“Mi amor: El guachimán” es una historia de amor intensa entre un humilde guachimán (guardia de seguridad) y una joven millonaria que vive rodeada de lujos pero se siente vacía y sola.
A pesar de venir de mundos totalmente distintos, ambos se enamoran profundamente. Sin embargo, la madre de la chica se opone a la relación y hace todo lo posible para separarlos, creyendo que él no es digno de su hija.
Con el tiempo, el amor entre ellos se vuelve más fuerte y deciden luchar por estar juntos. Cuando finalmente llega el día de su boda, todo cambia drásticamente: ocurre un ataque inesperado y la chica termina herida al protegerlo a él, lo que provoca que pierda la memoria.
Desde ese momento, ella ya no lo recuerda. Él, roto por el dolor pero lleno de amor, hace todo lo posible por ayudarla a recuperar sus recuerdos y volver a enamorarla, demostrando que su amor puede resistir incluso la tragedia y el olvido.
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Capítulo 23: Vallenatos y lágrimas
Después de la pelea con Sabrina terminé de comer casi obligado.
Ni siquiera sentía hambre ya.
Mi mamá trataba de hablarme pero yo apenas respondía.
Tenía un nudo horrible en la garganta.
Porque aunque me había dado rabia que Sabrina me gritara así…
también sabía que la había lastimado.
Y peor aún:
sentía miedo.
Miedo de que esa pelea dañara lo que teníamos.
Así que apenas terminé de comer agarré el teléfono y me fui pa’ mi cuarto.
Cerré la puerta despacio.
Me tiré en la cama mirando el techo mientras sentía la cabeza pesada.
Agarré el celular otra vez.
La llamé.
Una vez.
Nada.
Otra vez.
Nada.
La tercera llamada la rechazó.
Yo suspiré sintiendo feo.
—Ay morenita…
Me tapé la cara con las manos.
Y no pude evitarlo.
Empecé a llorar.
No así escandaloso.
Pero sí de esa forma silenciosa donde el pecho duele horrible.
Porque cuando uno ama de verdad…
cualquier problema duele el doble.
Agarré el parlante pequeño que tenía al lado de la cama y puse vallenatos.
Pero no cualquier vallenato.
Vallenato cortavenas.
De esos que parecen escritos pa’ hombres despechados.
Y mientras sonaba la música yo seguía mirando el chat de Sabrina esperando que apareciera “en línea”.
Pero nada.
Así que respiré profundo y le escribí.
Ángel 💬:
Morenita mi amor perdóname… estaba demasiado cansado.
Esperé.
Nada.
Le escribí otra vez.
Ángel 💬:
Perdóname mi reina.
Y apenas vio el mensaje…
me dejó en visto.
No respondió.
Yo sentí el corazón apretado.
—Nojoda…
Seguí acostado escuchando música mientras veía la conversación.
Y aunque sabía que estaba brava…
yo no podía quedarme quieto.
Así que seguí insistiendo.
Ángel 💬:
No quería preocuparte.
Visto.
Nada más.
Yo me levanté frustrado caminando por el cuarto.
Volví a llamarla.
Rechazada.
—Ay Dios mío.
Me tiré otra vez en la cama.
Después de unos minutos finalmente ella escribió.
Sabrina 💜:
Ah ya apareciste.
Yo respondí rápido.
Ángel 💬:
Sí mi amor.
Ella demoró un poco.
Sabrina 💜:
No me diga mi amor.
Eso me dolió feísimo.
Literal sentí el pecho hundirse.
Ángel 💬:
No sea así conmigo.
Ella respondió fría.
Sabrina 💜:
¿Así cómo?
Yo suspiré.
Ángel 💬:
Usted sabe.
Ella duró unos segundos escribiendo.
Sabrina 💜:
No, Ángel. Porque anoche estaba preocupada y tú desaparecido.
Yo me pasé la mano por la cara.
Ángel 💬:
Te juro que no fue intencional.
Ella dejó el mensaje en visto otra vez.
Y ahí empecé a desesperarme.
Le mandé un audio.
—Morenita… de verdad perdóname. Venía cansadísimo, amor. Me acosté un momentico y me quedé dormido sin darme cuenta. No quería hacerte sentir mal.
Pasaron como tres minutos eternos hasta que respondió con otro audio.
Y todavía se escuchaba brava.
—Pues me hiciste sentir horrible, Ángel. Yo pensé que te había pasado algo.
Escuchar la voz quebradita me hizo sentir peor.
Así que respondí enseguida.
—Lo sé… y tienes razón en molestarte. Pero tampoco quería que peleáramos así.
Ella no respondió de inmediato.
Yo seguía llorando bajito mientras el vallenato sonaba de fondo.
Después mandó otro mensaje.
Sabrina 💜:
¿Estás escuchando música triste?
Yo me reí un poquito entre lágrimas.
Ángel 💬:
Sí.
Sabrina 💜:
Ridículo.
Yo sonreí apenas.
Aunque seguía sintiendo feo.
Ángel 💬:
Estoy despechado.
Ella dejó un rato el mensaje sin responder.
Y después puso:
Sabrina 💜:
No exageres.
Ángel 💬:
¿Cómo no voy a estar así si estás brava conmigo?
Ella volvió a demorarse.
Yo sabía perfectamente que estaba haciéndose la difícil.
Y eso me estaba matando.
Ángel 💬:
Háblame bonito otra vez.
Visto.
Nada.
Ángel 💬:
Por favor.
Finalmente respondió.
Sabrina 💜:
Estoy pensando.
Yo casi me vuelvo loco.
Ángel 💬:
¿Pensando qué?
Sabrina 💜:
Si perdonarte.
Yo negué riéndome un poquito.
Ahí estaba ella.
Haciéndose la complicada.
Ángel 💬:
Ay no sea cruel conmigo.
Sabrina 💜:
¿Cruel? Cruel fue dejarme toda la noche preocupada.
Yo suspiré.
Ángel 💬:
Lo sé.
Ella respondió rápido.
Sabrina 💜:
¿Y qué harás para que te perdone?
Yo levanté una ceja.
Ahí entendí que ya estaba bajando la guardia.
Así que seguí el juego.
Ángel 💬:
Lo que usted quiera, morenita.
Ella mandó un emoji pensativo.
Sabrina 💜:
¿Lo que yo quiera?
Ángel 💬:
Sí.
Sabrina 💜:
Bueno entonces quiero una salida, flores y comida.
Yo solté una carcajada.
—Nojoda.
Le escribí rápido.
Ángel 💬:
Usted sí aprovecha.
Ella respondió enseguida.
Sabrina 💜:
Obvio.
Yo sonreí por primera vez desde la pelea.
Porque ya no estaba tan fría.
Así que aproveché.
Ángel 💬:
Entonces… ¿ya no estás tan brava?
Ella demoró unos segundos.
Sabrina 💜:
Poquito.
Yo sonreí como bobo.
Ángel 💬:
Te amo.
Ella dejó el mensaje en visto otra vez.
Y yo me desesperé.
—Ay nojoda.
Pero después de casi dos minutos respondió finalmente.
Sabrina 💜:
Yo también te amo… pero no vuelvas hacer eso.
Y ahí sentí el pecho tranquilo otra vez.
Agarré el celular fuerte contra mi pecho mientras sonreía llorando todavía un poquito.
Porque entendí algo:
hasta las parejas que se aman…
también pelean.
Pero cuando el amor es real…
uno siempre termina buscando la manera de arreglar las cosas.