NovelToon NovelToon
Marcada Por El Pecado

Marcada Por El Pecado

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Romance oscuro
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Naimastran

Valentina descubre que su novio no solo le es infiel, sino que forma parte de la mafia. Lo que no esperaba era cruzarse con Dante Moretti, un hombre tan peligroso como irresistible, que decide convertirla en su obsesión. Atrapada entre traición, poder y deseo, Valentina deberá sobrevivir en un mundo donde amar puede ser la peor condena.

NovelToon tiene autorización de Naimastran para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

2

El agua seguía cayendo.

Fría.

Implacable.

Como si quisiera borrar lo que había pasado… pero Valentina sabía que no podía.

Nada de eso iba a desaparecer.

Corría sin mirar atrás, con los pulmones ardiendo y las piernas temblándole, sintiendo que en cualquier momento iba a caer. No sabía hacia dónde iba. No sabía cuánto tiempo llevaba corriendo.

Solo sabía una cosa:

Tenía que alejarse.

De Santiago.

De ese departamento.

De ese hombre.

Dante.

El nombre le golpeó la cabeza con fuerza.

—No… —murmuró, negando, como si eso pudiera sacarlo de su mente.

Pero no podía.

Porque lo sentía.

Esa mirada.

Esa forma en la que la había observado… como si no fuera una persona, sino algo que acababa de descubrir y que ya le pertenecía.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Se detuvo de golpe en una esquina, apoyando las manos sobre sus rodillas, intentando recuperar el aire.

El mundo giraba.

Las imágenes volvían.

Santiago.

Otra mujer.

Sangre.

Armas.

Y él.

Siempre él.

—¿En qué estaba metido…? —susurró, con la voz quebrada.

La respuesta era evidente.

Pero decirla en voz alta la hacía real.

Mafia.

Su estómago se revolvió.

Había vivido con un desconocido.

Había amado a alguien que nunca existió.

Y ahora…

Ahora estaba marcada por algo mucho más grande.

Cuando finalmente llegó a su departamento, sus manos temblaban tanto que le costó meter la llave en la cerradura.

Entró.

Cerró.

Trancó.

Una vez.

Dos.

Tres.

Apoyó la espalda contra la puerta, dejándose caer lentamente hasta el suelo.

Y ahí…

Se rompió.

El llanto salió sin control, desgarrado, silencioso al principio y después violento. Se cubrió la boca para no gritar, como si alguien pudiera escucharla.

Como si alguien estuviera cerca.

Como si él pudiera estarlo.

—No… no… no… —repetía, entre sollozos.

Todo había sido una mentira.

Cada palabra.

Cada caricia.

Cada “te amo”.

Se abrazó a sí misma, intentando contener el temblor que la sacudía por completo.

Pero no era solo dolor.

Era miedo.

Un miedo profundo.

Visceral.

Porque sabía que eso no había terminado.

Ni cerca.

Del otro lado de la ciudad, en un edificio donde el lujo y el peligro convivían en perfecto equilibrio, Dante Moretti permanecía de pie frente a un ventanal enorme.

La ciudad brillaba bajo la lluvia.

Pero sus ojos no estaban en las luces.

Estaban en otra cosa.

En alguien.

—La dejamos ir —dijo una voz detrás de él.

Dante no respondió.

—Eso no es propio de vos —insistió el hombre—. Cualquiera que vea lo que vio…

—No es cualquiera.

El silencio se hizo pesado.

El otro hombre frunció el ceño.

—Es una civil.

—Es interesante —corrigió Dante, sin apartar la mirada del vidrio.

Sus dedos se movieron apenas dentro del bolsillo de su pantalón, como si estuviera conteniendo algo.

Una decisión.

Un impulso.

—¿Querés que la vigilemos? —preguntó el otro.

Dante tardó unos segundos en responder.

Los suficientes como para dejar en claro que ya lo había decidido desde el momento en que ella cruzó esa puerta.

—Ya lo están haciendo.

El hombre soltó una leve risa.

—Claro.

Porque Dante no dejaba cabos sueltos.

Nunca.

—¿Y Santiago?

Ahí sí hubo un cambio.

Sutil.

Pero real.

La mandíbula de Dante se tensó apenas.

—Cometió dos errores.

—¿Dos?

—Sí —respondió, girándose finalmente—. Traer problemas a mi negocio… y mentirme.

Sus ojos oscuros brillaron con algo peligroso.

—Y no perdono ninguno.

Valentina no durmió.

No pudo.

Cada vez que cerraba los ojos, lo veía.

No a Santiago.

A Dante.

Su voz.

Su cercanía.

La forma en la que había dicho su nombre.

Como si lo hubiera marcado.

Se levantó de la cama de golpe, respirando agitada.

Miró el reloj.

3:47 a.m.

—Estoy exagerando… —se dijo, intentando calmarse.

