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Bajo El Nombre Valemont

Bajo El Nombre Valemont

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Magia
Popularitas:857
Nilai: 5
nombre de autor: Araknealeg

En la Casa Valemont, el amor es una debilidad y la sangre solo tiene valor mientras sea útil.
Seraphine Valemont, la hija menor de uno de los ducados más poderosos del reino, ha crecido rodeada de conspiraciones, rivalidades y silencios capaces de destruir familias enteras. Mientras sus hermanos luchan entre sí por poder y supervivencia bajo la mirada implacable de su padre, ella oculta un secreto que bastaría para condenarla a la hoguera: magia.
Pero sobrevivir en la nobleza exige algo peor que esconderse.
Exige aprender a manipular, mentir y convertirse en aquello que más detesta.
Mientras la aristocracia persigue brujas públicamente y las utiliza en secreto, Seraphine comenzará a construir una red clandestina de poder entre sombras, traiciones y pactos peligrosos.
Porque en la Casa Valemont, los monstruos no nacen.
Se crean.

NovelToon tiene autorización de Araknealeg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap 21. El Lenguaje de las Sonrisas.

......................

La nieve había dejado de caer cuando partieron de Valemont.

El cielo seguía gris, pesado, cubriendo el mundo con una luz pálida que hacía parecer enfermos incluso a los bosques. El carruaje avanzaba lentamente por el camino helado mientras los caballos exhalaban vapor blanco hacia el aire frío.

Dentro del carruaje principal reinaba un silencio elegante y agotador.

Evelyne hojeaba distraídamente un pequeño libro sin leer realmente. Lady Vivienne conversaba suavemente con otra noble sobre telas importadas. Y Seraphine observaba el paisaje tras la ventana empañada.

Árboles desnudos. Niebla baja. Pequeños pueblos cubiertos por humo gris.

Libertad parcial.

Era extraño.

Por primera vez en años salía oficialmente del territorio inmediato de Valemont sin estar rodeada únicamente por familia o sirvientes.

Y aun así seguía sintiendo el mismo peso en el pecho.

Porque el mundo noble no cambiaba realmente. Solo cambiaban los escenarios.

El carruaje se sacudió levemente al pasar sobre piedra irregular.

—Pareces preparada para una ejecución —comentó Evelyne sin levantar la vista del libro.

Seraphine apartó la mirada de la ventana.

—Quizá lo estoy.

Eso hizo que su hermana sonriera apenas.

—Relájate un poco. Nadie intentará asesinarte en una reunión de té.

—Eso suena peligrosamente optimista.

—Entonces reformulo: probablemente nadie intentará asesinarte.

Lady Vivienne soltó una pequeña risa elegante.

—Qué encantadora dinámica familiar tienen.

Evelyne cerró finalmente el libro.

—Es más eficiente asumir malas intenciones desde el inicio.

—Eso explica muchas cosas sobre los Valemont —dijo otra noble.

Seraphine volvió la mirada hacia afuera.

No quería participar en conversaciones vacías.

Pero sí estaba pensando en algo importante:

la reunión de hoy.

No era únicamente social.

Nunca lo eran.

Las reuniones aristocráticas funcionaban como campos de batalla refinados: alianzas, rumores, promesas, evaluaciones.

Las hijas eran observadas. Comparadas. Medidas.

Y ahora ella formaba parte de eso oficialmente.

El pensamiento le producía irritación.

Y algo más.

Curiosidad.

La residencia Ardent apareció entre la niebla cerca del mediodía.

Era enorme.

No tan intimidante como Valemont, pero mucho más luminosa. Las paredes de piedra clara, las ventanas altas y los jardines cubiertos de nieve le daban una apariencia casi elegante en lugar de opresiva.

Mentira visual.

Seraphine ya sabía que los lugares más hermosos solían esconder las peores conversaciones.

Los carruajes nobles llenaban parcialmente la entrada principal.

Escudos familiares. Guardias. Sirvientes corriendo entre escaleras de mármol.

El aire olía a humo de leña y perfume caro.

Cuando descendió del carruaje, varias miradas se dirigieron inmediatamente hacia ella.

Claro.

Cabello negro Valemont. Ojos rojos. Demasiado distintiva para pasar desapercibida.

Seraphine mantuvo postura impecable mientras subían las escaleras principales.

