Humillada, abandona, perdida y con el corazón completamente destrozado, Lucina se reencuentra con su familia para sanar y recuperar su vida. Su sentimiento de venganza esta latente en ella, pero no contaba con que su corazón fuera cautivado por el hombre que la salvo de la muerte. Ahora, lucha contra sus propios sentimientos y la intensa cercanía de Franco, quien no esta dispuesto a dejarla escapar de sus manos.
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¡Tu presencia es insoportable!
Hay situaciones fáciles de manejar, sin importar lo que suceda. Sin embargo, hay otras de las que parece imposible escapar, por mucho que se intente. Y luego están aquellas en las que la acción real contradice la intención. Justo en esa última se encontraba Luciana. Quería mostrarse distante y fría, pero su voz y hasta su cuerpo la delataban.
A pesar de todo, de alguna forma, logró hablar con la frialdad que deseaba. Acto seguido, intentó marcharse, pero Franco bloqueó su camino con un descaro elegante, apoyando una mano en la pared. No la tocó, pero la acorraló con su sola presencia.
— No tan rápido. — Dijo con un tono de voz bajo.
Luciana alzó el rostro con desafío. No podía permitir que él continuara acorralándola de esa manera cada que vez que quisiera.
— ¿Acostumbra invadir el espacio personal de todas las mujeres?
Él inclinó apenas la cabeza, acercándose mucho más de lo esperado, lo suficiente para obligarla a sentir su respiración.
— No. — Hablo con sinceridad. — Solo con aquella que no puedo sacar de mi cabeza.
El corazón de Luciana dio un golpe traicionero. El cosquilleo en su cuerpo comenzó a sentirse con una gran necesidad de tener más cercanía.
— Eso suena más a problema suyo que mío.
— Tal vez. — Respondió con una sonrisa. — Pero me gustaría convertirlo en un problema de ambos.
Ella apretó los labios con impotencia. No sabía cómo responder ante esa provocación sobre todo porque él se estaba acercando cada vez más.
— ¿Sabía que es alguien insoportable?
— Pero aun así no te alejas de mí.
Luciana estaba a punto de contestar, pero el momento fue interrumpido por pasos apresurados que resonaron en el pasillo. Fernando había aparecido de repente, portando una carpeta, con la intención de encontrar a Esteban Johnson para finalizar detalles del proyecto conjunto. Sin embargo, al presenciar la escena, se quedó paralizado.
Franco se encontraba de pie, muy cerca de Luciana, quien estaba acorralada entre la pared y el cuerpo de él. Pero lo que más le impactó fue la total indiferencia con la que ella lo miró al notar su presencia, lo que provocó que él apretara la mandíbula con dureza.
— ¿Se puede saber qué significa esto?
Franco apenas giró el rostro, sin apartarse lo más mínimo de Luciana. Pero lo que más le resultaba divertido era que ella tampoco se apartaba de él, una situación que él definitivamente iba a aprovechar.
— Buenos días, señor Soto.
Fernando pasó por alto el saludo. Su atención estaba totalmente concentrada en Luciana y en la cercanía que aún mantenía con Franco. Como ella no se apartaba, él dio un paso hacia adelante.
— Necesitamos revisar algunos puntos del proyecto.
— Coordínelo con Esteban o con el departamento legal. — Respondió ella sin emoción.
— Shai… — Fue interrumpido por ella.
— Señorita Johnson para usted.
Franco dejó escapar una breve risa, debido a la situación. Fernando, al ver esto cerró los puños mientras la ira se iba acumulando en su interior.
.— No entiendo por qué permites esto. — Dijo señalando la situación.
Franco, comprendiendo la situación, rodeó la cintura de Luciana con una mano firme y la atrajo más hacia él. Fue un gesto calculado y posesivo. El rostro de Fernando se encendió de rabia.
Mientras tanto, Luciana estaba sintiendo el calor de la mano de Franco a través de la tela de su vestido y estuvo a punto de quejarse, pero al ver a Fernando casi explotar, decidió quedarse en silencio.
— El que yo lo permita o no… — Dijo con voz firme. — …no es de su incumbencia.
— Te vas a arrepentir de esto. — Hablo entre la ira y la impotencia.
Luciana dio un paso al frente, apartándose finalmente de Franco por decisión propia.
— Lo único de lo que me arrepiento es de haberle dado importancia alguna vez.
El silencio en el pasillo, se volvió insoportable. Fernando la miró unos segundos más, lleno de furia contenida, y luego se marchó sin despedirse. Cuando desapareció al final del pasillo, Luciana exhaló lentamente.
— ¿Disfrutó el espectáculo? — Se giró para ver a Franco.
— Mucho. — Dijo mirándola con intensidad.
— Es un oportunista.
—Y tú me utilizaste para deshacerte de él.
Luciana arqueó una ceja ante su descaro. Por supuesto que había aprovechado la situación para deshacerse de Fernando. Solo esperaba que él no intentará cobrársela después.
— Por cierto... — Franco levantó la carpeta que tenía en las manos. — Los documentos sí son reales.
— Gracias. — Respondió sin mirar la carpeta. — Ahora puede irse.
Franco se acercó nuevamente a ella, y sin que ella lo esperara, se inclinó cerca de su oído antes de responder.
— No sin antes recordarte que me debes una cena.
Después de esas palabras, se alejó con total calma, dejándola inmóvil en medio del pasillo. Luciana sólo observó cómo se marchaba, y por primera vez en mucho tiempo, no supo si estaba más molesta con él o consigo misma.