🚫 Novela en Emisión 🚫
Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.
Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.
¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?
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Capítulo 18: El Guardián del Alma
Tras cerrar la puerta de la casa de sus padres, Axel sintió que el aire de la noche, aunque gélido, le pesaba menos. El respaldo de su familia era la última pieza de armadura que necesitaba para enfrentar lo que venía. Mientras su coche se alejaba por la avenida iluminada, en casa de sus padres, el silencio que dejó su partida fue roto por el crepitar de la leña en la chimenea.
Erik Brunner permaneció de pie junto al ventanal, observando las luces traseras del vehículo de su hijo desaparecer. Eva se acercó a él y apoyó la cabeza en su hombro.
—¿Crees que hemos hecho bien, Erik? —preguntó ella con un hilo de voz—. Es una carga inmensa para un hombre tan joven. Casarse así... con una mujer que ni siquiera puede sostenerle la mirada.
Erik suspiró, rodeándola con el brazo.
—Axel siempre ha tenido todo bajo control, Eva. Números, edificios, barcos. Pero le faltaba algo por lo que sangrar. El viejo Julien no solo le ha entregado un holding; le ha entregado un propósito. Y conociendo a nuestro hijo, no descansará hasta que esa chica despierte. El futuro de los Brunner ahora está ligado al pulso de Molly Dumont, y nosotros estaremos ahí para sostener ambos apellidos.
En la residencia Dumont, el ambiente era de una tensa calma. Julien estaba sentado en su biblioteca, rodeado de libros que ya no tenía fuerzas para leer. Gerard entró con una bandeja de plata, trayendo un té caliente y los medicamentos nocturnos.
—¿Crees que he hecho lo correcto, Gerard? —preguntó Julien, con la mirada perdida en el retrato de su difunta esposa que colgaba de la pared.
Gerard dejó la bandeja con cuidado y se mantuvo firme a su lado.
—Ha hecho lo único que un padre desesperado y sabio podía hacer, señor. Axel Brunner no es un hombre fácil, pero es un hombre de palabra. Yo sé que él la cuidará como a su propio imperio, o incluso mejor.
Julien tomó un sorbo de té, sintiendo el calor bajar por su garganta maltrecha. Cerró los ojos y soltó un suspiro que pareció arrastrar meses de angustia.
—Gerard... ahora siento que puedo morirme en paz. He blindado su futuro. Si Claude viene por ella, se encontrará con un muro de granito llamado Axel.
—No diga eso, señor —le reprendió Gerard con suavidad—. No se me muera todavía. Tiene que ver despertar a la Señorita Molly. Tiene que ver cómo ese matrimonio por contrato se convierte en algo real o cómo ella recupera su vida. Aún le queda historia por ver.
Al cruzar el umbral de su mansión. Hans lo esperaba en el vestíbulo, con una tableta en la mano y el semblante serio de quien ya ha adelantado horas de trabajo.
—Informe de situación, señor —dijo Hans, caminando junto a él—. Las adecuaciones de la habitación principal van al setenta por ciento. Ya se instaló el cableado independiente para el soporte vital y el sistema de filtración de aire de grado hospitalario quedará listo mañana al mediodía.
Axel se detuvo en el marco de la puerta.
—¿Y la seguridad? —preguntó Axel, con la vista fija en el espacio donde iría la cama.
—He reforzado el vidrio de los ventanales con blindaje nivel 4 y el acceso al pasillo ahora requiere autenticación biométrica —continuó Hans, mostrándole los planos en la pantalla—. Tenemos cuarenta y ocho horas para realizar las pruebas de estrés a los equipos. El traslado de la señora Brunner está programado exactamente para el segundo día, al amanecer.
Axel asintió, tomando la tableta para revisar los adelantos personalmente. Le gustaba lo que veía: su casa ya no era solo una propiedad de lujo; se estaba convirtiendo en una fortaleza inexpugnable.
—Buen trabajo, Hans. No quiero que falte nada. Estos dos días son nuestra única ventaja.
Se quedó solo en la estancia, sintiendo el peso del anillo en su dedo mientras imaginaba a Molly allí, protegida por los muros que él mismo estaba blindando.
A miles de kilómetros de allí, ese mismo tiempo era el que Chloe Vane marcaba en su reloj mientras el rugido de los motores del avión silenciaba sus pensamientos. Se ajustó el cinturón de seguridad, con la mirada fija en la pista del JFK que empezaba a quedar atrás. Mientras Axel revisaba informes técnicos y reforzaba muros de granito en Zúrich, ella cruzaba el océano dispuesta a desafiar su autoridad.
El tablero estaba listo. Axel tenía dos días para terminar de construir su búnker, pero no tenía idea de que el verdadero desafío no vendría solo desde las sombras, sino en un vuelo de primera clase directo desde Nueva York.