María, enamorada del príncipe de sus sueños como toda doncella, todo a su alrededor caera cuando descubra que no todo lo que creía, era real, y la desilusión la lleva a tomar una decisión, un sacrificio que cambiará su vida y la de todos los reinos.
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CAPÍTULO 03
La gente que estaba a su paso se quitó rápidamente, todos conocían ese escudo y sabían que eran los caballeros del rey de reyes, lo que menos querían era tener problemas con alguno de ellos, sabían que molestarlos significaría su muerte si bien les iba.
Ignoraron a la pareja que estaba en la pista de baile y al llegar a donde estaba el rey el mismo caballero que habló cuando llegó, empezó a decir. – ya son los 2 meses, hemos venido por las 5 doncellas que se nos ha prometido al reino, aquí tenemos la lista, es bueno que toda la alta sociedad este presente, así podrán darnos los nombres de quienes irán.
Omar empieza a decir quienes irán.
Omar saca un pergamino, se para enfrente del rey y la reina sobre la tarima, dándoles la espalda, con una voz fuerte dice. – De la familia del Duque Rosales, de la familia del Marques Orillero, de la familia del Duque Olivares, de la familia del archiduque Hernández y por último se solicita que una de las dos hijas solteras de la familia que tiene el título de la “Espada del rey” venga con nosotros.
María al escuchar lo que se pedía, se molestó mucho y estaba por protestar, por negarse, pero Carlos la detuvo, le recordó que si hablaba podría ser la muerte de todos en el reino; sin nada de ganas se quedó parada viendo al primer hombre que habló, que parecía el líder de esa acción tan repugnante.
Una vez que se dieron los nombres, Omar dijo. – Las 5 mujeres que nos llevamos hace dos meses atrás están de regreso; todas están intactas, hicieron bien su trabajo, lo mismo esperamos de estas 5 jóvenes que nos llevaremos.
Mañana a las 6 de la mañana las esperamos en el muelle, ya saben solo pueden 5 cambios de ropa los más simples que tengan, zapatos cómodos y recuerden, van solas sin nadie que les sirva.
Se hizo un silencio en el salón, algunos padres abrazaron a sus hijas, nadie quería eso, era el terror de cada mes, pero no tenía más opciones, solo podían obedecer, agachar la cabeza antes esos hombres que medían más de 170, de piel blanca como la nieve, ojos de color miel, era un color intenso que solo hacían que causaran más miedo, hacían honor a su escudo.
Todos ellos tenían grandes músculos, brazos largos, fuertes, su rostro era lo único que cambiaba en ellos, algunos lo tenían más varoniles que otros y ese cabello negro solo hacia que su piel resaltara más; eran hombres apuestos, esculturales, que realmente no parecían humanos de lo perfecto que se miraban.
El primer hombre que habló, al ver a todos en la fiesta con el rostro de tristeza y en un silencio, se empezó a reír; le costó un poco controlar la risa, pero divertido dijo. – vamos Reino de América, hay que seguir disfrutando de esta fiesta y festejar a su príncipe que pronto se va a casar.
Una vez que dijo eso empezó a caminar a la salida, pero riéndose junto con los 5 hombres que lo acompañaban, un acto que molestó a más de uno del reino, pero nadie tenía el valor de enfrentarlos, ni siquiera los caballeros del reino, no llegaban al nivel de esos hombres, sabían que un enfrentamiento era pedir la muerte.
La fiesta ya no pudo seguir, María en cuanto miró que los hombres salieron, corrió a abrazar a su padre y desesperada dijo. – Papá, es imposible que vaya con ellos, me acabo de comprometer, no es justo.
Brian se quedó callado abrazando a su hija, sabía que no podía negarse a la petición del rey de reyes, pero nunca se esperó que las palabras de María alborotaran a la gente, pensando que él se negaría a mandar a su hija y los reclamos empezaron.
Se escuchaba que los nobles que estaban en la fiesta decían: -si no mandas a tu hija, mi hija no va- esto no es justo por qué mi hija sí fue y la tuya no va a ir- no queremos guerra tienes que mandar a tu hija- es injusto que no respetes las reglas del rey de reyes- no pienso morir por tu culpa-
María se sentía molesta y estaba por callar a todos, contestarles con agresividad, cuando escuchó la voz de su hermana Luz. – nadie tiene que decir nada de mi padre o de nuestra familia.
¡Seré yo la que vaya en representación de mi familia! La espada del impero siempre a peleado por la gente de este reino y ha protegido a nuestro rey, nunca ha faltado a su palabra, me parece tan injusto sus palabras, sus reproches sabiendo todos los sacrificios que nuestra familia ha hecho por el imperio.
María no podía creer lo que su hermana decía y menos escuchar a su padre apoyándola; se enojó muchísimo y estaba por empezar a discutir, cuando su padre con solo una mirada la hizo callar.
Brian después de aclarar que su hija Luz sería la que representará a su familia ante el rey de reyes, pidió disculpas a su rey y se retiró junto con sus hijas; tomó del brazo a María y casi la sacó a rastras, se fueron directamente a su casa que tenían en la ciudad del reino.
Una vez que entraron estando en la sala María fue la primera en hablar, dejó claro que su hermana no podía ir, gritó en su desesperación, maldijo al rey de reyes y a su padre por no proteger a su hermana; estaba histérica al borde del colapso nervioso, pero Sofia para callarla tuvo que darle una bofetea y seria le dijo. – será mejor que te calmes y si no puedes retírate a tu cuarto.
María, en un momento como este no puedes comportarte como una niña consentida y malcriada; madura de una vez y recuerda que pronto serás la esposa del príncipe heredero, ya no puedes comportarte de esta manera como si no entendieras las políticas de nuestro imperio con el rey de reyes.
Será mejor que empieces a comportarte y no hagas que nuestro padre se sienta mal, por algo en lo que no tiene opción; no seas egoísta y recuerda que aquí no eres tú la que está sufriendo.
María se les quedo mirando a su padre; no entendía por qué no se oponía, porque no ponía un alto, se sentía tan impotente, tan enojada con él, por no hacer nada para evitarlo.