Dos hermanas en sociedad, Solo una será la protagonista y la otra esposa del Cruel Villano
– No dejaré que se escape mi lindo Villanito -
Esta vez la historia seguiría el curso pero ya no será al antigua hermana de la protagonista quien lloraba y hará tímida, en ella hay alguien poderosa y más terrorífica que el mismo Villano
🔞 Algunas escenas son explícitas
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Problemas
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Aproveché la ausencia de mi familia para ir a comprar libros de magia con la ayuda de Emili, quien llevaba mis vestidos de miles de telas; los vendería para adquirir lo que realmente necesitaba.
—Señorita… ¿está segura de vender todo esto?—
—Sí, ya no me agradan. ¿Estamos cerca?— Pregunté mirando el entorno.
Emili asintió. El carruaje se detuvo y entramos al local. Un hombre mayor, de rostro curtido y ceño fruncido, me observó con desconfianza.
—No voy a comprar vestidos a ese precio tan elevado.—
Su tono era amenazador, pero sabía muy bien cómo lidiar con este tipo de personas. Noté cómo palpaba la tela y que en sus estantes había más prendas con tejidos similares a los que le ofrecía.
—Bien, entonces le rebajaré una moneda y podrá venderlos a dos más del costo. Esas telas son de seda muy fina.—
El hombre gruñó dudoso. No dijo nada, solo hizo una mueca de desaprobación; leía perfectamente sus gestos: estaba evaluando la propuesta con detenimiento.
—Aun así resulta demasiado caro.— Balbuceó.
—Entonces me dirigiré al establecimiento de enfrente. Seguro me los compran al precio que pido y usted perderá una buena ganancia cuando las mujeres vean que son los mismos tejidos que usa la Reina… la moda, ya sabe.—
Comencé a retirar los vestidos, pero el golpe de su mano sobre la mesa me detuvo.
—Los compro.—
Curvé los labios con satisfacción. Logré venderlos a un precio justo, incluso mejor de lo esperado. Las joyas también encontraron comprador, junto con algunos zapatos que resultaron más valiosos de lo previsto. Con el dinero en mano, me dirigí a una librería y adquirí todos los tomos relacionados con mis poderes curativos y de conexión con la naturaleza.
Compré un vestido color verde, muy delicado y con menos capas de tela. Emili me obligó a adquirir algunos más para disimular mi repentino cambio de estilo. Asentí, pero pedí a una modista que confeccionara algunos conjuntos con pantalones y llevé otros modelos que vi en el lugar.
Una vez todo listo, regresamos al carruaje cuando mis ojos se posaron en… lo más hermoso que había visto en mucho tiempo. No dudé en llevármelo conmigo.
—Señorita, ¿usted sabe tocar ese instrumento?— Preguntó Emili, refiriéndose al hermoso violín que sostenía.
—Puedo enseñárselo…— Emili asintió emocionada.
Empecé a tocar suavemente mientras recordaba cómo pasaba horas en mi vida anterior, en el jardín de mi casa, tocando para mí misma, sintiendo cada vibración al compás de mis dedos y mi cuerpo entero.
—Eso fue maravilloso.— Se limpió las lágrimas que le brotaban. —Debe pedirle al duque que le contrate un maestro.— Fruncí los labios.
«No estaría mal… igual tendré que aprender a defenderme; mi futuro esposo no querrá una esposa débil como la anterior.» Dibujé una sonrisa calculada.
Emili frunció el ceño al ver mi expresión.
—Se lo comunicaré en cuanto lleguemos.—
Después de todo, Cintia no regresaría hasta la tarde. Se la pasaría derrochando dinero y luego asistiría al té con su amiga, la señorita Victoria, otra serpiente igual que ella.
Aún no entiendo el porqué de esta actitud de protagonista torpe.
…
Al llegar, vi al duque entrando en su oficina. Emili acomodó mis libros y yo tomé el violín; necesitaba conseguir esos dos permisos.
Golpeé la puerta y entré tras su autorización.
—Padre, quisiera pedirte dos favores. Creo que esto ayudará mucho a que la gente hable bien de nuestra familia.—
—¿Cuáles son?—
—Quisiera tener un maestro de violín y otro de entrenamiento físico.— Dije sin titubear. Él levantó las cejas de sorpresa.
—¿Violín?—
Antes de que pudiera negarse, toqué un pasaje de Mozart; esa pieza nunca falla. Quedó encantado y sorprendido al comprobar que sabía tocar sin haber recibido ninguna clase.
—Tienes un don, hija mía. Claro que sí, contrataré a un profesor… pero ¿por qué uno de entrenamiento? Eres una mujer; no deberías dedicarte a cosas propias de hombres.—
—Es precisamente por eso. El día de mañana usted seguirá siendo un gran duque gracias a sus inversiones; es mejor que aprenda a defenderme a mí misma, así como a proteger a nuestra familia.—
Casi me da un ataque al decir eso; lo último que quería era defenderlos, pero debía usar la misma estrategia que Cintia… o mejor aún, psicología inversa.
—Me parece bien… entonces tu hermana también puede realizar ese entrenamiento.—
—No veo por qué no, aunque ella es muy delicada; seguro se negará. No se enoje por ello.—
Mostré una sonrisa dulce y medida, aparentando ser la hermana ejemplar. El duque sonrió y concedió mi petición ese mismo día.
—Espero que no descuides tus estudios por estas actividades.— Dijo con firmeza.
—Nunca, padre. Hablando de eso, el maestro quiere conversar sobre nuestro progreso académico; seguro vendrá hoy para ello.—
«A ver si con esto se da cuenta de lo incompetente que es su hija menor.»
Como todos los días, el maestro impartía clases, pero la única que asistía era Aylin. El duque no sabía nada; siempre era Cintia quien se hacía pasar por la mejor alumna, haciendo trampa con mis trabajos cuando el profesor no estaba presente.
Después de nuestra conversación, el duque salió de la oficina. Aylin esbozó una expresión satisfecha; estaba segura de que ese día la pobre Cintia recibiría un buen sermón por faltar tantas veces y no cumplir con sus deberes.
…
Ya entrada la tarde, terminé mis estudios, observando de reojo al duque con el ceño fruncido mientras los maestros le mostraban y explicaban el deficiente progreso de Cintia.
Al hablar con uno de ellos, este le recomendó conversar con los demás profesores.
«Alguien está en problemas.»
Curvé los labios con discreta complacencia, entregué mis tareas —impecables, por supuesto— y me retiré a mi habitación a leer. No dejaría que este poder se desperdiciara en vano.
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desollar es quitar la piel*
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