Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPÍTULO 11
ALANA DÍAZ
Es irreal esto. Tarde o temprano tendré que salir de la casa de Leonardo. Salí del Penthouse y fui a la universidad. Cada vez era incómodo ir y sentir todas las miradas encima. ¿No sé desde cuando cambio todo?
Me fui a biblioteca a trabajar en mi tesis. Inicialmente, iba sola, pero hoy mi tutor conversó conmigo y asignó a Alex a la tesis. Él era mi compañero de clases, era alguien callado y no se notaba en el aula.
— Tanto tiempo siendo compañeros de clases y hoy es primera vez que trabajo contigo, Alana.
Solo sonreí. Siendo honesta a mí me gustaba trabajar sola, porque si algo salía mal nadie me culparía.
Avanzamos hasta donde pudimos.
Al caer la tarde, me despedí de Alex y empecé a caminar al Penthouse. Me sentía un poco nerviosa. Pasé por una tienda de celulares.
— Hola, mire quiero vender este celular, prácticamente es nuevo.
El señor de la tienda lo revisó un poco.
—Es un celular caro. Y está bien cuidado. Te ofrezco 500 dólares.
Es bastante.
— Me parece. Solo sacaré el chip. Y quiero uno de línea económico y de segunda mano en buen estado.
El señor sacó varios celulares donde sus precios no superaba los 80 dólares.
Esa tarde vendí el celular qué me había dado Leonardo y en su lugar compré uno más económico.
Pensé rápido en buscar un cuarto, obviamente no regresaría a mi antiguo cuarto.
Si Leonardo se da cuenta seguro se enojará. Pero no quiero estar todo el tiempo ahí, me siento rara siendo yaudad por mi "jefe".
Llegué al Penthouse. Leonardo salió en toalla del baño, pude ver sus pectorales bien definidos. Sentí mis mejillas arder.
—Perdón, la costumbre de vivir solo.
Quedé sin palabras. Bajé la mirada al piso. Diablos, Leonardo está como para comérselo. Él se regresó al cuarto. Yo caminé de prisa al mío y cerré la puerta con seguro. Mi corazón estaba alocado.
Él golpeó la puerta.
— Voy a darme un baño, dame un minuto.
—Te espero en la sala.
Entré al baño. La imagen de Leonardo en toalla no la podía sacar. Ahí desnuda en el baño, empecé a sentirme un poco agitada. Hormonalmente hablando, estoy mal. Sentí desearlo.
¿Qué son estos pensamientos impuros? Definitivamente, tengo que salir de aquí. Lo pensé.
Salí del baño. Me vestí y salí. Ahí estaba Leonardo haciendo la cena. Lo vi de pie a cabeza, su camiseta blanca quedaba ajustada, sus brazos definidos se ponían notar. Tragué saliva. Moví la cabeza en negativo y fruncí el entrecejo sin dejarlo de ver.
Él me miró.
—¿Sucede algo, Alana? — Trate de disimular.
— Nada, señor Salvatore.
— ¿Señor? Solo tengo 30 años. O tú ves como un ancianito.
Mi mente impura ya se había acercado y le había tocado sus pectorales y sus brazos.
— Claro que no, usted es joven aún. Quería decirle algo— Suspiré — creo que este fin de semana me voy. Tengo visto un cuarto que está muy cerca de la universidad.
— Habías dicho que no tenías dinero.
— Sí, pero presté a alguien.
— ¿No te gusta vivir aquí? No te estoy corriendo. Me agrada tu compañía.
— ¿Yo le agrado?
— Siempre he vivido solo y tú le das esa vibra femenina qué le hacía falta.
— Bueno, pero este sábado me voy. Usted necesita su espacio y yo necesito el mío. Además, jefe y empleada no pueden vivir juntos.
Él se acercó y me tomó el mentón con sus dedos. Abrí los ojos, aparté mi cara.
—No haga eso.
—¿Por qué no puedo? Me agradas.
Mi corazón parecía un caballo corriendo a un precipicio. Sentí una corriente eléctrica recorrer en mis piernas. Nunca había tenido contacto tan cerca con algún hombre. Y él estaba pasando ese límite y realmente me asustaba.
— No sea atrevido— él sonrió.
—Es hora de cenar.
— Ya no tengo apetito. Buenas noches.
Me fui al cuarto casi corriendo. Huyendo como una cobarde. Cerré la puerta con seguro y llevé mis manos a mi pecho.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar