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El Enredo Del Destino

El Enredo Del Destino

Status: En proceso
Genre:Romance / Dejar escapar al amor
Popularitas:584
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Isabela de la Torre creció sabiendo exactamente qué papel debía cumplir. Su vida estaba trazada con precisión… hasta que conoció a Dante Belmonte. Un amor de juventud que comenzó como una conexión inesperada pronto se convirtió en algo profundo… y muy peligroso. Entre encuentros furtivos, decisiones imposibles y el peso constante de la sociedad, Isabela se enfrenta a una verdad que nadie le enseñó a manejar: a veces, amar no es suficiente. Cuando el deber y el corazón chocan, alguien siempre termina perdiendo. Años después, el destino vuelve a ponerla frente a una elección. Por un lado, Dante Belmonte, con quien sus caminos se han cruzado una y otra vez, marcados por el tiempo, el orgullo, los errores y las consecuencias de lo que nunca pudo ser. Lo que una vez fue inocente se transforma en algo más oscuro… más complejo… más real. Y tal vez… ahora sea el momento correcto. Por otro, Luca Medinaceli, un archiduque misterioso que, sin buscarlo, atrae la atención de toda la sociedad.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Tormenta y Calma

—No me esperaba tanto revuelo por nuestro compromiso —confesó Isabela.

—Yo sí —intervino Sofía, incorporándose a la conversación—. Mi primo es uno de los solteros más deseados… y tú eres un misterio. Nadie sabe lo suficiente de ti, y eso siempre atrae.

—Mi prima tiene razón —añadió Rodrigo, tomando la mano de Isabela y entrelazando sus dedos con los de ella—. ¿Te incomoda que todos lo sepan?

—No —respondió, con una sonrisa medida.

La conversación entre ellos fluía con facilidad. De todo y de nada. Si algo tenía aquel compromiso, era eso: nunca resultaba incómodo. Rodrigo sabía sostener el diálogo con naturalidad.

Y, aun así…

el aire cambió.

Dante apareció a un lado de la mesa.

—Vine a felicitarlos por su compromiso.

Isabela sostuvo su mirada.

El murmullo alrededor bajó de golpe.

Muchos observaban.

El recuerdo de lo ocurrido entre ellos seguía demasiado presente.

—Gracias —respondió Rodrigo.

—Gracias, señor —añadió Isabela.

Lo correcto habría sido retirarse.

Pero Dante no era de hacer lo correcto.

Tomó una silla de otra mesa… y se sentó con ellos.

—¿Y bien? —preguntó, sirviéndose vino—. ¿Desde cuándo están juntos?

Isabela sintió el peso de la pregunta. No quería más rumores. No esa noche.

Rodrigo, en cambio, mantuvo la calma.

—Nos presentaron en la boda de lady Damara —respondió con serenidad—. Aunque ya conocía a Isabela por mi prima —miró a Sofía—. Me hablaba mucho de ella.

—Interesante… —Dante giró ligeramente la copa entre sus dedos—. ¿No le parece precipitado un compromiso así? ¿O hay algo que prefieren no decir?

—¿Escribe usted para algún periódico? —replicó Isabela, sin perder la compostura—. No ocultamos nada. Nuestras familias lo consideran adecuado… y nosotros también.

Sonrió hacia Rodrigo.

Dante inclinó apenas la cabeza.

—¿Un matrimonio sin amor? ¿Eso prefiere, lady Isabela?

El silencio alrededor se tensó.

Las miradas se multiplicaron.

Rodrigo lo notó.

—Rodrigo… —murmuró Isabela—. Quiero irme.

—¿Va a huir? —Dante alzó la vista, con un tono apenas más firme—. ¿Otra vez?

—Señor, ha bebido suficiente —intervino Sofía, intentando contener la situación.

No fue escuchada.

Rodrigo se puso de pie.

—Me llevaré a mi prometida. Si tiene alguna inquietud sobre nuestro compromiso, puede dirigirse a mí.

Tomó la mano de Isabela.

—Yo responderé.

Y, sin esperar respuesta, la condujo lejos de la mesa… y de las miradas.

Rodrigo la escoltó hasta la puerta del dormitorio de señoritas.

El pasillo estaba en silencio.

—Lamento lo sucedido —dijo Isabela al fin.

—Yo también —respondió Rodrigo, en voz baja—. Pero… no entiendo por qué actúa así.

La miró con detenimiento.

—Como si te estuviera perdiendo… o como si fueras suya.

