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BAJO LAS ALAS DEL AMOR

BAJO LAS ALAS DEL AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Tras un matrimonio que se desmorona en el silencio y la indiferencia, un encuentro fortuito la sumerge en la vorágine de una pasión que jamás creyó posible. Alejandro, un hombre enigmático y arrollador, emerge de entre las sombras de su pasado, trayendo consigo no solo un amor avasallador, sino también un turbulento secreto que podría destruirlos.

Isabella, una mujer que ha luchado por mantener en pie su independencia y su corazón, se ve arrastrada a un mundo de deseo incontrolable y decisiones prohibidas. A medida que sus cuerpos se entrelazan en encuentros que desafían toda convención, también lo hacen sus almas, forjando un vínculo que es tan peligroso como irresistible. Pero el camino del amor verdadero nunca es sencillo.

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Capitulo 22

El trayecto de regreso a casa transcurrió en un silencio pesado, cargado de palabras no dichas y de una tensión que se podía cortar con un cuchillo. Isabella miraba de reojo a Alejandro, que conducía con la mandíbula tensa y la mirada fija en la carretera, como si al mirar al frente pudiera dejar atrás lo que acababa de suceder. Pero ella no podía ni quería dejarlo pasar. Las palabras de aquel hombre desconocido, y sobre todo la reacción evasiva de Alejandro, habían sembrado una duda demasiado grande para ser ignorada.

Apenas entraron en el apartamento, Isabella se giró hacia él, cerrando la puerta con firmeza, cortando cualquier posibilidad de huida.

—No te vas a ir a otra habitación, ni vas a cambiar de tema, ni me vas a decir que no es nada —empezó ella, con la voz temblorosa pero firme, cruzándose de brazos—. Me prometiste que no había secretos entre nosotros. Me prometiste que lo sabía todo. Y hoy he visto algo que me dice que no es así. ¿Quién era ese hombre? ¿A qué se refería con lo de tu pasado?

Alejandro soltó un suspiro profundo, se pasó una mano por el cabello y caminó hasta la ventana, dándole la espalda. Por primera vez, Isabella lo vio vencido, pequeño, cargado de un peso antiguo que nunca le había mencionado.

—Isabella… hay cosas… hay cosas que pertenecen a otro tiempo, cosas que intento dejar enterradas porque me hacen daño. Pensé que no hacía falta que las supieras, porque no tienen nada que ver con lo que construimos tú y yo.

—¡Todo tiene que ver si te define a ti! —exclamó ella, acercándose un paso—. Si nos vamos a enfrentar a todo, si vamos a luchar contra Leonardo y contra el mundo, necesito saber quién eres realmente. No solo el hombre valiente y fuerte que me ama, sino el hombre completo, con sus dolores y sus historias. Confía en mí, por favor. Como yo confío en ti.

Él se quedó en silencio unos segundos, luchando consigo mismo, entre el deseo de protegerla y la necesidad de liberar por fin aquello que llevaba clavado en el alma desde niño. Finalmente, se giró hacia ella, y sus ojos, siempre brillantes y decididos, ahora estaban llenos de tristeza y dolor.

—Tienes razón —murmuró, con la voz ronca—. Tienes razón. Y siento haberte ocultado esto. Pero… es algo muy oscuro, Isabella. Algo que me ha marcado para siempre.

Se sentó en el borde del sofá, como si las piernas ya no le sostuvieran, y le hizo una seña para que se sentara a su lado. Ella obedeció, y tomó sus manos entre las suyas, esperando.

—Ese hombre que habló contigo… se llama Julián. Trabajó muchos años para mi padre. Ricardo Vargas. —Solo pronunciar ese nombre pareció costarle un esfuerzo inmenso—. Mi padre… es un hombre poderoso, muy poderoso. Pero no se hizo rico ni influyente haciendo las cosas bien, ni siguiendo las leyes. Hizo todo tipo de negocios sucios, alianzas peligrosas, traiciones… y para él, todo el mundo era una pieza que podía usar o tirar. Mi madre… ella era todo lo contrario. Una mujer dulce, buena, que solo quería paz y amor. Me amaba más que a nada en el mundo. Y yo a ella.

Alejandro hizo una pausa, tragando grueso, y sus ojos se llenaron de lágrimas que no dejaba caer.

—Ella murió cuando yo tenía doce años. —La voz se le quebró—. Todos me dijeron que fue un accidente. Un incendio en nuestra antigua casa. Pero yo… yo siempre supe que no fue así. Yo vi cosas, escuché conversaciones… y con los años, he ido descubriendo la verdad a medias. Mi padre… él tenía enemigos, muchos enemigos. Y también tenía una forma muy particular de solucionar sus problemas. Creo… no, estoy casi seguro… de que la muerte de mi madre no fue un accidente. Creo que Ricardo tuvo algo que ver. O que al menos, sus negocios, su ambición desmedida, fueron los que la mataron.