Pero no lo estaba.

Porque algo dentro de ella sabía que no había sido una coincidencia.

Que ese encuentro… no había terminado ahí.

Se acercó a la ventana, corriendo apenas la cortina.

La calle estaba vacía.

Silenciosa.

Normal.

Demasiado normal.

Suspiró, cerrando los ojos un segundo.

Y cuando volvió a abrirlos…

Se quedó helada.

Un auto negro.

Estacionado enfrente.

Motor apagado.

Luces apagadas.

Pero ahí.

Inmóvil.

Su corazón empezó a latir con fuerza.

—No… no puede ser…

Se alejó de la ventana de golpe, como si eso fuera a hacer que desapareciera.

Pero la sensación no se fue.

Esa presión en el pecho.

Esa certeza.

La estaban observando.

A la mañana siguiente, el mundo seguía girando.

Como si nada hubiera pasado.

La gente caminaba.

Los autos circulaban.

La vida continuaba.

Pero para Valentina…

Todo era distinto.

El café sabía amargo.

El aire se sentía pesado.

Cada ruido la hacía girar la cabeza.

No podía relajarse.

No podía pensar con claridad.

Y lo peor…

Era que una parte de ella seguía recordando la forma en la que Dante la había mirado.

Y eso la confundía.

La aterraba.

Porque no había sido solo miedo.

Había sido algo más.

Algo que no quería nombrar.

—Tenés mala cara.

Valentina levantó la vista de golpe.

Su amiga Clara la observaba desde el otro lado de la mesa, con el ceño fruncido.

—No dormí bien —respondió rápido.

Mentira.

Pero no podía decirle la verdad.

No podía contarle que su vida había cambiado en una noche.

Que su novio era parte de la mafia.

Que había visto sangre.

Que había conocido a un hombre que parecía sacado de una pesadilla.

—¿Y Santiago? —preguntó Clara.

Error.

Grave error.

Valentina apretó la taza con más fuerza.

—Terminamos.

Clara abrió los ojos, sorprendida.

—¿Qué? ¿Por qué?

Valentina dudó.

Miles de respuestas posibles.

Ninguna que pudiera decir.

—Me engañó.

Eso sí era verdad.

Pero no era toda la verdad.

Ni de cerca.

Clara suspiró, negando.

—Idiota…

Valentina forzó una sonrisa.

Pero por dentro…

Todo seguía cayéndose a pedazos.

Esa misma tarde, cuando regresó a su departamento, lo primero que notó fue el silencio.

Demasiado silencio.

Frunció el ceño, avanzando con cautela.

—¿Hola…?

Nada.

Dejó las llaves sobre la mesa.

Y entonces lo vio.

Un sobre.

Blanco.

Perfectamente colocado en el centro.

Su nombre escrito en negro.

Valentina.

El aire se le cortó.

No había nadie.

La puerta estaba cerrada.

Las ventanas también.

Y sin embargo…

Eso estaba ahí.

Sus manos temblaron al tomarlo.

Sabía que no debía abrirlo.

Sabía que nada bueno podía salir de eso.

Pero no pudo evitarlo.

Lo abrió.

Despacio.

Dentro había una sola hoja.

Sin firma.

Sin explicación.

Solo una frase.

“Corré todo lo que quieras… igual te voy a alcanzar.”

El mundo se detuvo.

Y entonces…

Lo sintió.

No un ruido.

No un movimiento.

Una presencia.

Detrás de ella.

Cerca.

Demasiado cerca.

Su respiración se cortó.

Su cuerpo se tensó.

Y antes de poder reaccionar…

Una voz.

Baja.

Grave.

Peligrosa.

—Te dije que tenías dos opciones…

El corazón le explotó en el pecho.

Dante.

—Y elegiste correr.

El aire le rozó el oído cuando habló.

Demasiado cerca.

Demasiado real.

—Eso lo hace más divertido.

Valentina cerró los ojos un segundo.

Sabía que si se giraba…

Nada iba a volver a ser igual.

—¿Qué querés de mí…? —susurró.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Y entonces…

—Todavía no lo sé.

Sus dedos rozaron apenas su brazo.

Un contacto mínimo.

Pero suficiente para incendiarle la piel.

—Pero lo voy a descubrir.

Valentina se giró de golpe.

Y lo vio.

Ahí.

Dentro de su departamento.

Como si siempre hubiera sido suyo.

Dante sonrió levemente.

Esa sonrisa oscura.

Peligrosa.

Irresistible.

—Y vos… —agregó, bajando la mirada a sus labios antes de volver a sus ojos— no vas a poder evitarlo.

Y en ese instante, Valentina entendió algo, no estaba huyendo. No estaba escapando. Estaba entrando.

Cada vez más profundo.

En un juego donde las reglas no existían.

Y donde Dante Moretti, ya había decidido que ella era suya.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play