No mires nerviosa. No mires impresionada. No mires incómoda.

La nobleza olía debilidad igual que sangre.

Dentro, la residencia estaba llena de luz cálida y conversaciones suaves.

Mujeres nobles vestidas de invierno caminaban entre salones decorados con flores blancas, velas doradas y enormes ventanales que daban hacia jardines cubiertos de nieve.

La música de un piano sonaba a lo lejos.

Demasiado elegante.

Demasiado calculado.

—Lady Evelyne Valemont.

Una mujer mayor descendió lentamente por la escalera principal.

Alta. Refinada. Vestida completamente de gris plateado.

Madre Superiora Ardent.

Seraphine reconoció inmediatamente la autoridad en su postura.

No necesitaba alzar la voz para controlar una habitación.

—Es un honor recibirlas —dijo la mujer con una sonrisa perfectamente medida.

Evelyne inclinó apenas la cabeza.

—Gracias por invitarnos.

La mujer entonces dirigió la mirada hacia Seraphine.

Y algo cambió apenas en sus ojos.

Interés.

—Así que tú eres Seraphine.

No sonó como una pregunta.

Seraphine sostuvo la mirada con calma.

—Madre Superiora.

La mujer sonrió apenas más.

—Tus ojos son exactamente como los rumores describen.

Mierda.

La frase fue ligera. Casi amable.

Pero Seraphine sintió inmediatamente tensión bajo la piel.

Porque los rumores nunca eran inocentes.

Antes de que pudiera responder, otras jóvenes nobles comenzaron a acercarse lentamente.

Curiosas.

Observándola.

Como animales elegantes evaluando algo nuevo.

Perfecto.

Justo lo que necesitaba.

Una hora después, Seraphine entendió rápidamente por qué Evelyne odiaba esas reuniones.

Eran agotadoras.

No físicamente.

Mentalmente.

Cada conversación escondía intenciones.

Cada sonrisa medía valor político.

Y todas las jóvenes nobles parecían entrenadas desde nacimiento para destruirse entre sí con amabilidad perfecta.

—Lady Seraphine, ¿es verdad que Valemont tiene más soldados que algunas ciudades?

—¿Tu hermano Cassian realmente nunca sonríe?

—Escuché que tu familia mantiene lobos en las montañas del norte.

—¿Tus ojos son hereditarios?

Esa última pregunta vino acompañada de una sonrisa demasiado curiosa.

Seraphine observó a la chica frente a ella.

Cabello rubio claro. Vestido azul pálido. No mayor de dieciséis.

Lady Marianne Delcroft.

Había escuchado el nombre antes.

Familia rica. Poca influencia militar. Demasiada obsesión por rumores.

—Sí —respondió Seraphine tranquilamente—. No son producto de una maldición, si eso te preocupa.

Varias jóvenes soltaron pequeñas risas.

Marianne sonrió con incomodidad elegante.

—No quise insinuar eso.

Sí quiso.

Pero Seraphine decidió dejarlo pasar.

Otra chica intervino rápidamente.

—Tu vestido es hermoso.

—Gracias.

—¿Es seda de Varethis?

Seraphine ni siquiera sabía.

Pero Evelyne apareció antes de que tuviera que responder.

—Por supuesto que lo es.

Perfecta mentira automática.

La conversación continuó entre comentarios superficiales y observaciones disfrazadas de cumplidos.

Y Seraphine comenzó lentamente a comprender algo importante:

la nobleza femenina combatía diferente.

Los hombres amenazaban directamente. Competían. Buscaban poder visible.

Las mujeres destruían reputaciones con frases suaves y sonrisas perfectas.

Mucho más peligroso.

Más tarde, finalmente logró escapar momentáneamente hacia una galería lateral más silenciosa.

Necesitaba respirar.

La residencia Ardent estaba demasiado llena de voces, perfumes y miradas analíticas.

Se apoyó levemente contra una columna de mármol observando el jardín nevado exterior.

—Pareces decepcionada.

Seraphine giró apenas la cabeza.

Aeron Arden.

Por supuesto.

Él llevaba ropa oscura sencilla comparada con otros nobles presentes. Menos decorativa. Más práctica.

Y otra vez tenía esa expresión tranquila de alguien que observaba demasiado.

