Una loba Nacida de la raza más fuerte, un Alfa la primera de cuatro hermanos, capas de heredar los más fuertes linajes toma una decisión... – Dejaré esta manada, No soy una máquina de carga –
El Un Gama, último hermano de un Alfa cruel quien lo desprecio por ser un hijo no deseado, en un arranque de guerra quedo solo y sus piernas mal heridas dejándolo en silla de ruedas con solo un aliado su cuidador – Un lobo invalido, es un lobo muerto, Es mejor que termines con tu vida, solo eres un estorbo para este reino–
Ambos de un padre de linaje real un licantropo, pero el no saco nada de eso
El destino los une un día.. ¿ Qué podría pasar ?
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Un Gama.. ¿ Omega?
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Mi día terminó como siempre: después de hacer más trabajo del que me correspondía –un plus que me pagaban extra– envié un mensaje a Nicol y a Tomás: “Llegaré una hora más tarde”. Aunque sabían que siempre me quedaba a ayudar, ese dinerito adicional no venía mal; aunque no me faltara dinero –tenía una buena suma ahorrada que no pretendía gastar en vano.
Me dirigí a mi gimnasio: una hora exacta de calentamiento y pesas. Me encanta el entrenamiento.
–El calor que sientes al cargar 200 kilos en todo el cuerpo es una adrenalina y liberación que dura poco, pero es…– hago un gesto de chef con las manos –¡¡Exquisita!!–
–Mira… Hoy estás más hermosa que ayer.–
Matías, un pesado del barrio conocido como “el galán”, aunque ni siquiera consigue un saludo de mi parte. Ya conocía a los de su calaña: solo por ser guapos creen que todas abrirían las piernas para ellos.
–¿Seguirás sin hablarme…? Para mí ya debes ser muda…– se acerca a mi oído –Pero seguro jadearás tan rico cuando te toque…–
Solté la pesa de golpe. Carter, quien administraba el gimnasio, ya estaba detrás de él.
–Lárgate… Si no quieres perder las pelotas.–
No tuve que decir nada: solo tomé una mancuerna y ese gesto bastó para que diera unos pasos atrás.
–Ya caerás, linda…– susurró con una sonrisa maliciosa, hasta que Carter lo empujó con fuerza mientras se retiraba.
–Veo que te controlaste dos segundos… Es un récord.– comentó Carter.
–Sí… Parece que las clases de manejo de ira dan frutos.– sonrío, intentando desordenarme el cabello, pero lo esquivo –y eso es el comienzo de una pelea corporal entre risas. Mi alarma suena: es hora de volver a casa.
–Mañana seguimos… Tengo que ir por Teo. ¿Llevarás las cervezas?– pregunto mientras salgo.
–Claro que sí… Incluyendo mis intenciones, cariño.–
Sonríe con un guiño. Solo niego con la cabeza y subo a la moto bajo su mirada complaciente.
•••
–Señor… Llegamos.–
Me desperté con su toque en el hombro. Vi la hermosa casa y a mi prima saliendo a recibirme. Tomás ya había bajado mi silla y me ayudó a salir del auto.
–Primo… ¡Cuánto me alegra que estés aquí!–
Me envolvió en un abrazo. Éramos primos segundos por parte de madre; habíamos perdido el contacto de niños, pero a los 20 años la busqué y hablamos como si nunca nos hubiéramos separado.
–Te presento a mi prometido… Y pronto esposo.– Señala a un hombre alto de tez morena con una sonrisa más blanca que mi piel.
–Mucho gusto, soy Obdul. Tici me ha hablado mucho de ti. Por favor, pasa… Me alegra tener alguien de la familia aquí.–
–Gracias por recibirme… A los dos. Cuando consiga algún lugar para vivir, se los avisaré. Tomás está…–
–¡Ay, Asher! No eres una molestia. Puedes quedarte lo que quieras. Pero si prefieres tener un espacio cerca, ahora somos familia y te ayudaremos.–
Tici me miró con cariño y tomó mi mano. Ella sabía todo lo que me había pasado; se lo había contado todo y le había enviado videos y grabaciones. Me alentó a demandarlos, pero ahora ya no tenía sentido. Solo asentí, sintiendo su afecto. Además, noté que cuatro ojitos nos miraban atentos y tímidos desde la ventana.
