En un mundo donde la realeza no es sinónimo de inocencia, existe alguien dispuesto a romper todas las reglas.
Un misterioso cazador recorre los reinos con una misión peligrosa: encontrar y eliminar princesas. Pero no lo hace por ambición ni riqueza… sino por una verdad oculta que pocos conocen. Detrás de cada corona se esconden secretos, traiciones y poderes que podrían destruirlo todo.
A medida que avanza en su cacería, el cazador comienza a cuestionar su propósito, especialmente cuando se cruza con una princesa diferente a las demás… alguien que podría cambiarlo todo.
Entre conspiraciones, batallas y emociones prohibidas, la línea entre enemigo y aliado se vuelve cada vez más difusa.
¿Qué pasa cuando el cazador deja de ver a su presa como un objetivo… y empieza a verla como algo más?
NovelToon tiene autorización de victor91 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Lázaro, el cazador
Preus alza el hacha por sobre su cabeza y bloquea el golpe mortal de la espada de Lázaro. El viento agitaba las hojas de los árboles, meciéndolas de un lado a otro, mientras ambos cazadores se batían en un duelo a muerte en un reino desconocido.
—¿Por qué lo hiciste…? ¿Por qué la mataste…?
Preus intenta seguir el ritmo de los ataques, pero le resulta imposible. El nivel de su adversario era muy superior al suyo.
Un corte en su brazo izquierdo escupe sangre sobre el verde pasto. El dolor crece a medida que se mueve.
—¿Cómo pudiste destruir mi mundo?… cuando te dimos una segunda oportunidad…
Lázaro escupe saliva y aprieta los dientes mientras observa, en su mente, las imágenes de sus hijos corriendo por la plantación de tomates. Su respiración aumenta; la energía que emana de él agita el pasto mientras lanza golpes cada vez más fuertes.
Preus esquiva el filo de la espada y toma distancia.
“Tengo que intentar escapar”, pensó. “Es demasiado fuerte para mí”.
Lázaro salta y busca atacar por el aire. Preus elude justo a tiempo, gira por el suelo, se levanta como un rayo, hunde los dedos en la tierra y la arroja hacia el rostro de su oponente.
Lázaro cierra los ojos por un instante, escupe tierra y vuelve a abrirlos.
Preus corre desesperado por el bosque.
—Ella encontró algo en ti… ella te entregó su corazón —grita Lázaro a la distancia.
Preus sigue corriendo, agitado. Sus ojos se mueven con nerviosismo.
Tenía miedo. Mucho miedo.
Lázaro comienza a correr detrás de él. La motivación que lo impulsa lo llena de energía para dar lo máximo de sí. Sus zancadas son extraordinarias; parece un animal salvaje que se mueve como si el entorno fuera parte de él.
Rápidamente alcanza a Preus. Toma su espada con ambas manos y ejecuta un corte profundo y limpio en la espalda de su presa.
Lázaro lo estaba cazando.
Preus siente el ardor de la carne al abrirse y la sangre deslizándose por su piel, pero sabe que no puede bajar la guardia. Se gira para encontrarse cara a cara con Lázaro… pero ya no está allí.
Alza su hacha y se pone en guardia. Gotas de sangre caen al pasto con frecuencia.
Preus mira en todas direcciones. No percibe nada. No logra encontrarlo.
—Tu maestro… ese repugnante ser dispuesto a aniquilar toda la vida… fue rey de uno de estos reinos —dice Lázaro—. Lo conocían como el Destructor.
Preus escucha atentamente, intentando encontrar su rastro, pero no lo logra.
—Su reino fue consumido por la codicia… lo abarcaba todo —suspira—. Y salieron a buscar lo que les faltaba en otros mundos.
Preus gira en todas direcciones, manteniendo la guardia, mientras la herida de su espalda sigue sangrando.
—Vas a morir por la venganza de un viejo y asqueroso ser que vio a su pueblo desaparecer por su propia codicia…
Lázaro aparece frente a Preus.
—…y vas a morir por la mano del hombre al que le arrebataste todo.
Lázaro aprieta con fuerza el mango de su espada. Tuerce ambas muñecas formando un ángulo de cuarenta y cinco grados. Muestra los dientes como un depredador salvaje, como un títere de un demonio. Entonces gira el filo brillante y alcanza el brazo derecho de Preus.
De un solo golpe, le corta la mano a la altura de la muñeca.
Preus no reacciona. Siente un fuego que consume la herida mientras observa cómo su mano derecha golpea contra el suelo. Rápidamente intenta responder con su hacha.
Lázaro, con el mismo movimiento, traza una nueva trayectoria con la espada y la ejecuta con una velocidad escalofriante.
El hacha de Preus cae al suelo.
Y, detrás de ella, su otra mano.
El joven cazador aguanta el dolor mientras observa ambos brazos mutilados. Lázaro se relaja y respira con mayor calma, contemplando cómo su oponente se arrodilla, vencido, frente a él.
“Ya no puedo pelear”, se dice Preus. “Estoy cansado”.
Se arrodilla.
—Me quitaste todo lo que tenía… todo lo que tanto me costó conseguir… tanto esfuerzo… tantas decisiones… —posa la espada sobre el cuello de Preus—. Me arrebataste todo.
Alza la espada, preparándose para atacar.
—Es momento de pagar por tus actos, cazador.
Preus está rendido. Deja caer los brazos sobre sus piernas y observa cómo la sangre se escapa de sus heridas. Está aturdido, desconsolado. No comprende cómo su camino terminó de esa manera. Siente cansancio. Está agotado. Ya no tiene fuerzas para seguir.
Levanta la cabeza y observa a Lázaro. Frunce los labios y asiente levemente.
Está listo.
Ha aceptado su destino.
Lázaro blande la espada con todas sus fuerzas sobre el cuello de Preus. Descarga toda su ira contenida en un solo golpe.
Y da muerte a su enemigo.