi esposa.
—También es una persona —respondió Hanna firme—. Y la perdiste.
Silencio.
—Si querés que vuelva… —continuó— tenés que aceptar esto.
Renzo la miró fijamente.
—¿Y vos esperás que acepte eso como si nada?
—No —dijo Hanna—. Espero que lo hagas porque no te queda otra.
Golpe bajo.
Renzo apretó la mandíbula.
—¿Dónde quiere ir?
—A su antigua casa… con Mercedes.
Renzo pensó unos segundos.
—Ahí puedo protegerla mejor…
Murmuró más para sí mismo que para los demás.
—Acá en Colombia… no tengo control.
Milo intervino por primera vez.
—Es lo más seguro, señor.
Renzo lo miró.
—¿Y Joseph?
Milo negó con la cabeza.
—Sigue sin aparecer. No hay rastro. Es como si hubiera desaparecido.
Renzo frunció el ceño.
—Ese tipo no desaparece… espera.
Silencio.
—Siempre está un paso adelante —agregó Hanna en voz baja.
Preparativos
Todo se movió rápido.
Demasiado rápido.
Maletas.
Documentos.
Seguridad.
Todo listo para salir de Colombia lo antes posible.
—No quiero quedarme un día más acá —dijo Hanna mientras revisaba su teléfono.
Renzo asintió.
—Yo tampoco.
Milo seguía trabajando en la computadora.
—¿Alguna novedad? —preguntó Hanna.
—Nada —respondió—. Ni de Joseph… ni de los que te atacaron.
Hanna se quedó en silencio.
Eso era lo que más le molestaba.
No saber.
No tener control.
—No me gusta esto —murmuró.
Renzo la miró.
—A mí tampoco.
En casa de Mía
Mía preparaba sus cosas.
No eran muchas.
Pero cada una tenía peso.
Historia.
Recuerdos.
Mercedes doblaba ropa con calma.
—¿Estás segura? —preguntó otra vez.
Mía asintió.
—Sí… no quiero seguir huyendo.
—Pero tampoco querés volver con él.
—No.
Silencio.
—Entonces estás en el medio, hija.
Mía sonrió apenas.
—Sí… en el medio.
Cerró la mochila.
Respiró profundo.
—Pero esta vez… elijo yo.
De regreso con Hanna
Hanna estaba sola en su habitación por primera vez en todo el día.
Cerró la puerta.
Apoyó la espalda contra ella.
Y por unos segundos… dejó de ser fuerte.
Cerró los ojos.
Respiró hondo.
Su mente volvió atrás…
Pero se detuvo.
No.
Todavía no.
Aún no era momento de sacar todo eso a la luz.
Pero algo estaba claro…
Esto no era solo por Mía.
Había algo más.
Algo que venía acercándose.
Algo que todavía nadie entendía.
Y que pronto…
iba a explotar.
Última escena
Renzo estaba afuera, mirando el cielo oscuro.
Milo se acercó.
—Todo listo.
Renzo asintió.
—Nos vamos.
Miró hacia adelante.
Pensativo.
—Esta vez… no la voy a perder.
Pero no sabía…
que no era el único que se movía en las sombras.
Y que mientras ellos se preparaban para regresar…
alguien más…
ya los estaba esperando.