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CAPÍTULO 20-Ecos tras la sangre.
El ala oeste nunca había estado tan expuesta.
Durante años fue un rincón olvidado, aislado por voluntad y conveniencia. Un lugar donde el silencio cubría secretos que nadie quería nombrar.
Pero esa noche…
El secreto había sangrado.
Y ya no podía ocultarse.
Sacha sostenía la mano de Simone con cuidado mientras un guardia avanzaba por los pasillos.
Era la primera vez que cruzaba esas puertas sin esconderse.
La primera vez que caminaba por el ducado como alguien visible.
Los sirvientes se apartaban.
Algunos bajaban la mirada.
Otros… no podían evitar observar.
Confusión.
Miedo.
Y algo más.
Reconocimiento.
La sangre en el vestido de Simone marcaba el camino como una advertencia.
—Resiste… —susurró Sacha, con voz firme, aunque por dentro todo en ella temblaba.
Simone respiraba débilmente, pero ya no estaba al borde.
La intervención del emperador había hecho lo suficiente.
No para curarla.
Pero sí para salvarla.
Al llegar a las habitaciones principales, Sofía abrió la puerta con urgencia.
—¡Rápido, aquí!
Colocaron a Simone sobre la cama.
Sacha no soltó su mano.
Ni un segundo.
—Llamen al médico —ordenó Sofía con autoridad.
Un sirviente salió corriendo.
El silencio que quedó fue tenso.
Denso.
Sacha no apartaba la mirada del rostro pálido de su hermana.
—No te atrevas a irte… —murmuró.
Simone no respondió.
Pero su mano…
Apretó levemente la de Sacha.
Y eso fue suficiente.
El médico llegó poco después.
Un hombre mayor, experimentado, con manos firmes y ojos atentos.
Se detuvo apenas un instante al ver a Sacha.
Como si entendiera algo.
Como si la reconociera… nada de esto era normal.
Pero no hizo preguntas.
Se acercó a Simone.
Revisó la herida.
Trabajó en silencio.
Preciso.
Profesional.
El tiempo pareció alargarse.
Hasta que finalmente—
—Vivirá.
Sacha cerró los ojos.
Un suspiro que no sabía que estaba
conteniendo escapó de su pecho.
—La herida fue profunda, pero no alcanzó órganos vitales —continuó el médico—.
Necesitará reposo… pero está fuera de peligro.
Sofía se apoyó contra la pared, aliviada.
—Gracias a Dios…
Sacha no dijo nada.
Solo observó a Simone.
Más tranquila ahora.
Más… viva.
—Voy a preparar un ungüento más fuerte —añadió el médico—. Y volveré en unas horas.
Se retiró.
Pero antes de salir…
Miró a Sacha una vez más.
Con respeto.
Y con cautela.
Muy lejos de allí…
En un lugar donde la luz no entraba
fácilmente.
El espía escribía.
Su mano se movía con rapidez.
Pero no con nerviosismo.
Sino con urgencia calculada.
“El objetivo ha sido confirmado.
La niña posee habilidades que superan lo
esperado.
Dos de los ejecutores han caído.
No por error… sino por imposibilidad de respuesta.”
Se detuvo un momento.
Recordando.
La presión.
El aire quebrándose.
Los cuerpos suspendidos.
—…no es una simple portadora —murmuró.
Continuó escribiendo.
“El emperador ha intervenido personalmente.
Su presencia confirma que el imperio ya está involucrado.
La situación ha escalado.”
Selló la carta.
Sus ojos se endurecieron.
—Ahora sí… vendrán todos.
Y entregó el mensaje.
Destino:
El templo.
En el palacio imperial…
La noche tampoco había sido tranquila.
El emperador estaba de pie frente a un gran ventanal.
Las sombras a su alrededor se movían suavemente.
Como si respiraran con él.
Detrás de él…
Sus padres.
El emperador anterior.
Y la ex emperatriz.
Ambos observaban en silencio.
—No sueles convocarnos a estas horas —dijo finalmente el ex emperador.
Su voz era grave.
Medida.
—Porque no suelo encontrar algo así —
él.
Se giró lentamente.
Sus ojos… eran distintos.
Más profundos.
Más oscuros.
—Hay una niña en el ducado Echeverría.
La ex emperatriz frunció el ceño.
—¿La hija desaparecida?
—Sí.
Silencio.
—Está viva.
—Eso ya es un problema —murmuró el ex emperador.
—No —corrigió el emperador—. Eso es lo
menos importante.
Ambos lo miraron.
—Tiene poder.
Esa vez…
El silencio fue más pesado.
—¿Qué tipo de poder? —preguntó la ex emperatriz.
El emperador no respondió de inmediato.
Recordó.
La presión.
La distorsión.
La forma en que la realidad misma parecía ceder ante ella.
—Uno que no debería existir sin ser detectado.
El ex emperador entrecerró los ojos.
—Entonces el templo ya lo sabe.
—Sí.
—¿Y tú?
Una leve pausa.
