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Siempre Te Espere

Siempre Te Espere

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor de la infancia / Pareja destinada
Popularitas:589
Nilai: 5
nombre de autor: sarais

novela juvenil de romance que demuestra que tanto se puede esperar a una persona por amor , también lo que es capaz de hacer una persona por proteger a ser que ama desde la niñez en sus vidas habrá mucho tropiezos y tendrá que salir de ese mundo oscuro para llegar a la persona que siempre la espero

NovelToon tiene autorización de sarais para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cuando la rabia deja de pensar

La casa estaba en silencio.

Un silencio denso, cargado de respiraciones contenidas y llanto reciente.

Eros estaba de pie frente a Nehemia, que tenía a Eric en brazos.

El niño ya no lloraba, pero su carita seguía roja, hinchada.

Los ojos —heredados de su padre — estaban vidriosos.

Asustados.

Demasiado asustados para su edad.

Eros lo miró fijo.

Eric evitaba ruidos bruscos. Se aferraba a la camisa de su tío con una necesidad desesperada de seguridad.

Y algo dentro de Eros se partió.

Cada segundo que lo miraba, la rabia crecía.

No era celos.

No era orgullo.

Era instinto.

Protección.

Míralo… —murmuró Nehemia, con la voz quebrada.

Eros no respondió.

Solo observaba.

Luego escuchó pasos suaves en el pasillo.

Amber.

Marian la ayudaba a caminar. Ya le habían limpiado la sangre, pero los moretones comenzaban a marcarse con claridad en sus brazos, en su rostro, en el cuello.

Eros sintió que la sangre le hervía.

No era un empujón esta vez.

No era una amenaza.

Era brutalidad.

Amber levantó la mirada y, por un segundo, sus ojos se encontraron.

Ella vio algo distinto en los de él.

Oscuridad.

Decisión.

Fue suficiente.

Eros dio media vuelta sin decir una palabra.

Se dirigió a la puerta.

—¿A dónde vas? —preguntó Aslan.

No respondió.

Pero todos lo supieron.

Aslan salió detrás de él de inmediato.

En la sala, Nehemia, aún con el niño en brazos, maldijo en voz baja.

—No…

Le pasó a Eric a Melody con cuidado.

—Sujétalo.

Diego ya tenía el teléfono en la mano.

Marcó con urgencia.

Mihjail escúchame bien —dijo sin preámbulos—. Eros salió. Va para la casa donde recogió a Amber. No lo dejes llegar solo. Está fuera de sí. Dime por dónde va y alcánzalo.

Colgó sin esperar respuesta.

Afuera, Eros ya iba en el auto.

Las manos firmes en el volante.

Los ojos verdes endurecidos.

No pensaba con claridad.

Pensaba con rabia.

¿Qué importa si voy a la cárcel?

¿Qué importa si todo se complica?

Una imagen tras otra:

Amber en el suelo.

El labio partido.

El niño encerrado llorando.

El pensamiento se volvió claro.

Se las paga.

No importaba cómo.

No importaba cuándo.

Pero esa noche…

Esa noche sentía que podía hacerlo.

El motor rugía mientras aceleraba.

Aslan lo seguía desde otro vehículo, intentando alcanzarlo.

El teléfono de Eros vibraba sin parar.

No lo miró.

En su mente solo había una dirección.

Solo una puerta.

Solo un hombre.

Y una furia que ya no sabía distinguir entre justicia y destrucción.

____________

La casa estaba oscura cuando Franco abrió la puerta.

—¿Amber? —llamó con fastidio.

Silencio.

Caminó por la sala. La habitación. La cocina.

Nada.

Su rostro cambió.

Sacó el teléfono.

Primero llamó.

Luego otra vez.

Luego otra.

Luego otra.

Sin respuesta.

Su respiración comenzó a agitarse.

Entonces empezó a escribir.

Un mensaje tras otro.

¿Dónde estás?

¿Te fuiste a llorar donde tus papás?

¿Crees que me vas a dejar en ridículo?

Y luego lo que siempre usaba como arma:

No me obligues a sacar el video.

Lo voy a sacar.

Y esta vez también Eros va a pagar las consecuencias.

Su pulgar golpeó la pantalla con furia.

Envió el último mensaje.

Y en el mismo instante en que dejó el teléfono sobre la mesa…

La puerta explotó hacia adentro.

Eros entró como una bala.

No habló.

No advirtió.

Su puño impactó primero.

Un golpe seco que lanzó a Franco contra la pared.

El segundo llegó antes de que pudiera reaccionar

El tercero.

El cuarto.

No había pausa.

No había palabras.

Solo años de rabia acumulada concentrada en cada golpe.

Franco intentó cubrirse, pero Eros lo tomó del cuello de la camisa y lo estrelló contra el suelo.

—¡No vuelvas a tocarla! —rugió, perdiendo completamente el control.

Sus ojos verdes no tenían humanidad en ese momento.

Solo furia.

Los golpes seguían cayendo.

Sangre.

Un quejido.

Un intento débil de defenderse.

La puerta volvió a abrirse.

Aslan entró corriendo.

—¡Eros, basta!

Intentó jalarlo por los hombros, pero fue como intentar mover una pared.

Eros ni siquiera parecía escuchar.

Estaba ciego.

Ciego de rabia.

Otro golpe más.

Franco ya apenas respondía.

Minutos después, otro auto se detuvo afuera.

Mihjail entró junto a Nehemia.

—¡Sujétenlo! —gritó su padre

Los tres se lanzaron sobre Eros.

Aslan por un brazo.

Nehemia por el otro.

Mijair rodeándolo por la cintura.

Eros forcejeó con una fuerza brutal.

—¡Suéltenme! ¡Lo voy a matar!