Isabella se llevó una mano a la boca, aterrada por la magnitud de lo que estaba escuchando.

—¿Tu padre…? —susurró, incrédula—. ¿Cómo puedes decir eso?

—Porque lo conozco —respondió él con amargura—. Conozco hasta dónde es capaz de llegar. Él quería que yo fuera como él. Que me convirtiera en su heredero, en alguien sin escrúpulos. Pero yo odiaba todo eso. Odio todo eso. Por eso me fui de su lado, por eso construí mi propio imperio, para demostrarle que podía ganar sin mancharme las manos… o al menos, intentándolo. Pero él sigue ahí. Y Julián, el hombre que habló contigo… sigue trabajando para él. Y vino a decirte eso porque quería asustarte. Quería que supieras que, al estar conmigo, no solo te enfrentas a Leonardo… te enfrentas también a los fantasmas de mi familia.

Isabella estaba en shock. La imagen que tenía de Alejandro, aunque amorosa, se había ampliado de golpe, mostrando abismos de dolor y secretos que jamás imaginó. Entendía ahora su fuerza, su determinación, esa forma de protegerla con tanta intensidad: él sabía lo que era perder, lo que era sufrir, lo que era vivir bajo la sombra de alguien poderoso y cruel.

Pero también, la confianza se tambaleaba. Había estado a su lado, compartiendo su vida, su cama, su lucha, y él le había ocultado todo eso. Le había ocultado quién era su verdadera familia, de dónde venía realmente, qué tragedia cargaba a sus espaldas. Y lo que era peor: le había ocultado que había otro peligro, mucho más antiguo y oscuro, acechando desde las sombras.

—Alejandro… —dijo ella, soltando sus manos lentamente, sintiendo una distancia que antes no existía—. ¿Por qué no me dijiste nada antes? ¿Por qué me dejaste pensar que tu única lucha era con Leonardo, cuando en realidad tu propio padre es… esto?

Él intentó tomarla de nuevo, pero ella se apartó levemente.

—Porque tenía miedo —admitió él, con desesperación—. Miedo de que me vieras diferente. Miedo de que pensaras que yo soy como él. Miedo de que, al saber quién es Ricardo Vargas, te alejaras de mí. Yo no soy como él, Isabella. Te lo juro por la memoria de mi madre. Haré lo que sea para no parecerme a él.

Isabella lo miró, y vio el dolor sincero en su mirada, la herida abierta que nunca había sanado. Comprendió que, aunque la verdad estaba incompleta, aunque todavía había muchas cosas que él no se atrevía a decirle, lo que le había contado era lo más valioso y doloroso que tenía.

—Te creo —dijo finalmente, con voz suave pero herida—. Te creo cuando dices que no eres como él. Pero me duele… me duele mucho que no hayas confiado en mí para compartir tu dolor. Me duele saber que, mientras yo me sentía la única con problemas, tú cargabas con esta cruz en silencio.

Se levantó y caminó hacia la ventana, mirando la ciudad iluminada. Ahora entendía que su mundo era mucho más complejo y peligroso de lo que imaginaba. Leonardo era un enemigo fuerte, pero Ricardo Vargas… Ricardo parecía ser algo mucho más grande, más oscuro y más impredecible.

—Tengo miedo, Alejandro —confesó ella, sin mirarlo—. No solo por mí. Por ti. Por lo que puede pasar ahora que sé esto. Por todo lo que todavía me estás ocultando.

Alejandro se acercó despacio, se colocó detrás de ella y la abrazó con cuidado, como si temiera que se rompiera.

—Sé que no es suficiente —susurró él contra su oído—. Sé que he roto un poco tu confianza. Pero te prometo que, poco a poco, te diré todo. Te prometo que, pase lo que pase, yo te protegeré de Leonardo, de mi padre, y de cualquier cosa que quiera hacernos daño. Solo… no te alejes de mí. Eres lo único bueno que tengo.

Isabella cerró los ojos, apoyándose en su pecho. Sabía que nada volvería a ser igual. La verdad había comenzado a salir a la luz, y aunque dolía, al menos ahora veía un poco más claro el alma del hombre al que amaba. Pero en el fondo de su corazón, una nueva pregunta nacía: ¿Cuánto más habría detrás de todo aquello? ¿Y sería capaz su amor de resistir la verdad completa, cuando por fin saliera a la luz?

 

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Miriam Ramirez
buenisima autora espero la siguiente historia gracias x compartir su talento un abrazo y asta pronto👏👏👏👏👏👏👏👏🥰 drsde Santiago de Cali Valle
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