Después de seis meses trabajando en la empresa del patriarca de una poderosa familia, Carmen Lobos decide llevar a su hijo a sus primeras vacaciones… hasta que una tragedia lo deja gravemente enfermo. Apenas una semana antes ella descubrió que su nuevo jefe será Federico, uno de los nietos de su jefe, pero un escándalo sacude la empresa y lo aparta del puesto.
El lunes vuelve al trabajo y se encuentra con que su nuevo jefe es Santiago Calderón: arrogante, clasista, prepotente y mujeriego. Desde el primer momento, se detestan.
Cuando Santiago la despide de manera injustificada, la ira y el deseo de venganza llevan a Carmen a cometer una imprudencia que cambiará sus vidas: un matrimonio por contrato donde ella asegura el tratamiento de su hijo y él protege a la empresa que tanto desea.
Pero nada será sencillo. Tras la boda, el patriarca impone una estricta condición que sacude sus vidas.
Los acuerdos pueden tener letra chica, pero muchas veces se firman en una cama grande.
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CASTIGO EJEMPLAR
NARRADOR
DIA DOMINGO, PREVIO AL ENCUENTRO...
La conversación entre los hermanos y su abuelo había ocurrido al día siguiente de la boda fallida.
Federico aceptaría su destino. Román era recto y cada acción tenía consecuencias, aunque no imaginaba que las suyas serían tan... creativas y drásticas.
-A ustedes los enseñé correctamente, ¿Cómo carajos salieron tan torcidos? Par de inmorales. Así no los eduqué yo- Su abuelo hablaba con frialdad y el terror se había apoderado de Federico
-Tu- señaló a Santiago- No puedes mantener tus pantalones en su sitio. Te metes con cualquier zorra o arribista que cruce por tu camino si tiene un par de generosos implantes. Un hombre inteligente, pero tan estúpido a la vez
-Abuelo yo...- Román golpeó su bastón sobre el suelo
-No te dije que hablaras- Lo regañó haciéndole bajar la mirada. Le convenía no hacerlo enojar o el bastón acabaría impactando en su cabeza, así intentara correr estaba seguro de que se lo lanzaría y ya conocía la puntería que ese hombre tenía, una que mejoraba de acuerdo a su estado de ánimo
-Tu, ¿Cómo pensaste que podrías casarte ante Dios con esa porquería? Lo peor es que lo hiciste para engañarme. Ya sabes lo que pasará contigo- Señaló a Federico con absoluta decepción
-Aceptaré las consecuencias de mi error. Sean las que sean
-Bien. Empaca tus maletas. Irás a administrar una hacienda en un pueblo rural. En dos horas irán a recogerte. Santiago tu serás mi sucesor temporalmente, que eso cambie depende de ti
Federico tenía la boca abierta, su mandíbula parecía haberse desencajado, más aún al notar la seriedad de su abuelo. Él estaba hablando en serio.
Santiago se sentía más que preocupado. Dónde hiciera algo que su abuelo no aprobara, seguramente lo enviaría a buscar agua en el desierto si tenía piedad. Era mejor no tentar a la suerte.
(.....)
Mientras todo ocurría para los hermanos, Carmen veía a su hijo Agustín con preocupación y tomaba su temperatura. El niño había comenzado a levantar fiebre, pero eso no era lo más preocupante. También tenía dolor abdominal e iba con frecuencia al baño.
-Seguramente comió algo que le cayó mal. Yo estuve igual, ¿Recuerdas?- Su hermana buscaba tranquilizarla, pero ella tenía un horrible presentimiento
Dándole una medicina a su hijo, lo llevó a la cama y no se apartó de su lado hasta que él se durmió con la temperatura volviendo a la normalidad, como toda madre preocupada y amorosa.
Por la mañana, Carmen salió de casa con culpa. No quería dejar solo a su hijo cuando la necesitaba, pero no podía ausentarse de su trabajo o acabaría despedida.
Su hermana lo cuidaría muy bien y las amorosas vecinas estarían dispuestas a ayudar, por lo que el pequeño Agustín estaría en las mejores manos.
Carmen llegó a la oficina con culpa y allí preparó café para encontrarse con la sorpresa de que su nuevo jefe directo había resultado reemplazado por el estúpido que tenía por hermano.
Ella había sentido un odio desmedido hacia él, algo que fue mutuo. Sus razones eran más que válidas: estúpido, mujeriego, arrogante, clasista e innumerables defectos. Para él, ella era fea, sin gracia, altiva y no la creía capacitada.
Santiago supo que debía esperar al menos dos meses para despedir a su secretaria o su abuelo podría mandarlo al desierto o a cualquier lugar peor. Le convenía soportarla algunas semanas.
Carmen comenzó a trabajar bajo presión sabiendo que su nuevo jefe querría despedirla y lo peor... que tenía autoridad para hacerlo. Pensó en su hijo y eso fue suficiente para soportar lo que fuera sin cuestionar.
Aquella jornada, para su sorpresa acabó bien, aunque el nuevo CEO parecía por demás furioso e inquieto.
Al abandonar la empresa, fue cuando Carmen supo lo que había pasado y entendió todo.
-Dios mío. Los pobres solamente sufrimos para pagar las facturas, pero los ricos se meten en cada lío...- Le comentó a su amiga
-Ni que lo digas y te llevaste la peor parte. Te tocó el peor de los hermanitos, pero al menos alegras las vistas- Carmen puso los ojos en blanco
-¿Ese... alegrarme la vista? ¿A mí? No. Ni pensarlo. Prefiero ver la pantalla de la computadora así los ojos se me irriten- Carmen se quitó las gafas de montura negra, aquellas que usaba para leer y frotó sus ojos
Carmen se despidió de su amiga, subió a su Fiat 600 y volvió a casa.
Al llegar notó a su hijo aún peor y lo llevó al hospital más cercano.
Cuando Agustín fue ingresado a la consulta le recetaron dieta liviana y le dieron un nuevo antifebril. El doctor pensó que tenía gastroenteritis.
Cuando Carmen llegó a casa atendió a su hijo, lo ayudó a ducharse por la debilidad que tenía después de tantos malestares y lo metió a la cama. Hizo para él una sopa, de la que comió pocas cucharadas y se durmió.
Ella, más que exhausta cenó, se metió a la ducha y luego se acostó.
Por la mañana, vio a su hijo aún mal. Le dió las indicaciones a su hermana para que pudiese cuidarlo y después se fue a la empresa muy preocupada.
Al llegar estaba aquel demonio maleducado que tenía por jefe. Le llevó café amargo, tal como lo tomaba y tocó la puerta. Esperó la orden para poder entrar y allí fue a dejar la taza de café sobre el escritorio.
-Llévatelo. No te pedí café- Ella se mordió el interior de la mejilla y forzó una sonrisa más falsa que billete de tres dólares
La jornada laboral fue una maldita pesadilla. Su jefe no se soportaba ni solo, ella cansada y detestándolo profundamente. Apenas si había tenido tiempo para ir al baño.
Al salir de la empresa recibió una llamada de su hermana avisándole que Agustín estaba en el hospital junto a ella y su padre esperando ser atendido.
Pisando el acelerador de su pequeño automóvil, Carmen llegó al hospital y allí al ver a su hijo comprendió que algo estaba muy mal. No creía que una gastroenteritis lo tuviera de esa manera. Estaba segura.