Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.
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CERRANDO CICLOS
La noche había caído pesada sobre la ciudad.
Gabriela no podía dormir.
Desde la aparición de Tomás, el aire parecía distinto, más denso, como si cada sombra escondiera una amenaza. Caminaba de un lado a otro del departamento mientras León dormía apenas en el sofá, agotado después de días sin descanso.
Ella lo observó en silencio.
Sabía que lo estaba arrastrando a una guerra que había comenzado mucho antes de conocerlo.
Su celular vibró.
Un mensaje.
📩 “Necesitamos hablar. A solas. Si vienes con alguien, las consecuencias no serán agradables.”
Gabriela cerró los ojos.
Sabía quién era.
Y también sabía que ignorarlo solo empeoraría todo.
Durante largos minutos dudó… hasta que tomó una decisión.
Escribió una nota breve para León.
“Necesito cerrar algo del pasado. Confía en mí.”
Luego salió.
El encuentro
El lugar indicado era un café antiguo, casi vacío a esa hora. Las luces amarillas creaban sombras largas sobre las mesas.
Gabriela entró lentamente.
Y allí estaba.
Tomás.
Sentado con absoluta calma, como si los años no hubieran pasado.
Pero ella sí notó la diferencia: su mirada era más fría, más calculadora.
—Hola, Gabi —dijo él, sonriendo.
Ese apodo le provocó un escalofrío inmediato.
—No me llames así.
Tomás rió suavemente.
—Sigues igual… siempre intentando parecer fuerte.
Gabriela permaneció de pie.
—Habla. ¿Qué quieres?
Él la observó con detenimiento, casi estudiándola.
—Quería verte. Confirmar que aún eres real.
—No vine para juegos psicológicos.
—Todo esto siempre fue psicológico —respondió él con tranquilidad—. Tú solo tardaste en darte cuenta.
Gabriela sintió cómo su pulso se aceleraba.
Revelaciones que destruyen
Tomás apoyó los codos sobre la mesa.
—¿Le contaste a León toda la verdad?
Ella guardó silencio.
Su sonrisa se amplió.
—Lo imaginé.
—No tienes derecho a aparecer así en mi vida.
—Oh, claro que lo tengo —respondió él—. Porque tú nunca saliste realmente de la mía.
Gabriela apretó los puños.
—Yo me fui porque tenía miedo.
—Te fuiste porque descubriste demasiado.
El corazón de Gabriela se detuvo un segundo.
Tomás bajó la voz.
—Los documentos que viste… las transferencias… ¿recuerdas quién te ayudó a escapar esa noche?
Un recuerdo olvidado regresó de golpe.
Una llamada anónima.
Una advertencia.
Alguien que le dijo que huyera inmediatamente.
—Fuiste tú… —susurró ella.
Tomás inclinó la cabeza.
—Siempre te protegí.
—¡Eso no es protección! ¡Me manipulaste!
—Te salvé —corrigió él—. Porque te amaba… y todavía lo hago.
Gabriela retrocedió un paso.
—Eso no es amor.
Su expresión cambió ligeramente, oscureciéndose.
—Entonces dime… ¿por qué todos los que se acercan a ti terminan en peligro?
Las palabras la golpearon con brutalidad.
—Las amenazas actuales… —continuó Tomás— no empezaron conmigo.
Gabriela lo miró confundida.
—¿Qué quieres decir?
Él sonrió lentamente.
—Que hay alguien dentro de tu círculo que ha estado moviendo las piezas desde el principio.
La traición confirmada
Tomás deslizó un sobre sobre la mesa.
Gabriela dudó antes de abrirlo.
Dentro había fotografías.
Registros.
Mensajes impresos.
Y un nombre repetido varias veces.
Claudia.
El aire desapareció de sus pulmones.
—No… —susurró.
—Ella filtra información desde hace meses —dijo Tomás—. Horarios, ubicaciones, decisiones empresariales… todo.
—Estás mintiendo.
—¿Lo estoy?
Gabriela revisó otra hoja.
Transferencias bancarias.
Fechas coincidentes con ataques y amenazas.
Su mente se negó a aceptarlo.
Claudia era amiga. Aliada. Confidente.
—¿Por qué me muestras esto?
Tomás la miró fijamente.
—Porque aunque no quieras admitirlo… sigo siendo el único que nunca te ha mentido completamente.
Ella levantó la mirada, llena de rabia.
—Tú destruiste mi vida.
—No —respondió él suavemente—. Solo mostré quiénes eran realmente las personas a tu alrededor.
León descubre la verdad
Mientras tanto, León despertó sobresaltado.
El departamento estaba vacío.
La nota de Gabriela temblaba entre sus manos.
Un presentimiento oscuro lo atravesó.
Llamó varias veces.
Sin respuesta.
Entonces recibió un mensaje anónimo con una ubicación.
Y una frase:
📩 “Si quieres protegerla, llega antes de que termine la conversación.”
El miedo se transformó en furia.
Tomó las llaves y salió sin pensar.
Decisión imposible
En el café, Gabriela cerró el sobre.
Su mundo entero estaba cambiando otra vez.
—¿Qué quieres de mí ahora? —preguntó.
Tomás respondió sin dudar:
—Que recuerdes quién soy para ti… y que entiendas que León no podrá protegerte de lo que viene.
—Te equivocas —dijo ella con firmeza—. León no me protege porque crea que soy débil… sino porque caminamos juntos.
Por primera vez, la sonrisa de Tomás desapareció.
En ese instante, la puerta del café se abrió con violencia.
León entró.
Sus ojos encontraron a Gabriela… y luego a Tomás.
La tensión fue inmediata.
Silencio absoluto.
León avanzó lentamente.
—Aléjate de ella.
Tomás se levantó con calma.
—Así que tú eres el famoso León.
Gabriela sintió que el aire se volvía electricidad pura.
León miró el sobre sobre la mesa.
—¿Qué le dijiste?
Gabriela dudó.
Ese segundo de silencio fue suficiente para encender algo peligroso en León.
Confianza… o intervención.
Amor… o control.
Su decisión definiría todo lo que vendría después.