En la prestigiosa Academia de Artes Arcanas, el poder es la única moneda de cambio y el linaje lo es todo. Selene, una joven con un pasado fragmentado y un poder latente que no logra comprender, intenta pasar desapercibida entre lobos sedientos de sangre y vampiros de hielo. Sin embargo, su destino cambia para siempre cuando el Vínculo de Plata, una marca ancestral y prohibida, comienza a arder en su piel.
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El Murmullo de los Ausentes
La noche en la Academia de Alquimia no trajo la paz, sino una oscuridad que parecía cobrar peso. En la torre este, Selene no podía dormir. El vínculo de plata en su pecho no era un hilo, era un cable de alta tensión que vibraba con la angustia de Eitan y el gélido autocontrol de Leo.
-Leo tiene razón..tengo que escapar de aquí- recordó Selene lo que le había dicho anteriormente en la Enfermería.
Se levantó y se acercó al balcón. Abajo, en los jardines bañados por la luz de una luna creciente, pudo ver dos siluetas separadas por la distancia, pero unidas por la misma guardia. Eitan, en su forma semi-humana, acechaba entre los arbustos como un depredador inquieto. Leo permanecía inmóvil sobre una gárgola de piedra, aún con el uniforme de la academia, sus ojos fijos en el horizonte.
Selene abrió su cuaderno. El mapa, que bajo la luz del día parecía un esquema técnico, ahora bajo la luna parecía un organismo vivo. Las líneas de plata se movían lentamente, como gusanos de luz, reconfigurándose.
-"Solo los que han muerto y regresado conocen el camino"- susurró Selene, repitiendo las palabras de Sunny.
De repente, una de las líneas del mapa se disparó hacia el borde de la página, señalando una dirección que no estaba en el complejo de la Academia, sino más allá de los muros, hacia el Cementerio de los Olvidados, donde los alquimistas enterraban los experimentos fallidos y los cuerpos de aquellos cuyos nombres el Consejo había borrado.
Un escalofrío le recorrió la espalda. No era miedo, era reconocimiento.
-¿Estás despierta?- la voz de Leo resonó en su mente a través del vínculo, fría pero teñida de una preocupación inusual.
-El mapa se está moviendo, Leo- respondió ella en voz alta, sabiendo que él la escucharía -Me está llamando. Pero no es al Monasterio... es a las tumbas-
En un parpadeo, Leo apareció en el borde de su balcón. Casi al mismo tiempo, se escuchó un golpe sordo y Eitan saltó desde el suelo, aterrizando con la gracia de una bestia sobre la barandilla de piedra.
-Si vamos a ese lugar, Selene, estamos rompiendo las reglas de la tregua- advirtió Eitan, sus ojos brillando en la oscuridad. -Sunny nos estará vigilando. Es un "seguro", ¿recuerdas? Si salimos de los límites, el Consejo tendrá la excusa perfecta para terminar con esto antes de los 45 días-
-Sunny ya sabe que sé cómo dibujar el mapa- replicó Selene, cerrando el cuaderno con firmeza -Ella dijo que el precio es el alma de quienes me aman. Si no descubro por qué conozco este camino, si no entiendo qué parte de mí "murió y regresó", los voy a perder a ambos. Y eso no es una opción-
Leo la miró intensamente, su mano enguantada rozando la empuñadura de su espada corta -El Cementerio de los Olvidados está protegido por sellos de sangre. Como vampiro, puedo sentirlos. Están activos. Alguien o algo nos está invitando a entrar-
-Entonces no los hagamos esperar- gruñó Eitan, mostrando los colmillos.
Los tres se deslizaron por la fachada de la torre, sombras entre las sombras. Mientras cruzaban el umbral de los muros de la Academia, el reloj de arena gigante en el patio central dejó caer un grano de arena que brilló con un rojo intenso.
Día 3: 43 días restantes
Al llegar a las puertas de hierro del cementerio, el aire se volvió tan frío que el aliento de Selene se congeló en pequeñas nubes de cristal. En el centro de las tumbas, una figura los esperaba. No era Sunny. Era una mujer alta, vestida con harapos plateados, cuyo rostro estaba cubierto por una máscara de porcelana agrietada.
-Bienvenidos- dijo la mujer, y su voz no venía del aire, sino directamente del vínculo de plata que compartían -Para encontrar el Monasterio, primero deben desenterrar el secreto que Selene dejó aquí hace tres vidas-
Eitan dio un paso al frente, pero el suelo bajo sus pies comenzó a brillar. El mapa en las manos de Selene se abrió solo, y con la palabra "Redemptionis" comenzó a sangrar plata líquida y sus ojos se volvieron blancos.