Victoria Pérez descubre un secreto íntimo y peligroso de su jefa, Christina Jonas. Una verdad capaz de destruir la imagen impecable de una mujer con un matrimonio perfecto… y de abrirle a una simple empleada la puerta a un sueño que siempre le fue negado.
Convencida de tener el control, Victoria decide usar ese secreto para avanzar. Pero la extorsión se vuelve contra ella cuando el poder cambia de manos y el precio deja de pagarse con silencio o ambición, para exigirse en obediencia y entrega.
¿Qué sucede cuando los límites morales se quiebran y el cuerpo se convierte en moneda de cambio? A veces, la verdadera trampa no es la obligación… sino el deseo que despierta.
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UN CAFÉ Y UNA URGENCIA
NARRADOR
Victoria se sentía acalorada. No estaba acostumbrada a las propuestas indecentes ni tampoco a los hombres que le hablaban de manera tan directa. ¿Por qué de pronto el primo de su jefe la consideraba una sumisa? Para colmo aún no superaba lo que él horóscopo decía y sospechaba que su jefe también creía que ella era como las mujeres que a él lo visitaban.
Ella se había colocado su pijama que consistía en un pequeño short y una blusa de tirantes. Eran prendas con las que no saldría a la calle, pero para dormir eran cómodas. Estaba por meterse a la cama cuando alguien llamó a su puerta.
--Señorita Pérez, soy yo, ¿Puede abrir?-- Ella se preocupó por el horario y abrió sin considerar como estaba vestida
Al abrir la puerta, Trevor entró y cerró.
--Señor Montalvo, ¿Qué hace aquí?-- Preguntó y recién cuando notó como él la observaba se dió cuenta de la piel que estaba enseñando
Trevor no hizo comentarios, simplemente la observó en silencio. Su sencillez era llamativa y aunque parecía no estar vestida para seducir, era notorio que ella llamaba la atención.
--Ante todo espero que no se sienta insultada por lo que voy a decirle. Usted debe saber que la decisión es suya y que su palabra es ley en este momento-- Ella se preocupó y se sentó en la cama. Sentía que sus piernas dejarían de sostenerla debido a los nervios
--Lo escucho, ¿De qué se trata?-- Preguntó en un hilo de voz
--Usted despertó el interés de Bastian. Él está interesado en verla en algún lugar más privado. Creo que me entiende...- Victoria lo miró a los ojos
Ella estaba trabajando junto a Trevor con el fin de seducirlo a él, pero el interesado era su primo. ¿Algo podría salir peor?
--Señor, creí haber dejado todo claro. Yo no soy una sumisa y a su primo no lo conozco para tener algo más...-- Trevor hizo un asentimiento
--Yo eso no lo sé, señorita Pérez. Si le comunico esto es porque tal vez usted creía que al viajar por trabajo no podría divertirse en sus ratos libres-- Hizo una pequeña pausa-- Mientras su vida personal no perjudique su trabajo ni interfiera en sus labores, es libre de hacer lo que desee
--Libre o no, no me acostaría con su primo. Le aseguro que no soy una sumisa. Así lo fuera, debería confiar en el hombre y apenas acabo de conocerlo. Un desconocido no hará conmigo lo que desee-- Trevor la observó. Ella parecía molesta y de pronto recordó la revista, así como también las miradas escandalizadas en la oficina
--¿Está segura de lo que está diciendo? ¿Usted cree que una sumisa no tiene control del encuentro con un dominante?-- Victoria lo miró a los ojos, confundida y avergonzada
--No sería correcto responder eso-- Desvió su mirada incómoda
--No va a huir de esta conversación, señorita Pérez. Dígame qué piensa. La he observado los lunes en la oficina y también cuando la envié a comprar-- Hizo una pausa... la necesaria para mover un sofá individual y colocarlo frente a Victoria
Trevor se sentó frente a ella, sus piernas se rozaban.
--¿Cree que soy un monstruo, señorita Pérez? Usted juzga mis gustos y mis deseos, ¿Cree que no me doy cuenta?-- Ella volvió a temblar. No sabía que decir
--Señor, yo no lo cuestiono, pero... no sería el experimento de alguien y mucho menos si es de una persona que acabo de conocer-- Trevor sonrió
--No me respondió
--No creo que sea un monstruo. Se que... esas mujeres lo visitan de forma voluntaria, aunque no entiendo... por qué si está casado con la señora Christina...-- Ella se detuvo, asustada
--Somos... incompatibles. No me sorprendería que ella también me engañe-- Dijo resuelto. Sin dolor, sin celos y eso la llevó a cuestionarse ¿Qué clase de matrimonio tenían?
Victoria se puso de pie. Sentía que la cercanía era asfixiante. La tensión podría cortarse con un cuchillo.
Trevor la imitó. La detuvo tomándola por los hombros para que dejara de caminar.
Su mano elevó su rostro para que lo mirara a los ojos.
--Victoria. No debería juzgar lo desconocido. Si fuera otro hombre...- Se acercó más. Sus respiraciones se mezclaron-- ...en este momento la sacaría de su error, pero... no avanzo sin un contrato que me autorice
Él se alejó y fue hacia la puerta. La miró de nuevo.
--Que tenga buenas noches-- Deseó y se fue
Trevor se dirigió a su habitación y le envió un mensaje a Bastian. Victoria no estaría con él.
Él pensó en lo que había ocurrido unos momentos atrás. Podría haberla besado. Ella no hubiera puesto resistencia. Estaba seguro.
Victoria se quedó en el mismo sitio, paralizada. Pensaba en lo que acababa de pasar y no tenía respuesta.
--Si renuncio... voy presa, pero... si sigo adelante con esto... que Dios me ayude- Dijo convencida
Él iba a destrozarla físicamente. Estaba segura. ¿Una virgen con él? Eso no podría salir bien, no había lógica para que lo hiciera. Además... dónde planeara usar esos tapones en su cuerpo presentaría la renuncia y al diablo las consecuencias.
En el tiempo que llevaba trabajando a su lado lo había conocido bastante. Había visto muchas cosas y también las había escuchado. Cualquier mujer en su lugar estaría aterrada.
Trevor, por su parte, había comprobado que su secretaria probablemente se ajustaría a lo que necesitaba. Quería rendición completa, alguien que lo dejara saciar sus deseos. El problema era que no le gustaban las mujeres inexpertas y ella lo era. El segundo problema, su edad.
Dormir, para Victoria, fue casi imposible. Estaba agitada por lo que había ocurrido. Si cerraba los ojos volvía a sentir la cercanía de Trevor y recordaba sus palabras, su expresión al decirlas. Él no titubeaba. Avanzaba cuando estaba seguro y esa noche... algo en ella le había dado la seguridad de hacerlo.
Ella contó los minutos. Debía cumplir su labor. Tenía que llevar el café a las diez y lo hizo aunque sus piernas temblaban. Hasta había olvidado ir a orinar debido a la tensión.
Trevor abrió la puerta y la dejó pasar. La vio apretar las piernas y sonrió. Creía que ella lo deseaba y que no podía ocultarlo más.
--¿Por qué aprieta sus piernas, señorita Pérez?-- Preguntó directamente
--No tuve tiempo de orinar. Es una urgencia... necesito su baño-- Ella corrió sin detenerse dejándolo con el café en sus manos y una sonrisa
ahora se va hacer la ardida 😡😡 ojalá no se dejen al chantaje de esta