Una víctima olvidada regresa desde la muerte, oculta en otro cuerpo, para cobrar una venganza oscura contra quienes la destruyeron.
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Capítulo #3 El olor que, no se va
- Nadie sabe donde vivo, y eso me gusta, porque antes todos sabian donde encontrarme, donde humillarme, donde romperme, pero ahora no, ahora soy yo quien decide a quien ver y a quien no.
- Mi nombre ahora es Don Eusebio, asi me llaman en la escuela, el viejo conserje, el que barre, el que limpia, el que recoge lo que otros ensucian, pero ese no soy yo completamente, por dentro sigo siendo Daniela, la que gritaba en silencio, la que lloraba en el baño, la que nadie defendió.
Vivo en una casita vieja a las afueras del campo, en un camino de tierra donde casi nadie pasa, las paredes estan agrietadas, el techo suena cuando llueve, y el aire huele a humedad, pero no me importa, porque este lugar es mio, aqui nadie se burla, aqui nadie me mira raro, aqui solo existo yo y mis recuerdos.
No tengo familia aqui, o al menos no en este cuerpo, Don Eusebio era un hombre solo, sin esposa, sin hijos, sin nadie que lo esperara, y eso me conviene, porque no tengo que fingir, no tengo que explicar nada.
Pero a veces, en las noches, recuerdo.
- Daniela ven a comer hija.
La voz de mi mamá se mete en mi cabeza, suave, triste, como si estuviera lejos, como si ya no pudiera alcanzarla.
Aprieto los ojos.
- Perdón mamá...
- Pero luego todo cambia.
- El piso.
- El golpe.
- Las risas.
- Abro los ojos de golpe.
- No… no fue mi culpa.
Me levanto y miro mis manos grandes, sucias, diferentes.
- Fue de ellos.
Ahora camino por la escuela otra vez, como siempre, como si nada hubiera pasado.
El trapeador suena contra el piso mientras avanzo por el pasillo.
Y entonces lo escucho.
Murmullos.
Susurros.
Voces nerviosas.
- Dicen que la encontraron en su casa.
- Sí, en su cuarto… como envenenada.
- Pero nadie sabe con qué.
Bajo mi mirada, como si no me importara,
como si no supiera.
Pero cada palabra… me gusta.
- Nadie tiene idea…
Sigo caminando lento.
- Fue el perfume.
- Esa idea del perfume, fue excelente, nadie sospecha.
Aprieto el palo del trapeador, mientras camino en silencio.
Un grupo de muchachas pasa cerca de mí, hablando rápido.
- Mi prima dice que tenía la piel rara.
- Ay no, qué miedo.
- Como es posible que no se sepa con que fue.
Paso entre ellas.
Invisible.
Siempre invisible.
Pero ahora… eso es una ventaja.
Sigo avanzando.
El ambiente cambió.
Ya no se ríen igual.
Ya no caminan igual.
Ahora sienten algo.
Algo que antes yo sentía cuando ellos me humillaban, me asían sus supuestas bromas.
¡Miedo!
Doblo la esquina.
Y los veo.
El grupo.
Ya no están completos.
Nunca lo estarán.
Sus caras no son las mismas.
Hay tensión.
Hay silencio entre ellos.
Ya no tienen sus sonrisas de burla.
Escucho una voz.
- Primero Mateo… y ahora Valeria.
Otra responde.
- Eso no es normal.
- Seguro es coincidencia.
Pero su voz falla.
No se lo cree.
Ninguno lo hace.
Porque algo… algo dentro de ellos sabe.
- Y entonces lo veo.
¡Ricardo!
El tercero.
Está quieto, pero inquieto.
Sus ojos se mueven rápido.
Su respiración no es normal.
Siempre fue así.
Débil.
Miedoso.
Si el pudiera ver como disfruto de este momento, fue tan fácil encerrarlo en el cuarto de limpieza. Un mini espacio, donde apenas se puede mover
- Jajajajaaja
Siempre fue el mas debil del grupo, ver
Sus manos golpeando la puerta desesperado.
- Sáquenme, por favor.
Su voz quebrada.
Su llanto.
Nadie lo ayudó.
Como a mí.
Sonrío levemente.
Paso cerca de él.
El sonido del trapeador resuena en el piso.
Lo escucho murmurar.
- Algo no está bien.
Levanto la mirada.
Solo un segundo.
Nuestros ojos se cruzan.
Siento su miedo.
Ese miedo real.
No sabe por qué.
Pero lo siente.
Su cuerpo se tensa.
Traga saliva.
Yo sigo caminando.
Como si nada.
Pero por dentro…
- Mi sonrisa no para, siento que me estoy convirtiendo en otra persona, antes tenía miedo, hacer esto ahora me empieza a gustar.
- que me pasa no soy así.
- escucho una voz en mi cabeza que me dice, en esto te convirtieron ellos, debes terminar lo que empezaste, Solo faltan 9.
Sigo avanzando por el pasillo.
El sonido del trapeador marca el ritmo.
Uno.
Dos.
Tres.
Ahora…
Tres.
Un salón vacío.
Una puerta cerrada.
Oscuridad.
Silencio.
Ese silencio donde nadie escucha.
Donde nadie ayuda.
Aprieto el palo del trapeador.
Y sin voltear.
Pienso en él.
- Nos vemos pronto, Ricardo.
que van hacer