Camila es una chica que no cree en la existencia del amor en la actualidad. Ni en los matches cósmicos, ni muchos menos en los crushes digitales. Tampoco en hombres que dicen ser "diferentes" y te mandan un emoji de aguacate cuando chateas con ellos.
Pero todo cambia en un abrir y cerrar de ojos, cuando su mejor amiga sube un video de ella donde despotrica contra las apps de citas.
El internet la corona como la anti-romantica del año. Likes, memes, entrevistas... Y una cita que puede cambiarlo más.
Ahora ella tiene 2 problemas.
1: es famosa por odiar el romance.
2: se empieza a enamorar.
¿Podrá sobrevivir al algoritmo del amor sin perder la cabeza ni el wi-fi?
Una historia que tratará ofrecer risas sobre lo viral, lo emocional y lo que pasa cuando el amor no pide permiso y hace click.
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Laberinto de amor.
Sofía estaba sentada en la cama, mirando a su amiga caminar de un lado a otro por la habitación. Camila llevaba puesta su típica pijama de Piolín, pantuflas de Piolín y abrazaba un peluche mediano del mismo personaje como si fuera un escudo contra el mundo.
Sofía quería reír, porque la escena era digna de un sketch, pero se contuvo. Sabía que Camila estaba en un dilema que no tenía nada de gracioso.
—Amiga, pareces un ratón atrapado en un laberinto del amor sin salida —dijo Sofía, tratando de suavizar el ambiente.
Camila se detuvo, apretó el peluche contra su pecho y suspiró.
—Es que lo es, Sofía. No sé qué hacer. Si LeoTech es Leonardo Méndez… entonces todo esto es peor.
Sofía arqueó una ceja, intentando ver el lado positivo.
—Bueno, si es el mismo hombre, te has ganado el cielo con semejante creación. O sea, ¿qué más quieres? Un tipo que diseña una app para conectar corazones y que encima se conecta contigo. Eso es como ganarse el Kino Táchira, piolina.
Camila rodó los ojos, aunque no pudo evitar sonreír un poco.
—No lo entiendes. Si es él, me va a odiar por haberle mentido. Yo me escondí detrás de Valery Gatita, y ahora… ahora siento que me enamoré de LeoTech, pero el está enamorado de alguien más.
Sofía se inclinó hacia adelante, con tono serio.
—¿Y qué tiene de malo? El corazón no pregunta quién está detrás de la pantalla. Solo siente. Además, que tal si esa amiga eres tú.
Camila se dejó caer en la cama, aún abrazando al peluche.
—Pero si es Leonardo, yo pierdo. Pierdo el reto, pierdo la credibilidad, y peor… pierdo lo que siento, porque no, no soy yo Sofía.
Sofía la miró con ternura.
—O capaz ganas. Porque si es él, entonces todo esto no fue un error, sino el destino del amor.
Camila cerró los ojos, como si quisiera escapar de sus propios pensamientos. El peluche de Piolín parecía mirarla con ironía, como si supiera que estaba atrapada en un juego que no podía controlar.
—Yo no creo en el destino, Sofía. Pero sí sé que estoy metida en un problema gigante.
El silencio llenó la habitación. Afuera, la ciudad seguía con su bullicio, pero dentro, Camila estaba atrapada en su propio laberinto del amor.
Camila se dejó caer en la cama, aún con su pijama de Piolín y el peluche apretado contra el pecho. Miró a Sofía con ojos cansados.
—Amiga, deja de sobrepensar, estoy segura que ese tal LeoTech esta enamorado de ti, virtualmente pero esta.
—No Sofía, si me hizo esa confesión de que está enamorado de una chica… de su amiga. Así que ya por ahí también sería una pérdida, porque, no soy yo. Así que esa idea tuya es nula. No es posible.
Sofía no pudo evitar reírse, aunque trató de contenerse, pero notaba como su amiga no era capaz de ver más allá.
—¡Camila, basta de ver novelas! Deja de pensar en cosas que no sabes si van a suceder. Al final la app MiMore cumplió su rol: emparejar a dos almas. Y si de verdad estuviera enamorado de una “amiga”, no hubiera abierto una cuenta.