Entramos y al instante vi a dos cachorros mestizos, con rasgos iguales a los niños.
–Éste es el tío Asher, les hablé de él: es igual que mamá y ustedes.– susurró Tici a los pequeños.
Tomás me miró preocupado –no sabía de la existencia de los niños–, pero le sonríe: no nos ocultábamos nada el uno al otro. Incluso Obdul estaba emocionado cuando su prometida se lo contó, ya que su familia también venía de lobos, aunque él fue adoptado por sus padres humanos.
–¡Hola! Soy Isack, un gusto, tío Asher.–
–Eres todo un hombre, Isack… ¿Cuántos años tienes?–
El niño sonrió orgulloso, mostrando cuatro deditos con su mano. Detrás de él apareció una niña tímida con ojos avellana igual que Tici.
–¡Qué grande…! ¿Y tú cómo te llamas, señorita?–
Tomás sonrió ladino: era la primera vez que veía sonreír a Asher.
–Soy Ametil.– sonrió feliz –También tengo cuatro años, tío Asher, y soy más alta que Isack.– dijo burlona.
Asher sonrió junto a todos. Después se instaló en su habitación: era espaciosa pero cálida, con vista a la gran ciudad. El ruido era algo nuevo, pero lo llenaba de alivio.
–¿Mi señor necesita algo más?– preguntó Tomás.
–No, Tomás. Dormiré un rato. Me despiertas cuando sea hora de irnos…–
Tomás asintió y se fue a su habitación a bañarse. Tici ya se había ido a la peluquería y al salón de belleza, mientras Obdul llevaba a los niños al jardín para luego dormir una siesta. Solo despertarían a la hora de la boda.
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21:00 h
–Me iré a bañar, si no me quedo dormida.–
Me estiré largamente mientras Teo salía del baño.
–Teo, cuando estés listo no te ensucies. Tu madre me matará si ve alguna mancha en ese traje.–
–Está bien, Rice. Ya tengo diez años… No soy un niño.– infló los cachetes.
–¡Ay, mira el señor adulto! Entonces, si lo ensucias, tú lo lavas y recibes los golpes de tu madre.– le apreté los cachetes, y Teo asintió con resignación.
.....
–¡Hermana, apúrate! Nos perderemos la entrada.–
Francis ya estaba en la puerta gritando. Bajé las escaleras con los tacos en mano, mientras me vestía rápido, y Francis sacó fotos de inmediato.
–¡Vamos, vamos!– salía Nicol agarrando las llaves. Solo faltaba una hora para que los novios recibieran a los invitados.
–Estás hermosa, Rice. Si sigues soltera unos años más, estoy disponible.–
Claro que le estampé mi mano en la cara, empujando su cabeza hacia atrás.
–No pienso ir a la cárcel por un niño… Y ni en tus sueños me tendrás. Esto lo tendrá mi pareja.– señalé mi cuerpo, que lucía espectacular en el vestido de seda con volados en el costado, color verde oscuro que me daba mucho volumen.
–¿Y si nunca llega?– preguntó Francis.
–¡Francis, en serio te mereces una piña!– lo retó su hermana.
–Y bueno… La diosa lo hace por algo. Quizás sea de alguna otra raza…– me quedé pensando.
–¿Y si es un feo enano… O un elfo con arrugas y cara de hongo?–
Incline la cabeza: –Por algo sería mi elegido. Si es feo, seguro tiene algo lindo entre las piernas.– reímos todos –No importa cómo sea, mientras sea transparente conmigo.–
Francis se mordió el labio inferior: –Qué suerte tienen algunos…– suspiró. Rodé los ojos mientras Nicol le dio una palmada en la cabeza y Teo reía a carcajadas.
Llegamos justo a tiempo al vestíbulo; nos asignaron nuestra mesa y nos sentamos casi en primera fila, listos para grabar la entrada de los novios.
••••
Minutos antes
–Mi señor…–
Me levanté ante el llamado de Tomás: me había dormido más de la cuenta. Los novios ya se habían ido con los niños, así que me arreglé con su ayuda y salimos de prisa.
