Dos hermanas en sociedad, Solo una será la protagonista y la otra esposa del Cruel Villano
– No dejaré que se escape mi lindo Villanito -
Esta vez la historia seguiría el curso pero ya no será al antigua hermana de la protagonista quien lloraba y hará tímida, en ella hay alguien poderosa y más terrorífica que el mismo Villano
🔞 Algunas escenas son explícitas
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Una oscuridad que crece
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Una vez lista, fue a terminar lo antes posible con el tema de su padre; estaba más que ansiosa por volver a ver a su duque.
«Mi cuerpo está cada vez más caluroso…» Pensó mientras llegaba.
No pudo evitar morder su labio al ver a Eric serio sentado en ese sillón; ya lo estaba comiendo con la mirada.
Él lo notó y curvó los labios en una mueca maliciosa, también levantó la ceja al sentir el dulce aroma que emanaba de ella. «Puede ser que esté en ese día…» Pensó apretando los dientes al ver a Francisco muy sonriente.
– Lamento la demora.–
– Veo que le gusta entrenar, duquesa. Nunca vi a una mujer con armadura; fue realmente sorpresivo.–
– Sí, es muy bueno saber defenderse en cualquier momento…–
Eric se acercó más a ella, rodeándola con su mano en la cintura. Aylin sintió más calor y se aclaró la garganta. «¿Qué me pasa? Por Dios…» Pensó.
– Vengo por su padre. Sabrá que se rumorea que está involucrado con la reina… ¿Sabe algo al respecto?–
– Lo escuché… Pero no le mentiré: mi padre nunca me contaría si eso pasara, porque siempre salía con las mujeres del burdel de Vitirud.–
El duque no tenía que mostrarse con mujeres de burdel, y eso todos lo sabían. Aylin no iba a mentir, tampoco quería que alguien más se llevara la oportunidad de vengarse del tonto de su padre. Si salía ileso de esto, bien; pero si no, lo visitaría en las celdas.
Francisco notó que no mentía, pero intuía que el rey lo mandaría a la guillotina.
– Ya veo. Si se la llamara para ayudarlo, ¿lo haría?–
– No veo por qué no. Regí puede ser muchas cosas, pero no es tonto como para meterse con la reina… ¿No cree?– Levantó la ceja.
Francisco curvó los labios en una sonrisa astuta; no era ninguna tonta, y eso lo supo de inmediato.
– Ya veo… Su hermana juró que él tenía algo que ver…–
Eric y Aylin se miraron: seguro que si estaba a su favor investigarían lo sucedido, o encontrarían que no había nada… O quizás era solo una forma del príncipe de ver qué responderían.
– Eso sí que es raro… No hablaré por mi hermana; debe tener sus motivos para decirlo, alteza…–
– Pienso lo mismo…–
Eric recibió una llamada de sus sombras imperiales, así que se retiró un momento, dejándolos solos.
– Veo que se lleva bien con el duque… ¿Lo ama?–
– Nos entendemos muy bien… Apenas llevamos unos meses juntos, lo quiero y espero poder llegar a amarlo de verdad.–
Francisco asintió, aunque aún dudaba. – ¿Y sobre sus rumores? ¿No piensa en ello? Podría tener a un hombre mejor.–
Aylin sonrió; sabía adónde iba con esa pregunta y le sorprendió que fuera tan directo. Aunque después de todo, era digno de ser un gran rey en el futuro —uno de los más grandes.
– No me importa, alteza. No quiero otro hombre; puede haber muchos perfectos, pero ninguno será mi esposo. Lo quiero a él y espero que pueda entenderlo… Usted será un gran rey en el futuro, y sería bueno dejar esto claro y ser aliados. Podría ayudarlo mucho.–
Francisco sonrió con astucia. «Magnífica… Realmente magnífica.» Vio llegar a Eric y se paró.
– Agradezco sus palabras y las tomaré en cuenta. Duque, tiene una esposa maravillosa.– Le tendió la mano. Eric levantó la ceja y la tomó. – Esperen mi llamado; creo que les interesará saber lo que estoy investigando cuando tenga resultados.–
– Claro… Saludos a mi hermana; seguro estará muy triste estos días.– Dijo burlona Aylin.
Francisco sonrió. – Le mandaré sus saludos; será la primera en saber sus notas.–
Sin más, el príncipe tomó el carruaje. Había encontrado una buena aliada y, en el futuro, una gran amiga. Le daría una oportunidad al duque mujeriego solo porque ella había hablado en serio.
– ¿Qué fue eso…?– Preguntó Eric.
– El príncipe sabe muy bien que no es verdad lo que pasó… Y tenías razón: no quiere el matrimonio.–
– Ese maldito… ¿Te insinuó algo?–
Eric la agarró por la cintura; sintió con más fuerza su dulce aroma.
– ¡Ay, carajo! ¿Qué me pasa?– Se abanicó. – No me insinuó nada; preguntó si preferiría a otros hombres mejores.–
Eric le tocó la frente: estaba hirviendo. – ¿Y lo harías?–
– Le dije que aunque hubiera millones de ellos, para mí eres tú a quien quiero… ¿No tienes calor?–
– Aylin… Estás en celo.–
– ¿Qué? No soy un animal…–
– Sí lo estás. Debemos subir a la habitación; no es seguro estar aquí…– Eric ya podía sentir cómo su olor se esparcía, y no era bueno con tantos vampiros cerca. – Te ayudaré, cariño.–
En un instante estaban en la habitación. Aylin empezó a quejarse mientras sentía sus piernas temblar y su intimidad calentarse lentamente.