Isabela negó con la cabeza.

—No lo sé.

Rodrigo guardó silencio un instante.

—Ese rumor… —añadió—. ¿Fue real?

Isabela dudó apenas un segundo.

—No —respondió—. No hubo nada. Solo… un coqueteo sin importancia. No llegó a nada.

—¿Por qué?

—Mi familia no lo aprobó.

Rodrigo sostuvo su mirada.

—¿Te habría gustado que lo hicieran?

Isabela no respondió de inmediato.

El silencio entre ambos se volvió más denso.

—Isabela —continuó él, con tono firme pero contenido—. Si vamos a casarnos, necesito claridad. No puede haber rumores. Mi familia no está acostumbrada al escrutinio… nuestro nombre nunca ha sido puesto en duda.

Isabela bajó ligeramente la mirada.

—Rodrigo… haré lo que se espera de mí. Seré una buena esposa para ti… y una buena madre para nuestros hijos.

Le tomó las manos, con una sonrisa suave… y vacía.

Eso pareció bastarle.

Rodrigo exhaló con calma, la acercó a él y la abrazó.

Depositó un beso en su frente.

A la mañana siguiente, Isabela no se sentía del todo bien.

Las emociones comenzaban a pasarle factura.

Miedo.

Ansiedad.

Una incomodidad persistente que no lograba apartar.

Su mente era un caos.

Y, entre todos los pensamientos, uno se repetía con insistencia:

¿Había condenado su propia vida?

Cerró los ojos un instante.

Dar marcha atrás no era una opción.

No solo se expondría ella… también arrastraría a Rodrigo consigo.

Así que hizo lo que se esperaba.

Se sentó, tomó papel y pluma, y decidió escribir a su familia para anunciar el compromiso.

Aunque, en el fondo, sabía que aquella noticia ya no pertenecía a ella.

Lo más probable era que la familia de Rodrigo se hubiera adelantado.

Que su abuelo ya lo supiera.

Que incluso el instituto hubiera enviado sus propias felicitaciones.

Ella no era la primera en dar la noticia.

Sería la última.

Y lo que para otros era motivo de celebración…

para ella no.

Querido abuelo:

Quiero informarte que el día de ayer, por la tarde, Rodrigo De León me hizo una propuesta de matrimonio, la cual he aceptado.

Lamento no haberte escrito antes. La noticia se dio durante la bienvenida en el instituto y, a partir de ese momento, he estado atendiendo a quienes se acercaron a felicitarnos.

Confío en que esta unión sea de su agrado y cumpla con lo que esperan de mí. Considero que es un compromiso adecuado y procuraré estar a la altura.

Es posible que lleguen a ustedes algunos comentarios relacionados con el señor Dante Belmonte. Te aseguro que no existe nada relevante y que he mantenido la distancia que corresponde. Haré lo necesario para evitar cualquier situación que pueda resultar inconveniente.

Quedo atenta a tus indicaciones.

Con respeto,

Isabela

Colocó la hoja dentro del sobre y lo selló con un poco de lacre.

Se vistió con el uniforme de diario.

Intentó arreglar su cabello con cuidado y aplicó un poco de maquillaje, lo suficiente para no lucir tan cansada.

Después de todo… sabía que las miradas no tardarían en volver.

Tomó sus libros, la carta y se fue en dirección a la oficina del director Osmar. Tal y como lo predijo la saludaban, antes del compromiso podía pasar un poco más desapercibida, pero ya no.

Tocó la puerta.

—Adelante —se escuchó desde el interior.

Isabela entró.

—Señor.

—Lady Isabela —el director se levantó de inmediato—. Muchas felicidades por su reciente compromiso. El instituto San Valerio le desea lo mejor. Estoy seguro de que será muy feliz.

—Gracias —respondió, con una leve incomodidad.

Le extendió el sobre.

—¿Podría enviarla a mi abuelo? Es una carta en la que le informo sobre mi compromiso.

—Por supuesto —respondió Osmar, tomando el sobre con sumo cuidado.

—Se lo agradezco. Debo regresar a mis clases.

Isabela se giró para salir.

—Señorita —la llamó él.

Se detuvo.

—Se acostumbrará —dijo con calma—. No siempre se sentirá así. A algunos les toma más tiempo aceptar una vida distinta… pero usted lo logrará.

Por primera vez, su sonrisa no fue formal.

Fue genuina.

Isabela lo miró un instante.

Asintió, sin decir nada…

y salió de la oficina.

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