Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 20
Maldito, y mil veces maldito, ¿cómo se atreve a amenazar a Amara? Cuando el príncipe la mandó a llamar, me preocupé de inmediato, por lo que yo mismo entré a la habitación oculto entre las sombras para ayudarla en caso de ser necesario, algo que no pasó; Amara supo poner a ese idiota en su lugar y salir victoriosa de esa situación.
Al irse Amara, puedo ver cómo el príncipe comienza a golpear la pared sumamente molesto, para luego llamar a su sirviente.
- Prepara todo para volver, y dile a Clark que prepare la sala de juegos – le dice a un sirviente, quien sale de inmediato a hacer lo que el príncipe le ha pedido,
Aquel joven sirviente les indica a sus compañeros lo que deben hacer, para luego tomar un caballo y dirigirse al palacio para hablar con Clark, la mano derecha del príncipe.
Al oír sobre esa habitación, solo puedo sentir lástima por la persona que lo estará esperando, ya que solo le espera dolor y sufrimiento. En otra ocasión usaría mis sombras para salvar a esa desdichada persona, pero hoy no, ya no; además, tengo mejores cosas en las que emplear mis sombras.
Después de la muerte de mis padres, y que se me otorgara el título de mi padre, a pesar de ser aún muy joven, en aquella época tenía 12 años, y algo me causo desconfianza en el rey, por lo que lo seguí con una de mis sombras y me entere de toda las prevenciones que la familia real realizaba, secuestro, venta de esclavos, prostitución, y muchas más cosas terribles que hacían para satisfacer sus deseos y los deseos de aquellos que estaban en su círculo íntimo, lo que incluyó por un tiempo a mis padres, al enterarme de esto, intente ayudar a las personas, y entre más aumentaba mi poder, más podía intervenir para ayudar, entonces llego el desprecio por parte de los habitantes de Varju, quienes me odiaban sin que yo les haya hecho algo malo.
Todos me evitaban, hablaban a mis espaldas o, incluso, los más valientes me insultaban. Cada acto de desprecio, para mí, era como volver a estar bajo el yugo de mis padres, por lo que dejé de intervenir. ¿Por qué ayudar a quienes te lastiman? Para mí eso no tenía sentido, pero a pesar de eso, a veces aún intervenía; es por eso que mis sombras aún vigilaban los movimientos de la familia real, así como de las personas cercanas a ellos.
Vuelvo al salón donde me uno con mi clon de sombra, y una vez hecho eso, mando a tres sombras a cuidar a mis suegros y a mi cuñada, ya que, si bien Amara tiene razón, y la familia real no se atrevería a lastimar a los Láska, con esos locos nada es seguro.
Amara entra al salón y, al verme, una sonrisa se forma en su rostro y se acerca a mí con paso seguro.
- ¿Cómo estuvo la fiesta sin mí? – me pregunta.
- Aburrida, ¿y cómo estuvo tu charla con el príncipe? – le pregunto, esperando que me cuente lo que pasó, aunque yo ya lo se.
- Terrible, pero este es el día de mi boda, y no lo pienso arruinar, así que te lo contaré todo mañana, ahora a bailar – me dice con honestidad y toma mi mano para llevarme a la pista de baile.
Bailamos un par de piezas más, antes de que la fiesta se diera por terminada, y es que, tras la partida del rey y su hijo, uno a uno los asistentes de la fiesta comenzaron a irse, quedando el lugar vacío, a excepción de Amara, su hermana y yo.
- Bueno, creo que es hora de que los recién casados vayan a casa – nos dice Lorena, quien después se dirige a su hermana – te voy a extrañar, no te olvides de escribir y ven a verme siempre que lo desees.
- Así lo haré, te quiero hermana – le responde Amara y ambas se abrazan.
- Y tú, cuídala – me dice, y sin más se va del salón dejándonos solos.
- Ya le estás comenzando a agradar – me dice Amara, quien toma mi mano y juntos salimos del salón.
- Creo que sí – le respondo, y es que su mirada hacia mí fue fría, nada de la amabilidad fingida de antes, como si empezara a sentirse lo suficientemente a gusto con mi presencia como para mostrar lo que en verdad siente hacia mí.
Amara y yo salimos de la mansión, en donde el carruaje nos espera, y ambos nos subimos y este de inmediato comenzó a andar. Durante todo el trayecto pude ver a Amara hacer muecas, como si el viaje fuera una tortura para ella, y al verla así me prometí que nunca dejaría que viajara nuevamente en uno, y es que parecía no gustarle nada.
Al bajar en la entrada de la mansión, Amara extendió sus brazos hacia mí, y la verdad yo no entendía el porqué de su gesto.
- ¿Qué esperas?, cárgame – me dice como si fuera algo obvio.
- ¿Cargarte? – le pregunto confundido.
- Sí, como pareja recién casada, tú debes de cargarme a través de la puerta, y cuidado con tirarme, porque de hacerlo será de mala suerte – me advierte, y una vez más vuelve a extender sus brazos hacia mí.
Esta vez, sin dudarlo, la tomo en brazos y entro con ella por la puerta, pero no me limito solo a eso, sino que la llevo cargando por toda la casa hasta mi habitación, el único lugar que me parece mínimamente cómodo en todo el lugar.
Debido al sufrimiento que pasé aquí, este lugar no me gustó mucho; por eso cuando vengo uso la única habitación de la que no tengo un mal recuerdo; esta era la habitación de mi abuelo, o eso creo. Este la cerró y prohibió que alguien la usara antes de morir, por lo que, durante mi calvario, siempre estuvo cerrada, por lo que no albergo ni un mal recuerdo de ella, así que al volver la abrí y la remodelé a mi gusto, siendo el único lugar en donde estoy medianamente cómodo cuando vengo aquí.
- Puntos extras por traerme hasta la habitación – me dice Amara con una sonrisa.
Sus palabras causan que sonría, e incluso que ría un poco, y con cuidado la dejo sobre el suelo.
- Bueno mi muy flamante marido, tú decides, ¿consumamos o no el matrimonio?, porque por mí la respuesta sería sin duda afirmativa, pero no quiero obligarte – me dice mientras recorre mi cuerpo con la mirada.
Su mirada hambrienta me pone un poco incómodo, no voy a mentir, pero las otras sensaciones que despierta en mí son más grandes, y una de ellas es el deseo, el deseo de hacerla mía.
En vez de responderle con palabras, lo hago con acciones, beso sus labios como hace unas pocas semanas ella me enseñó a hacerlo, en un beso lleno de pasión y deseo. Amara inmediatamente me corresponde y ambos lentamente comenzamos a movernos hacia la cama; durante el trayecto, la ropa comenzó a quedar olvidada en el suelo. Una vez allí, yo me senté y Amara lo hizo sobre mí, rodeándome con sus piernas mientras se movía de manera circular para estimularme.
Sin duda, este era el inicio de una noche que no olvidaría jamás, una noche que siempre estaría en mi memoria por la mejor de las razones.