En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.
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Capítulo 23: La ciudad olvidada
El salón seguía en silencio.
Nadie parecía capaz de reaccionar después de ver a Catalina viva.
Las luces seguían brillando.
La música seguía sonando a lo lejos.
Pero el ambiente había cambiado por completo.
Porque ya no era una fiesta.
Era una revelación.
Henry seguía abrazando a Catalina como si tuviera miedo de soltarla y que desapareciera otra vez.
Sus manos temblaban apenas.
Catalina podía sentirlo.
Y eso le rompía el corazón.
Nunca imaginó verlo así.
Nunca imaginó que alguien tan frío pudiera sufrir tanto por ella.
Pero antes de que pudiera decir algo…
sintió un pequeño tirón en su mano.
Giró rápidamente.
Nani.
La niña estaba pálida.
Mucho más que antes.
Sus ojos comenzaron a cerrarse lentamente.
—¿Nani…?
Sebastián reaccionó enseguida.
—¡Nani!
El pequeño cuerpo de la niña cayó hacia adelante.
Catalina la sostuvo rápido antes de que tocara el suelo.
El salón entero volvió a quedar en shock.
Sebastián cayó de rodillas frente a ella.
—No… no… por favor…
Su voz se quebró completamente.
—¡Nani despierta!
La niña no respondía.
Catalina sintió el miedo recorrerle el cuerpo.
—Respira muy lento…
Henry reaccionó inmediatamente.
—¡Médicos!
Su voz resonó en todo el salón.
Los ancianos comenzaron a murmurar nerviosos.
Mariuz corrió hacia ellos.
Noa y Emiliana también.
Sebastián estaba desesperado.
—Ella no puede morir…
Sus manos temblaban mientras acariciaba el cabello blanco de la niña.
—No ella…
Catalina levantó lentamente la mirada.
Y entendió algo.
Ya no podía esconderlo.
Todos estaban mirando.
Todos querían respuestas.
Respiró profundo.
Y habló.
—Ellos vienen de la ciudad subterránea.
El silencio cayó otra vez.
Más pesado.
Más oscuro.
Los ancianos se tensaron.
—¿Ciudad… subterránea?
Catalina asintió lentamente.
Henry la observó sin apartar la mirada.
Ella continuó.
—Existe una ciudad debajo de nosotros.
Los murmullos comenzaron inmediatamente.
—Eso es imposible…
—Nunca hubo registros…
—¿Qué está diciendo?
Catalina apretó la mano de Nani.
—Hay miles de personas viviendo ahí abajo.
El ambiente se volvió más frío.
—Tienen un núcleo artificial…
Levantó la mirada.
—Lo usan como sol.
Los ancianos comenzaron a palidecer.
Porque algunos…
ya estaban entendiendo.
—Pero ese núcleo…
Su voz se quebró apenas.
—Está liberando radiación.
El silencio fue absoluto.
—¿Qué…?
Catalina miró a Sebastián.
Y él bajó la cabeza.
—La gente ahí abajo…
Respiró profundo.
—Solo vive hasta los treinta y cinco años.
El salón entero explotó en murmullos.
—¡Eso es imposible!
—¿Cómo nadie sabía esto?
—¿Treinta y cinco años…?
—¿Qué clase de monstruosidad es esa?
Catalina sintió rabia.
Dolor.
—Ellos están muriendo lentamente.
Miró a todos.
—Y nadie sabía que existían.
Nani comenzó a respirar más débilmente.
Sebastián empezó a llorar.
Sin poder contenerse más.
—Por favor…
Su voz salió rota.
—Ayúdenla…
Henry observó todo.
La desesperación de Sebastián.
El miedo de Catalina.
El pequeño cuerpo de Nani.
Y algo dentro de él…
se endureció.
Dio un paso adelante.
—Tranquilos.
Su voz fue firme.
Autoritaria.
Todos lo miraron.
Henry se acercó lentamente a Sebastián.
—No va a morir.
Sebastián levantó la cabeza con lágrimas en los ojos.
Henry miró a Mariuz.
—Llévala arriba.
Mariuz asintió inmediatamente.
Tomó a Nani con cuidado entre sus brazos.
La niña parecía demasiado ligera.
Demasiado frágil.
Henry luego giró hacia Catalina.
Y sin decir nada…
la tomó de la mano.
Catalina lo miró sorprendida.
Pero él no la soltó.
No otra vez.
Noa y Emiliana ayudaron a Sebastián a levantarse.
El joven apenas podía mantenerse de pie.
—Respira…
Noa sostuvo su brazo.