Su voz no era la suya.

Era algo primitivo.

Desgarrado.

Necesitaron a los tres.

Entre ellos lograron separarlo a la fuerza.

Franco quedó en el suelo, respirando con dificultad, con el rostro ensangrentado.

Con la poca fuerza que le quedaba, se incorporó apoyándose en la pared.

Escupió sangre al piso.

Y sonrió.

Una sonrisa torcida.

—Ahora sí… —dijo con voz rasposa—. Ahora sí te voy a refundir en la cárcel.

Se limpió la boca con el dorso de la mano.

Me vas a pagar todas las que me has hecho.

Miró a Eros con odio puro.

—Te lo juro.

Eros intentó soltarse otra vez, pero Mihjail lo sostuvo con firmeza.

—¡Basta! —le gritó su padre al oído—. ¡Esto es lo que él quiere!

Eros respiraba agitado.

El pecho subiendo y bajando con violencia.

Por un segundo, su mirada volvió a enfocarse.

Y entendió.

Había cruzado una línea.

Y Franco lo sabía.

La guerra ya no era silenciosa.

Ahora era abierta.

Y peligrosa.

_________

El camino de regreso fue silencioso.

Mijair conducía con el rostro endurecido.

A su lado, Eros respiraba de forma irregular.

Demasiado rápido.

Demasiado fuerte.

Sus manos temblaban.

Cuando llegaron a casa, la puerta se abrió casi de inmediato.

Alana los esperaba.

Solo necesitó mirar a su hijo una vez para entender que algo no estaba bien.

No preguntó.

Se acercó con calma profesional.

—Eros, mírame.

Pero él no la escuchaba. Caminaba de un lado a otro, pasándose las manos por el cabello.

—Lo iba a matar… —murmuraba—. Lo iba a matar.

Su respiración se volvió más errática.

Alana reaccionó de inmediato.

Lo tomó por el rostro con firmeza.

—Respira conmigo. Ahora.

Inhaló profundo.

—Uno… dos… tres…

Exhaló lento.

Le sostuvo las muñecas para evitar que siguiera apretando los puños.

—No estás ahí. Ya pasó. Estás en casa.

Eros cerró los ojos, pero el temblor seguía.

Era un ataque de ansiedad.

Fuerte.

Alana lo sentó en el sofá, manteniendo el tono sereno.

—Mírame. Sigue mi voz.

Mihjail observaba en silencio.

Su hijo, el mismo al que le enseñó a no agachar la cabeza, estaba desmoronándose frente a él.

Y entendió algo que le dolió admitir:

Lo que había pasado esa noche no era solo rabia.

Era algo que venía acumulándose desde hacía tiempo.

Minutos después, la respiración de Eros comenzó a estabilizarse.

El temblor disminuyó.

El silencio se instaló en la sala.

Alana se sentó frente a él.

—Ahora dime qué pasó.

Eros miró a su padre.

Algo en su expresión cambió.

Por primera vez, no había orgullo.

No había desafío.

Solo cansancio.

—Papá… —su voz salió baja—. Hay algo que no sabes.

Mihjail frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

Eros bajó la mirada.

—El chico… el que está en coma…

El aire pareció espesarse.

—Yo no te conté todo.

Alana se tensó.

Mihjail no dijo nada.

Eros tragó saliva.

—No fue solo una pelea.

Las imágenes volvieron a su mente.

La discusión.

El empujón.

El golpe.

La caída.

—Yo lo golpeé más de lo que debía.

El silencio fue absoluto.

Y cuando cayó… —cerró los ojos—. No reaccionaba.

Mihjail sintió un peso en el pecho.

—¿Estás diciendo que…?

—Que si ese muchacho no despierta… —Eros levantó la mirada, finalmente enfrentando la verdad—, puede que yo termine en la cárcel.

Alana se llevó una mano a la boca.

Y Eros continuó, como si al fin se estuviera liberando de algo que lo asfixiaba.

—Franco lo sabe.

Mihjail evantó la cabeza de golpe.

Qué?

—Me vio esa noche papa el estaba hay . Me siguió. Sabe lo que pasó. Y desde entonces me jodió el es su primo

El nombre de Franco quedó suspendido en el aire como una amenaza viva.

—Y se que hay algo más Amber no llegaría a este punto si no hubiera algo más … —continuó Eros—. pero también se que el uso eso de la pelea a su favor.

Mihjail apretó la mandíbula.

Ahora todo tenía sentido.

La tensión.

El silencio.

Las miradas cargadas entre ellos.

—Y hoy… —Eros se inclinó hacia adelante, con los codos en las rodillas—. Hoy cruzó la línea.

Su voz se quebró apenas.

—La dejó en el suelo, papá. A Amber. Y encerró al niño.

El recuerdo encendió otra chispa de furia, pero esta vez Eros la contuvo.

—No me importa ir a la cárcel por mí… —dijo con crudeza—. Pero no voy a permitir que ese hombre los destruya.

Mihjair lo miró largo rato.

Su hijo no era un monstruo.

Era un hombre desbordado.

Y ahora estaban frente a algo mucho más grande que una pelea.

Era un problema legal.

Un chantaje.

Una posible denuncia.

Y un hombre como Franco dispuesto a usarlo todo.

Mihjair se puso de pie lentamente.

—Si él quiere guerra, la va a tener —dijo con voz firme—. Pero no vamos a actuar como él.

Miró a su hijo con seriedad.

Mañana mismo vamos a hablar con un abogado.

Alana asintió.

Eros cerró los ojos un momento.

Por primera vez en semanas, no estaba solo con el peso.

Pero sabía algo con certeza:

Franco no se iba a quedar quieto.

Y lo que había comenzado esa noche…

Apenas estaba empezando.

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