–Espero no perder la entrada… No te escuché.– suspiré frustrado, mientras Tomás aceleraba el paso.
–Estaba cansado, señor, no es su culpa. Llegaremos a tiempo.– sonrió ladino.
Y como siempre, Tomás tenía razón: tomó un atajo y llegamos justo a tiempo. En el vestíbulo nos guiaron a nuestra mesa –estaba adelante… Muy adelante–, lo que me puso nervioso ante la mirada de tantos desconocidos. No me había dado cuenta, pero ahora sentía ansiedad en este tipo de eventos. Solo suspiré: no iba a arruinar la boda de mi amable prima.
“Asher… Nuestra pareja está aquí.”
Mi cuerpo se tensó ante las palabras de Emon, mi lobo. Nunca había hablado desde el accidente, y hoy por primera vez lo escuché resonar en toda mi cabeza.
“No…”
Miré alrededor como un cazador buscando a su presa, olfateando su aroma: cereza y chocolate. Cuando la vi, quedé boquiabierto: una hermosa pelirroja con vestido verde, ojos marrones y una figura espectacular –era una diosa.
“Acércate.”
“Estás loco… ¿O ya se te olvidó nuestra situación?”
Apreté los dientes. Ella era una diosa de ensueño y yo un inválido. No iría en busca de mi próxima desgracia; claro que no, no era masoquista.
“Ella es una loba como nosotros. Puedo sentirlo: su olor es el de una ómega.”
“Ómega… Menos mal, no podría protegerla. Somos unos malditos inválidos, Emon. No lo haré. Oculta nuestro vínculo ahora mismo.”
“Tarado.”
•••
–Ya va a ser la hora.–
Estaba muy a gusto observando a los hombres a mi alrededor; la mayoría lucían como cazadores dispuestos. “Hoy no tendré fiesta…” pensé al verlos, solo les daría el gusto de que se ilusionaran.
“Él está aquí.”
Atla saltó de su letargo de golpe. Sentí el olor de mi pareja: vainilla y menta… Todo mi cuerpo se erizó. Era fuerte. “Un gamma” pensé –mi olfato era el mejor, y lo noté al instante. Cabello rubio, ojos marrones y muy musculoso. Lo veía por todos lados.
“Corta el vínculo…” dijo Atla.
No me sorprendió: seguro era porque él estaba en silla de ruedas. Estaba a punto de ir hacia él, pero se retiró lejos.
“Iré más tarde, no lo presionaré… Ya oculté mi olor de ómega. No quiero imaginarme qué pasará cuando sepa que soy alfa.”
Volví a sentarme cuando el presentador anunció la llegada de los novios y las luces se apagaron, alumbrando su gran entrada.
–Mi pareja está aquí… Es el rubio junto al de anteojos.– susurré a Nicol.
–¡Carajo, Rice! Es hermano del alfa de la Manada de Luna Oscura…–
La Manada de Luna Oscura: la misma con la que mi hermano Guillermo se había hecho amigo. Un grupo sin corazón y con un ego de poder desmedido; creen ser más grandes que el sol por ser de sangre real, pero son cucarachas podridas.
–¿Crees que sea como su hermano?– susurré mientras aplaudíamos la entrada de los novios.
–Según sé, el idiota de su hermano dijo que estaba muerto…– levantó la ceja –Pero nunca lo quiso cuando la guerra lo dejó así. ¿Y qué crees?– sonrió picara –Es primo lejano de la… no, vi… a la que se casa mi primo.–
–¡Amiga, ya somos familia!– dije entre risas –Pero me está evitando… Ha ocultado su olor y su vínculo.–
–¡Uf, amiga!– suspiró –Debe pensar que lo rechazarás.–
–Ya lo averiguaré… No se salvará de mí.– sonreí mirándolo de reojo, pero él no me miraba en absoluto.
–Tú sí que no perdonas nada… Ojalá que le funcione su amigo. Si no, dale tu poder y hasta caminar podría…–
–¡Nicol, eres una maldita bully!–
Nicol reía, pero tenía razón: Rice podía hacerlo caminar con su poder. Pero ahora estaba más que decidida a conquistarlo; le daba la espalda y eso la ponía más que inquieta. Atla estaba como una fiera, sin dejar de mirar a su lobo.
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