—Ahora también.
La ex emperatriz suspiró.
—Esto puede desatar una guerra.
El emperador no negó.
—Por eso vamos al ducado.
Ambos lo miraron.
—¿Vamos?
—Sí —respondió él—. No como corte.
No como espectadores.
Sus sombras se movieron ligeramente.
—Como aliados.
El amanecer llegó con un movimiento inusual.
Caballos preparados.
Carruajes alineados.
Guardias armados.
No era una visita.
Era una declaración.
El convoy imperial avanzó hacia el ducado sin ocultarse.
Sin discreción.
Como un mensaje claro:
El imperio estaba entrando en juego.
En el ducado…
La noticia llegó antes que ellos.
—¡La familia imperial viene en camino!
El caos fue inmediato.
Sirvientes corriendo.
Puertas abriéndose.
Órdenes cruzadas.
Pero ya era tarde para preparar apariencias.
Porque la verdad…
Ya estaba expuesta.
Sacha permanecía junto a Simone cuando
Sofía entró apresuradamente.
—Vienen.
Sacha levantó la mirada.
—Lo sé.
No lo dijo con sorpresa.
Sino con certeza.
Se levantó lentamente.
—Quédate con ella.
Sofía asintió.
—Ten cuidado.
Sacha no respondió.
Salió.
Por el pasillo.
Hacia el encuentro.
El sonido de los caballos llenó el aire.
El carruaje imperial se detuvo frente a la entrada principal.
Los guardias se alinearon.
Las puertas se abrieron.
Primero descendió el emperador.
Luego—
Después los ex emperadores.
Dos figuras más.
Los príncipes.
El príncipe Edward.
Y Dominic.
Ambos observaban el lugar con atención.
Pero fue cuando Sacha apareció…
Que todo cambió.
Se detuvo frente a ellos.
Sin inclinarse.
Sin temblar.
Simplemente…
De pie.
Edward la miró con curiosidad.
Dominic… con algo más profundo.
—Así que eres tú —dijo Edward con una leve sonrisa.
Sacha no respondió.
Su atención estaba en otro.
El emperador.
—Tenemos que hablar —dijo él.
Sacha sostuvo su mirada.
—Sí.
Minutos después…
En un despacho cerrado.
Solo ellos dos.
El silencio era distinto.
Más directo.
Más honesto.
—Sabes que vendrán por ti —dijo el emperador.
Sacha no negó.
—Ya lo hicieron.
—Y volverán.
Una pausa.
—Más preparados.
Sacha cruzó los brazos.
—Que vengan.
Las sombras del emperador se movieron levemente.
—No es tan simple.
Sacha lo miró fijamente.
—Entonces explícalo.
Y por primera vez…
El emperador sonrió apenas.
No por diversión.
Sino por reconocimiento.
—Tu existencia… rompe el equilibrio.
Silencio.
—Y eso… nunca queda sin respuesta.
Sacha no bajó la mirada.
—Yo tampoco.
El aire entre ellos cambió.
No como amenaza.
Sino como entendimiento.
Dos fuerzas.
Distintas.
Pero similares.
—Entonces tendremos que decidir —dijo él.
—¿Qué cosa?
El emperador dio un paso más cerca.
Las sombras se tensaron ligeramente.
—Si esto…
Se convierte en guerra.
El emperador la observó con detenimiento.
Como si intentara descifrar no solo su poder… sino todo lo que la rodeaba.
—Hay algo que no encaja —dijo finalmente—.
Si posees una habilidad así… ¿por qué tu padre te ocultó? ¿Por qué nunca habló de ti… ni de tu poder?
El silencio se tensó apenas un instante.
Pero Sacha no dudó.
Ni un segundo.
Una leve expresión de desdén cruzó su rostro.
—Porque el duque… es un idiota.
El emperador no reaccionó, pero sus sombras se agitaron apenas.
—Me ocultó por ambición —continuó ella con frialdad—. Pensó que manteniéndome fuera del ojo público… podría asegurar el ducado para su hija favorita.
Sus ojos brillaron con algo más oscuro.
—Pero no tiene la menor idea de lo que soy.
Una pausa.
Corta.
Cortante.
—Jamás supo de mis poderes.
El emperador entrecerró los ojos.
—Entonces actuó a ciegas…
—Actuó por egoísmo —corrigió Sacha—.
Creyó que esconderme lo beneficiaría.
Su voz bajó apenas.
Más peligrosa.
—Nunca imaginó… que lo que escondía… podía destruir todo lo que intentaba proteger.
El aire en la habitación se volvió más pesado.
Las sombras del emperador respondieron a esa tensión.
Como si reconocieran algo en ella.
—Eso lo hace más peligroso de lo que parece
—murmuró él.
Sacha lo miró fijamente.
—No.
Negó suavemente.
—Eso lo hace irrelevante.
El silencio que siguió…
No fue incómodo.
Fue inevitable.
Y afuera…
El mundo ya comenzaba a moverse en esa dirección.