– Cariño…– Jadeó.
– Tranquila… Solo respira, hermosa.– Besó sus labios.
Aylin jadeó y rompió su propia ropa como una fiera. Eric sonrió con malicia; ya la tenía desnuda encima de él mientras se movía en un vaivén lento y suave. La habitación se llenó de calor y jadeos en todo momento.
– Ah, Aylin…–
Jadeó Eric al sentir sus movimientos más rápidos. Estaba amarrado de pies y manos mientras ella lo dominaba desde arriba como una verdadera domadora.
– Quiero todo de ti, Eric…–
Gimió Aylin al liberarlo. Él la tomó con gusto, poniéndola de espaldas y embistiéndola lento pero fuerte.
…
Duraron hasta la noche sin descanso. Solo el cansancio logró dormir a la gran fiera, y al pobre Eric le dolía todo el cuerpo: estaba marcado en todos lados y sus piernas temblaban. Aún sentía su olor fuerte, así que mandó a traer una bandeja con comida y agua… Mucha agua.
Su padre fue avisado del percance y claro que mandó a desalojar el piso de arriba hasta que la feliz pareja terminara, mientras él se hacía cargo de los asuntos del ducado.
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*En el Reino Luminaria*
Cintia estaba en la habitación de huéspedes. Después del gran escándalo, el rey había ordenado reunir pruebas y había puesto a Regí en una habitación lejana; aún no lo tomaría como prisionero, pero con la mínima prueba de traición, tendría listo su lugar en la guillotina.
– ¡Mierda… Mierda! ¿Qué carajos hago? Si lo ayudo, pueden encontrar algo de sus malditos fraudes y me hundirán con él…– Murmuraba. – Pero si lo culpo y encuentran algo, diré que no sabía nada. No puedo quedarme sin el trono; el príncipe aún cree en mí. Tengo que darle lo último de este frasco, debo asegurarme de esto.–
Cintia miraba el pequeño frasco: apenas quedaban una o dos gotas más. Maldecía el hecho de que no fuera más grande y pensaba en la mejor manera o momento de dárselo a Francisco. Al día siguiente darían las respuestas de su examen; no podía faltar, y si salía mal, podría perderlo todo.
– ¡Maldita sea! Tendré que buscar una poción para aumentar la inteligencia. ¿Pero cómo salgo? Ahora más que nunca, todos están siendo investigados…–
– Señorita… El príncipe la busca.– Informó el mayordomo.
Cintia se ajustó el cabello y el vestido, saliendo muy sonriente. Francisco estaba en su oficina.
– Alteza…–
– Señorita Cintia, vengo de hablar con su hermana.–
Cintia tomó asiento y se mordió el labio nerviosa. Si Aylin estaba en su contra, podría culparla y meterla junto a Regí en el fraude; eso la marcaría como traicionera.
– Ya veo… ¿Y qué dijo, alteza?– Preguntó preocupada.
– Que su padre seguro debe tener algo que ver.–
Francisco la miró fijo; quería ver hasta dónde llegaría su querida prometida.
Cintia frunció el ceño: no debía haber dicho eso.
– Ya veo… Entonces no era la única. Mi padre siempre fue un hombre muy libertino… Seguro mi hermana lo sabía antes y no quiso decir nada. ¡Ay, perdón!– Se tapó la boca.
– ¿Quiere decir que la señorita Aylin sabía de antemano sobre su relación? ¿Y usted no?–
– Yo me enteré hace poco… No quería creerlo; pensaba que eran las mujeres del burdel, pero veo que no. Y mi hermana lo sabía: si lo dice es por algo…–
Francisco no sabía si era tonta o simplemente idiota de nacimiento. Ella misma se estaba mandando a la muerte al decir que sabía hace poco, pero que su hermana lo sabía de antemano —como iba a saber eso si ella misma dijo que no supo nada. Se estaba delatando sola en una farsa sin escrúpulos.
– Ya veo… Eso sería muy grave para su hermana; se lo tomarían como traición.–
Cintia abrió la boca con preocupación, pero por dentro sonreía como si ya tuviera la victoria en sus manos.
– ¡Mi pobre hermana! ¿No podremos ayudarla?– Casi lloraba.
– Me temo que no… Y si surgen pruebas, tampoco podré hacer nada.– Suspira.
*«Debo buscar algunos testigos falsos… Esta oportunidad no la desaprovecharé.»* Pensó Cintia.
– ¡Qué espanto!– Se sentó con un gesto de dolor en la silla.
Francisco veía cómo su aura se oscurecía cada vez más; no le gustaba nada y ahora veía con sus propios ojos la verdad sobre Cintia. No la dejaría cumplir ninguno de sus planes.
Después de esa charla, Cintia le pidió permiso para ir por algunas cosas. Claro que él aceptó, dándole un carruaje y una doncella, pero solo era un pretexto para seguirla.
– Quiero saber todo: con quién habla, quién la ayuda, y si es posible, traigan a esa persona a los calabozos.–
Ordenó a sus mejores guardias de luz, quienes eran parecidos a las sombras de Eric, pero estas eran como el viento: rápidas, ni se veían llegar ni irse.
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desollar es quitar la piel*
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