—Estoy cansada —respondió ella.

Aeron se colocó junto a la ventana, manteniendo distancia.

—Las reuniones nobles tienen ese efecto.

—¿Y aun así viniste?

—Mi familia cree que debo “socializar”.

La forma seca en que dijo la palabra casi hizo que Seraphine sonriera.

Casi.

Silencio breve.

Desde el salón principal llegaban risas suaves y música de piano.

Aeron observó el jardín nevado.

—La mitad de la sala está intentando decidir con quién terminará casándose cada persona antes del invierno próximo.

—La aristocracia necesita nuevos hobbies.

—O guerras. Suelen entretenerlos bastante.

Seraphine lo miró de reojo.

—Hablas como si odiaras todo esto.

Aeron tardó un momento en responder.

—No odio la política. Odio fingir que la gente es sincera.

Interesante respuesta.

Demasiado sincera precisamente.

Seraphine cruzó ligeramente los brazos.

—Nadie aquí es sincero.

—Tú menos que todos.

Eso hizo que el ambiente cambiara apenas.

Más tenso.

Más íntimo de una manera incómoda.

Porque no sonó como coqueteo. Ni como provocación simple.

Sonó como observación genuina.

Seraphine sostuvo su mirada.

—¿Y eso te molesta?

Aeron negó apenas.

—No. Solo intento entenderte.

Mierda.

Eso era peor.

Mucho peor.

Porque la mayoría de personas observaban a Seraphine por belleza, apellido o utilidad política.

Aeron parecía observarla como un problema sin resolver.

Y eso comenzaba a ponerla nerviosa.

Antes de que pudiera responder, otra voz interrumpió.

—Así que aquí estaban escondidos.

Un joven alto apareció desde el corredor lateral.

Cabello castaño oscuro. Ropa impecable. Sonrisa demasiado confiada.

Seraphine lo reconoció inmediatamente.

Kael Monterris.

Heredero menor de una familia aliada a la corona.

Famoso por: duelos, escándalos, y romances breves.

Perfecto.

Kael sonrió ampliamente.

—Lady Seraphine. Finalmente entiendo por qué media sala no deja de mirarte.

Seraphine mantuvo expresión neutral.

—Qué comentario tan original.

Eso provocó una risa genuina en él.

—Ah. Tiene dientes. Interesante.

Aeron observó la interacción en silencio.

Demasiado silencio.

Kael continuó:

—¿Puedo robarte unos minutos o Valemont ejecuta gente por eso?

—Depende del día.

—Excelente respuesta.

Había algo irritantemente cómodo en Kael.

Como si hablara con todos igual sin importar rango o consecuencias.

Peligroso a su manera.

Pero menos calculador que otros nobles.

Eso lo hacía más soportable.

Quizá.

La conversación derivó lentamente hacia temas más ligeros: cacerías, familias nobles, rumores absurdos de la capital.

Y por primera vez en mucho tiempo, Seraphine se encontró escuchando conversaciones que no involucraban amenazas directas o cadáveres.

Extraño.

Demasiado extraño.

Pero incluso ahí, algo dentro de ella permanecía alerta.

Porque mientras hablaban…

Notó algo.

Una de las sombras del corredor se movió apenas.

Solo un instante.

El corazón se le tensó inmediatamente.

No.

Controla la expresión.

Continuó escuchando a Kael hablar mientras intentaba concentrarse.

La sombra permaneció quieta otra vez.

Mierda.

La magia comenzaba a reaccionar incluso fuera del castillo.

Eso era malo.

Muy malo.

Las emociones influían demasiado.

Y últimamente vivía permanentemente tensa.

Aeron la observaba nuevamente.

Como si hubiera notado el cambio mínimo en su expresión.

—¿Ocurre algo? —preguntó.

—No.

Respuesta demasiado rápida.

Kael arqueó apenas una ceja.

Pero antes de que insistieran, un sirviente apareció anunciando el inicio del té formal.

Perfecta distracción.

Todos comenzaron a regresar lentamente hacia el salón principal.

Seraphine caminó junto a ellos manteniendo postura impecable mientras intentaba ignorar el frío bajo su piel.

Las sombras estaban respondiendo más rápido.

Más fácil.

Y eso no la hacía sentir poderosa.

La hacía sentir observada.

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