Camila frunció el ceño, dudando.
—¿Y si es cierto? ¿Y si no soy yo? ¿por que me diría eso?
Sofía se acercó, con esa seguridad que la caracterizaba.
—Yo más bien pienso que es una táctica para que al fin se vean. Mira, amiga, el armagedón no va a venir solo porque estés paralizada de miedo por cosas del amor. La vida es una sola, hay que gozarla.
Camila la miró, queriendo creer lo que decía. Sofía, como buena community manager, sabía lo que las redes podían hacer. Por un momento lo había olvidado, pero ahora estaba decidida a darle apoyo a su amiga para que no se desmoronara ni le temiera a la exposición.
Le puso el celular en la mano.
—Escribe la respuesta. Hazlo antes de que llegue el día de tu cuarta cita.
Camila dudó, pero el brillo en los ojos de Sofía la convenció.
En ese momento, la puerta se abrió y entró Maritza, la madre de Camila, con una bandeja de bebidas de chocolate y pan recién hecho. El aroma llenó la habitación.
—Aquí tienen, mis niñas —dijo con una sonrisa pícara. Miró a su hija y añadió— Ese muchacho tiene cara de angel con ascendente a amor verdadero.
Camila se sonrojó, mientras Sofía soltaba una carcajada.
—¿Ves? Hasta tu mamá lo dice.
Camila respiró hondo, tomó el celular y escribió despacio.
> Está bien. Nos vemos en persona.
Al enviar el mensaje, sintió que el corazón le daba un salto. Era como abrir una puerta que había estado cerrada demasiado tiempo.
Sofía la abrazó, Maritza le pasó el pan con chocolate, y por primera vez en mucho tiempo, Camila sintió que no estaba sola en ese laberinto del amor.
Sofía se separó de ella para disfrutar de esa exquisita merienda mientras que Camila se quedó mirando la pantalla del celular después de enviar el mensaje. El corazón le latía tan fuerte que parecía que se le iba a salir por la boca.
Luego Sofía, sentada a su lado, la observaba con una mezcla de orgullo y picardía.
—¿Ves? No pasó nada. El mundo sigue girando, el chocolate sigue estando rico y Piolín sigue siendo amarillo —dijo Sofía, tratando de romper la tensión.
Camila soltó una risa nerviosa, abrazando su peluche.
—No sé, Sofía. Siento que acabo de abrir una puerta que no sé si quiero cruzar.
Sofía le dio un golpecito en el brazo.
—Amiga, basta de dramas. Tú misma dijiste que el amor no era para ti, pero mírate ahora, paralizada por un mensaje. Eso ya dice mucho.
En ese momento, Maritza entró con otra bandeja, le trajo unas arepitas dulces.
—Aquí tienen, para que no se me desmayen de tanto pensar en el amor —dijo con su sonrisa pícara.
Camila la miró con resignación.
—Mamá, ¿tú también?
Maritza se sentó en la orilla de la cama, mirándola con ternura.
—Claro, hija, ya te dije que ese muchacho tiene cara de ascendente a amor verdadero. Y tú, aunque te hagas la dura, ya estás metida hasta el cuello.
Camila se tapó la cara con el peluche de Piolín, mientras Sofía estallaba en carcajadas.
—¡Ascendente a amor verdadero! Señora Maritza, deberías abrir una cuenta en Instagram.
Maritza se levantó, orgullosa.
—No necesito Instagram, yo leo las caras mejor que cualquier coach emocional.
El ambiente se llenó de risas, pero Camila seguía con el corazón apretado. Sabía que había dado un paso importante. El mensaje estaba enviado, y ahora no había vuelta atrás.
Se recostó en la cama, mirando el techo.
—Bueno… ya está hecho. Si es Leonardo, que sea lo que tenga que ser. Y si no lo es… pues que Piolín me acompañe en la derrota.
Sofía le lanzó una almohada.
—¡Deja de hablar como si fueras protagonista de una novela vieja! La vida es una sola, y tú acabas de darle play a un capítulo nuevo.
Camila sonrió, aunque por dentro seguía temblando. El laberinto del amor se había vuelto más complicado, pero al menos ya había decidido caminar hacia adelante.
acertaste