Jules vende su intimidad en internet para pagar una deuda familiar que la ahoga. Ha aprendido a sobrevivir separando su cuerpo de sus emociones. Pero la llegada de un nuevo profesor despierta en ella una duda peligrosa: quizá nunca ha conocido el amor… solo el vacío. Y por primera vez, alguien podría enseñarle la diferencia. ❤️
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SOL
—¿Y a qué te dedicas? —Fui directa.
Él terminaba de masticar un bocado de pasta.
—Soy comerciante.
¿Qué clase de comercio aplicaba él?
—¡Qué padre!
—Sí. La verdad si nos está yendo muy bien en el negocio. Hemos crecido mucho y soy un pilar lleno de dinero —parecía sentirse orgulloso de lo que había logrado.
—Pues me da gusto por ti. Suena a que no debes esforzarte mucho.
—Exactamente.
Terminé de pelar un camarón y lo introduje en mi boca para masticarlo. ¡Sabroso! El sabor de la carne grasosa era de las mejores cosas del mundo.
—¿Y qué estás estudiando? —Tuvo la curiosidad de preguntarme.
—Ofimática.
—¿Cuándo te gradúas?
—Pronto. Me falta un mes para terminar el último módulo.
—¡Qué bueno para ti! ¿Y qué piensas hacer después?
—Quiero tramitar mi especialidad, así que buscaré donde hacer una pasantía.
—¿Buscas trabajo?
—No. Trabajo ya tengo.
—¿Y como piensas tramitar tu especialidad?
—Planeo adquirir experiencia en el campo donde aplica mi profesión. Ya tengo algunas opciones, la escuela me ayuda con eso.
Dirigí mi atención al plato frente a mí y di unos cuantos bocados más. Terminé mi porción.
—Cuando dices que ya tienes trabajo, ¿te refieres a crear contenido para adultos?
Recordé lo que mi hermano había dicho de él. Este hombre era un gran fan mío. ¡Y que pervertido debe ser! Las personas que miran pornografía suelen ser las más egoístas.
—Sí. De momento ese es mi empleo.
—Genial. ¡Me gusta mucho tu trabajo! Eres muy linda —dice con cierta lujuria en la mirada.
Sus palabras no me incomodaron, de hecho, si me sentí halagada de cierto modo.
¿Estará deseando tener sexo conmigo?
—Mi hermano dijo que eras un admirador mío.
Asintió orgulloso.
—Suelo ver tus videos constantemente. ¡Me excitas mucho!
—Va, es interesante saber eso —no sé me ocurrió otra cosa que decir.
—¿Te interesaría que yo fuera tu suggar? —Propuso él.
—¿Qué edad tienes? —La edad no era importante para mí, pero yo estaba buscando un lujo muy caro como el amor.
¿Él podría dármelo?
—Treinta.
Sonreí. Era momento de dejar bien claras las cosas.
—No estoy interesado en tener suggar. Eso haría que yo me convierta en alguien dependiente y me gusta mucho mi libertad de elegir.
—Podrías intentarlo. Yo estoy más que puesto para...
—¿Quieres coger conmigo?
—Sí.
—¿Cada cuánto?
—Cada que yo quiera.
Sonreí ligeramente y negué.
—Yo no estoy a la disposición de nadie. Quiero ser libre de decidir sobre mí lo que yo quiera. Cuando quiera perder mi libertad completa, entonces será que de verdad estaré buscando pareja.
Fui sincera y me sentí poderosa.
—¡Cásate conmigo!
Su propuesta me hizo reír.
—No. ¡Estás loco! No nos conocemos y la verdad, no tengo intención de conocerte más.
—¿Me estás rechazando?
—Pues sí.
Note cierta desilusión en sus ojos.
—Tu hermano dijo que estabas muerta por mí. Te mostró mis fotos y además, me dijo que tenías ganas de verme.
Fue inevitable no reírme en frente de él. ¡Mi hermano era un mentiroso! Y este tipo había sido estafado por el estúpido de mi hermano.
—Pues te mintió. ¿Acaso no conoces a tu cuñado? Germán es un mentiroso de nacimiento y no sé qué es lo que te comentó, pero es falso. Seguramente te saco dinero.
En su semblante se irradió la pena.
—¡Mierda!
—Yo también haré que pague. Por su culpa estoy en esta situación.
—¿Qué situación?
—Estoy contigo, tratando de abrir tus ojos para que veas que yo no estoy interesada en ti. Agradezco que seas muy gentil, de hecho me pareces un buen hombre, pero, no estoy lista para asentar cabeza o tener suggar. ¡Espero lo entiendas!
Decidí ponerme de pie, tome mi mochila, era hora de marcharme.
—¿A dónde vas?
—Tengo que hacer tarea. ¡Muchas gracias por tu compañía!
—Espera, déjame llevarte a tu casa.
—No es necesario. Alguien espera por mí.
Supongo que Julián esperaba a que yo me despidiera de beso o de abrazo. ¡Fui muy fría! Solo asentí y sonreí.
—¿Puedo...?
—No me mandes más flores, mejor, ve a conquistar a otra buena persona por ahí. Seguro que con ese carro que conduces, no es difícil conquistar.
—¿Al menos yo te conquisté?
—No. Pero eso no importa, yo no soy alguien importante. ¡Disfruta tu tarde!
Intentó levantarse.
—Yo...
—Te voy a pedir un favor. No me vuelvas a buscar. ¡Mi hermano me las va a pagar! Y tú también deberías reclamarle.
Noté que sonreía. ¿Qué impresión tendría de mí?
—Está bien. ¡Gracias por tu sinceridad!
—Un placer. Por cierto, yo pago la cuenta. No te angusties —le dije por último.
Y me fui de allí sintiéndome la perra más poderosa de esta perrera llamada vida.