—Ya la van a ayudar.
Sebastián temblaba.
Porque toda su vida había visto personas morir.
Y no soportaba perder a Nani también.
Los ancianos seguían completamente helados.
Algunos parecían aterrados.
Otros…
demasiado interesados.
Andrés observaba todo en silencio.
Su mirada oscura seguía fija en Catalina.
Y eso…
Henry lo notó.
Sus ojos rojos se volvieron peligrosos.
—Todos ustedes…
Su voz resonó fría en el salón.
Los murmullos se apagaron.
—Se van a retirar.
Nadie habló.
Henry dio un paso adelante.
—Excepto Inés y su familia.
El ambiente explotó.
Inés abrió los ojos.
—¿Qué?
Su padre se puso de pie inmediatamente.
—¡Henry! ¿Qué significa esto?
Henry lo miró sin emoción.
—Ustedes tocaron a mi mujer.
La tensión se volvió insoportable.
—Y ahora…
Sus ojos brillaron con oscuridad.
—Van a responder.
Inés retrocedió lentamente.
Por primera vez…
tenía miedo de verdad.
Los ancianos comenzaron a mirarse nerviosos.
Porque todos sabían algo.
Henry ya no estaba actuando como empresario.
Estaba actuando como un hombre que había perdido la paciencia.
Y eso era mucho más peligroso.
Mariuz ya caminaba hacia los ascensores con Nani.
Henry seguía sujetando a Catalina.
Como si necesitara sentir que realmente estaba ahí.
Sebastián caminaba con dificultad ayudado por Noa y Emiliana.
Cuando llegaron al ascensor de cristal…
Sebastián quedó en shock.
Miraba todo como si estuviera viendo otro planeta.
Las luces.
La altura.
La tecnología.
—Esto…
Susurró.
—Es increíble…
Catalina lo observó con tristeza.
Porque entendía perfectamente esa sensación.
Ella también se había sentido así.
Henry presionó el panel.
Las puertas se cerraron lentamente.
Y el ascensor comenzó a subir.
Más y más alto.
La ciudad apareció frente a ellos iluminada en la noche.
Nani seguía inconsciente en brazos de Mariuz.
Sebastián no dejaba de mirarla.
Temblando.
Henry finalmente habló.
—No voy a dejar que muera.
Sebastián levantó lentamente la mirada.
Y por primera vez…
vio algo diferente en Henry.
No solo poder.
No solo miedo.
Sino dolor.
El mismo dolor que él conocía.
El ascensor finalmente llegó arriba.
Las puertas se abrieron.
Y Sebastián quedó completamente inmóvil.
Porque aquello no parecía un hotel.
Parecía otro mundo.
El laboratorio ocupaba todo el último nivel de la torre.
Pantallas gigantes.
Tecnología avanzada.
Médicos moviéndose rápidamente.
Luces blancas.
Máquinas que jamás había imaginado.
—Dios…
Susurró.
Mariuz llevó rápidamente a Nani hacia una cápsula médica.
Los doctores comenzaron a revisarla inmediatamente.
Henry no soltaba a Catalina.
Ella levantó lentamente la mirada hacia él.
Y entonces entendió algo.
Él había preparado todo eso.
Porque nunca dejó de buscarla.
Nunca dejó de esperarla.
Y ahora…
iba a luchar también por el mundo que ella había traído consigo.

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Este capítulo… de verdad me dejó el corazón apretado
Porque por fin salió toda la verdad a la luz…
una ciudad escondida…
personas olvidadas…
niños creciendo sin conocer el verdadero sol
Y lo más triste…
saber que viven tan poquito tiempo…
solo pensar en eso duele muchísimo
Nani desmayándose…
Sebastián llorando desesperado…
Catalina intentando mantenerse fuerte…
y Henry…
Ese hombre que antes parecía tan frío…
ahora está haciendo todo para protegerlos
La forma en que tomó la mano de Catalina…
la manera en que les abrió su laboratorio…
y cómo prometió salvar a Nani…
AY NO
de verdad siento que Henry cambió completamente por amor
Y ahora ya no solo quiere salvar a Catalina…
también quiere salvar a toda esa ciudad olvidada
Gracias por acompañarme en esta historia
cada capítulo lo escribo imaginando cada escena como si fuera un anime o un dorama lleno de emociones, lágrimas, tensión y amor
Espero que estén disfrutando tanto esta aventura como yo al crearla
Y prepárense…
porque lo que viene ahora…
va a cambiar TODO
Con muchísimo cariño,
Luna Auol 🌸