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El Dulce Aroma Del Peligro

El Dulce Aroma Del Peligro

Status: Terminada
Genre:Romance / Omegaverse / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞El Alfa se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Cass. El olor a roble y romero se volvió tan fuerte que Cass sintió un mareo súbito. El Alfa inhaló profundamente, llenando sus pulmones con el aroma a miel y café del Omega. Una atracción peligrosa, pero predestinado.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Dulce Omega

Kenny no era un hombre de rutinas. Su vida era un desorden de velocidad, música alta y una energía que solía agotar a cualquiera que intentara seguirle el paso. Como Alfa, estaba acostumbrado a que el mundo se apartara a su paso. Su aroma a roble y romero solía intimidar a los demás, marcando un límite que nadie se atrevía a cruzar.

Pero esa noche, en su refugio, Kenny no podía dejar de pensar en el chico de la cafetería.

Estaba sentado en un gran sillón de cuero, con las luces apagadas. En sus dedos todavía sentía la suavidad eléctrica de aquel mechón de cabello platino. Había sido un roce mínimo, apenas unos segundos donde sus yemas tocaron el pelo de Cass, pero la sensación se había quedado grabada en su piel como una quemadura.

—Miel y café… —susurró Kenny para sí mismo, cerrando los ojos.

Había algo en ese aroma que lo había dejado descolocado. No era la típica dulzura empalagosa de otros Omegas; era una mezcla profunda, madura y, sobre todo, resistente. Había sentido cómo Cass intentaba ocultarlo, cómo luchaba por no mostrarse afectado, y eso solo había hecho que el instinto de Kenny rugiera con más fuerza.

Al día siguiente, Kenny esperó. Cada hora se sentía más lenta de lo normal. Su cuerpo estaba tenso, sus músculos pedían acción. Para un Alfa de su tipo, encontrar a alguien que no bajara la mirada de inmediato era como encontrar un tesoro escondido.

Cuando dieron las diez de la noche, Kenny ya estaba frente a la puerta de la cafetería.

Entró sin hacer ruido. El lugar estaba en penumbra, iluminado solo por unas pocas lámparas sobre el mostrador. Cass estaba allí, de espaldas, acomodando unas tazas en la repisa superior. Llevaba una camiseta negra que dejaba al descubierto sus brazos delgados y la curva delicada de su cuello.

Kenny se acercó con pasos felinos, disfrutando del silencio. No dijo nada hasta que estuvo justo detrás de él. El aroma de Cass hoy era más intenso, quizás porque los nervios estaban haciendo que sus poros liberaran más esencia de miel.

—Te dije que volvería —soltó Kenny cerca de su oído.

Cass dio un respingo y una de las tazas se le resbaló de los dedos. Antes de que el objeto tocara el suelo, Kenny estiró el brazo con una rapidez asombrosa y la atrapó en el aire. En el movimiento, su pecho chocó contra la espalda del joven y su brazo rodeó casi por completo el cuerpo del Omega para alcanzar la taza.

El contacto fue como un choque eléctrico para ambos.

El Omega se quedó petrificado. Podía sentir el calor que irradiaba el cuerpo del Alfa, una temperatura mucho más alta que la suya. El aroma a roble y romero lo envolvió como una manta pesada, haciendo que sus rodillas temblaran. Por su parte, Kenny sintió la suavidad de la espalda del chico contra su pecho; era pequeño, pero encajaba perfectamente en su estructura.

—Cuidado —susurró Kenny, sin moverse. Su voz vibró contra la nuca de Cass—. Sería una lástima que algo tan delicado se rompiera.

Kenny dejó la taza sobre el mostrador, pero no retiró su brazo. Al contrario, bajó la mano lentamente hasta que sus dedos rozaron la muñeca de Cass. La piel del chico estaba fría, pero bajo el toque de Kenny, empezó a arder.

Cass giró lentamente, quedando atrapado entre el mostrador y el cuerpo del Alfa. Sus respiraciones se mezclaron en el aire. El chico podía ver cada detalle de los ojos de Kenny: la intensidad, el hambre contenida y esa chispa de locura que le decía que este hombre no se detendría ante nada.

—Me estás asustando —mintió Cass, aunque su cuerpo decía lo contrario. Sus dedos se cerraron sobre la camiseta de Kenny, buscando un punto de apoyo—. Deberías alejarte.

—Tus labios dicen que me aleje, pero tu aroma dice otra cosa —respondió Kenny con una sonrisa hambrienta.

Kenny deslizó sus dedos desde la muñeca de Cass hacia arriba, recorriendo su antebrazo con una lentitud tortuosa. Cada centímetro de piel que tocaba parecía despertar. Cass soltó un suspiro entrecortado cuando los dedos del Alfa llegaron a la curva de su codo y presionaron suavemente allí, donde el pulso latía con fuerza.

—Estás acelerado, hermoso —notó Kenny, bajando la vista hacia el cuello del Omega, donde la vena carótida saltaba rítmicamente—. Es una reacción muy violenta para alguien que supuestamente no quiere que esté aquí.

—Es el café… —logró decir el chico, aunque sabía que era una excusa barata.

Kenny se inclinó más, rozando con su nariz la mejilla de Cass, descendiendo hacia su mandíbula. No llegó a besarlo, pero el roce de su aliento caliente contra la piel sensible del cuello fue suficiente para que Cass soltara un gemido ahogado que intentó ocultar de inmediato.

—No es el café —sentenció Kenny contra su piel—. Es la química. Es el hecho de que sabes que, si doy un paso más, no habrá vuelta atrás para ninguno de los dos.

El joven sintió que el mundo exterior desaparecía. Ya no importaba Santi, ni su departamento, ni las reglas de la sociedad. En ese momento, solo existía la presión de la mano de Kenny sobre su brazo y ese aroma a bosque que lo hacía sentir que finalmente había encontrado su lugar, aunque fuera en medio de un desastre.

Kenny finalmente se separó un poco, rompiendo el contacto físico pero manteniendo esa mirada que parecía desnudar el alma del joven.

—Dame mi café, dulce Omega —dijo con un tono que era mitad orden y mitad súplica—. Y esta vez, ponle mucha miel. Quiero saber si sabe tan bien como hueles.

Cass asintió torpemente, tratando de recuperar el aliento. Mientras preparaba la bebida con manos temblorosas, sentía la mirada de Kenny fija en su espalda, marcándolo de una manera que ningún jabón o bloqueador podría borrar jamás.

La cacería apenas estaba empezando, y Cass se dio cuenta de que, por mucho que corriera, su cuerpo ya había decidido dejarse atrapar.

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Erika Peña
muy buena me gustó la trama
corta pero muuuuyyyy sustanciosa como dice el dicho
Skay P.: ¡Gracias, cielito!😘👆
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Pues si las cosas salen mal que sea responsable y no se queje
Maru19 Sevilla: Muchas gracias, ya la estoy disfrutando 🥰🥰🥰🥰
total 2 replies
Maru19 Sevilla
Promete ser muy interesante 👏👏👏
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