Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 14
Nina
Me levanté del asiento.
El bus ya estaba en movimiento.
No había salida fácil.
Y entonces…
él se sentó a mi lado.
Damián.
Sentí cómo el aire se volvía pesado.
Su brazo rodeó mis hombros como si nada hubiera pasado.
Como si tuviera derecho.
—Nina… Nina… Nina… —susurró cerca de mi oído—. ¿Por qué huyes?
Me tensé.
—Deja de llamarme así.
Giré el rostro, intentando apartarme.
—El número privado… fuiste tú.
Sonrió.
—¿Te gustó mi respiración? —murmuró—. Estaba pensando en ti.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
—Qué asco.
Su sonrisa se ensanchó.
—¿Asco? Eso no decías antes.
Apreté los dientes.
—Las cosas cambian.
Lo miré, esta vez sin evitarlo.
—Madura, Damián. Y respeta.
Su expresión cambió.
No a enojo.
A algo peor.
Su brazo bajó lentamente… hasta mi pierna.
Y apretó.
Fuerte.
El dolor fue inmediato.
—Me estás lastimando —dije en voz baja, pero firme—. Suéltame… o hago un escándalo.
Me miró.
Desafiante.
Como si quisiera probar hasta dónde podía llegar.
Mi teléfono vibró.
Lo miré.
Bastian.
Contesté.
Bajé el volumen de la llamada.
—Hola.
—Hola, Nina —su voz al otro lado fue firme, tranquila—. ¿Cómo estás?
Respiré.
—Bien… ¿y tú?
—Bien. ¿Podemos vernos hoy? Necesito decirte algo importante.
Tragué saliva.
—Claro… puedo ir a tu oficina ahora mismo.
—¿Dónde estás? Dime la ruta si algo está mal
Miré al frente.
—Voy en la ruta Z11.
Silencio breve.
—Bájate en la segunda parada —dijo—. Estaré ahí.
Mi corazón latió más rápido.
—No estás sola.
Cerré los ojos un segundo.
—Gracias…
—No cuelgues —respondió—. Voy a rastrear tu teléfono. Sigue hablando normal.
Asentí, aunque él no podía verme.
—¿Cómo está tu hermana?
Intenté mantener la voz estable.
Pero el dolor…
aumentaba.
Damián apretó más.
—¿Hablas con alguien? —susurró.
—Sí.
—¿Tu nuevo juguete?
Lo ignoré.
—¿Sigue molestándote con lo del gimnasio? —continué, fingiendo una conversación normal.
Mis dedos temblaban.
—Ya llegué —dijo Bastian al otro lado.
Levanté la mirada.
La parada se acercaba.
Me puse de pie.
—Quítate.
Damián no se movió.
—Me debo bajar.
Sonrió.
—¿Y si no quiero?
Mi voz salió más fuerte.
—Dame permiso.
Varias personas miraron.
Eso no le gustó.
Lo noté.
Finalmente…
se movió.
Bajé rápido.
El aire golpeó mi rostro.
Pero no estaba sola.
—Nina.
Su voz.
Bastian.
Estaba ahí.
De pie.
Mirando.
Y su expresión…
cambió al verme.
Damián bajó detrás de mí.
—Damián, déjame en paz.
Mi voz tembló un poco.
Bastian no dudó.
Extendió su mano.
La tomé.
Y tiró de mí.
Me colocó detrás de su cuerpo.
Sin soltarme.
Sentí su mano firme.
Segura.
Protegiendo.
Dio un paso al frente.
Y el ambiente cambió.
—Señor Kros —dijo Damián, cambiando completamente el tono—. Le pido que suelte la mano de mi novia.
—No soy tu novia, maldito idiota enfermo —respondí, saliendo apenas de detrás de Bastian.
El silencio fue inmediato.
Bastian dio un paso más.
Sin alzar la voz.
Pero con una firmeza que se sentía.
—Ya la escuchaste.
Damián lo sostuvo la mirada.
Un segundo.
Dos.
Y retrocedió.
No por miedo.
Por cálculo.
Se giró.
Tomó un taxi.
Y desapareció.
El silencio quedó.
Pesado.
Real.
Bastian se giró hacia mí.
Sus manos aún sostenían las mías.
—¿Estás bien?
Y esa simple pregunta…
rompió algo dentro de mí.
Asentí.
Pero no era verdad.
Y entonces…
me abrazó.
Sin dudar.
Lo abracé de vuelta.
Con fuerza.
—Gracias… —murmuré contra su pecho—. En serio… gracias.
Mi voz se quebró.
—Y perdón por hacerte venir hasta aquí.
Su mano se movió suavemente sobre mi espalda.
—Nina…
Se separó apenas para mirarme.
—Cuando necesites ayuda…
Su voz fue firme.
—No dudes en pedírmela.
Y entonces…
besó mi frente.
Cerré los ojos.
Y lo abracé más fuerte.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro