✅️🔞Zane amó a Noah en silencio durante una década, protegiéndolo desde las sombras con una devoción obsesiva. Cuando el pasado regresa encarnado en Jessica, Zane decide romper todas las reglas. Entre las paredes de un estrecho monoambiente, la amistad se transforma en un deseo eléctrico que cambiará sus destinos para siempre.🔞✅️
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Ese es mi chico
Ya no hay sombras, ya no hay secretos ocultos bajo la etiqueta de hermandad. Sin embargo, mientras el mundo de Noah y Zane se ilumina, el de Jessica se vuelve una tormenta de despecho y manipulación.
La noche anterior, el teléfono de Fiorella, la madre de Noah, había vibrado con una insistencia casi violenta. Al ver el nombre de Jessica en la pantalla, suspiró. Ella recordaba a la dulce niña de secundaria, pero la voz que escuchó al contestar era la de una extraña cargada de veneno.
—¡Fiorella! ¡Noah está actuando como un loco! —gritó Jessica sin siquiera saludar—. Se fue del desayuno, no me contesta las llamadas y estoy segura de que está encerrado en ese apartamento con Zane. ¡Zane lo está manipulando, Fiorella! Tienes que hacer algo, dile que tiene que venir al hotel ahora mismo.
Fiorella escuchaba en silencio, sentada en el pequeño sofá de su sala. Mientras Jessica hablaba de "derechos sobre Noah" y de "promesas de hace años", Fiorella recordaba la cara de su hijo al llegar empapado por la lluvia la noche anterior. Había visto sus ojos confundidos, pero también había notado algo más: cuando mencionaba a Jessica, Noah se tensaba; pero cuando mencionaba a Zane, aunque fuera para pelear, Noah parecía estar luchando contra una fuerza de la naturaleza.
El instinto de madre no falla. Fiorella sabía que el vínculo entre esos dos chicos era algo que iba mucho más allá de jugar básquet o estudiar leyes. Había una devoción en Zane que ella siempre había respetado, y una paz en Noah que solo aparecía cuando su amigo estaba cerca.
—Jessica, tranquila —dijo Fiorella con voz suave pero firme—. Noah es un hombre ahora. No puedo obligarlo a ir a ningún lado. Hablaré con él cuando lo vea, pero no puedo prometerte nada más.
Colgó antes de que Jessica pudiera seguir gritando. Fiorella decidió, en ese instante, que no intervendría. Si su hijo finalmente había encontrado el valor para mirar a quien siempre estuvo a su lado, ella no sería quien le pusiera obstáculos.
A la mañana siguiente, el pasillo principal de la facultad de Derecho parecía el mismo de siempre, pero para el cuarteto, todo era diferente. Cuando Zane y Noah cruzaron la puerta principal, el aire pareció cambiar de densidad.
Zane caminaba con una confianza renovada, su brazo rodeaba los hombros de Noah con la misma firmeza de siempre, pero su mano no estaba cerrada en un puño tenso; sus dedos descansaban relajados sobre el brazo de Noah, rozando su piel con una delicadeza nueva.
Noah, por su parte, no intentaba mantener esa distancia segura que solía poner. Caminaba pegado al costado de Zane, con la cabeza ligeramente inclinada hacia él. Sus hoyuelos no desaparecían; tenía una sonrisa permanente que hacía que sus ojos café brillaran con una intensidad que llamó la atención de varios compañeros.
—Vaya, vaya... —susurró Mauro, apoyado en un pilar mientras los veía acercarse—. Parece que alguien finalmente leyó el contrato y aceptó todas las cláusulas.
Luke llegó saltando, con su mochila a medio cerrar.
—¡CHICOS! —gritó, atrayendo las miradas de media facultad—. ¡Miren esas caras! Zane, pareces un gato que se comió toda la crema. Y Noah... ¡estás brillando, hermano! ¡Felicidades!
Zane rió, una risa genuina y profunda, y apretó a Noah contra su costado.
—Gracias, Luke. Digamos que el estudio intensivo dio muy buenos resultados.
—Me alegro mucho por ustedes, de verdad —dijo Mauro, dándoles una palmada en el hombro a cada uno—. Ya era hora de que dejaran de dar vueltas en círculos.
—¡Esto hay que celebrarlo! —exclamó Luke, dando un salto—. Zane, hoy no aceptamos excusas. Tienes que preparar una cena para nosotros en el monoambiente. Nada de comida rápida, queremos algo real para festejar que el cuarteto sigue unido y que el amor venció a la distancia.
Zane miró a Noah, pidiéndole permiso en silencio. Noah asintió, sintiéndose el hombre más afortunado del mundo por tener ese grupo de amigos.
—Hecho. Cena en mi casa... bueno, en nuestra casa a las ocho.
Mientras caminaban hacia el aula de Derecho Penal, Luke, que no tenía ningún tipo de filtro, soltó la pregunta que todos tenían en mente pero nadie se atrevía a formular.
—Oye, Noah —dijo Luke, caminando de espaldas para mirarlos—. Ahora que ya son... bueno, ya saben... ¿vas a mudarte oficialmente al monoambiente? Digo, ya no tiene sentido que vivas con tus padres si vas a estar metido en la cama de Zane todas las noches, ¿no?
Noah se puso rojo como un tomate, sus mejillas morenas encendiéndose al instante.
—¡Luke! ¡Estamos en el pasillo de la universidad!
Zane soltó una carcajada, disfrutando de la vergüenza de su chico.
—Es una buena pregunta, Luke. Yo ya le tengo el armario vacío y su propia llave. Pero Noah es un poco difícil de convencer, ya sabes que le preocupa ser una carga.
Noah se detuvo y miró a Zane. La vibra entre ellos era tan dulce que incluso Mauro tuvo que desviar la mirada por un segundo.
—No es que sea difícil —murmuró Noah, bajando la voz—. Es que mis padres todavía creen que soy el novio de Jessica. Tengo que hablar con ellos primero. Pero... sí, Luke. Probablemente pase mucho más tiempo en ese acogedor monoambiente de ahora en adelante.
—¡Eso! —festejó Luke—. ¡Mudanza oficial! Yo te ayudo con las cajas, siempre y cuando Zane me deje jugar en su consola nueva.
Mauro suspiró, empujando a Luke hacia el salón.
—Deja de pedir cosas, rubio. Vamos a clase. Tenemos un parcial en dos días y dudo que Noah y Zane hayan estudiado mucho anoche entre tanto... festejo.
El resto del día pasó entre miradas cómplices en la biblioteca y roces de manos bajo las mesas de estudio. Noah sentía que caminaba sobre nubes. Sin embargo, en el fondo de su mente, sabía que Jessica seguía ahí, y que el silencio de su madre era solo la calma antes de la charla definitiva.
Al salir de la facultad, Zane llevó a Noah a un supermercado cercano.
—¿Qué quieres cenar, abogado? —preguntó Zane, empujando el carrito con una mano mientras la otra no soltaba la de Noah.
—Algo sencillo, Zane. No tienes que impresionar a Mauro y Luke, ya te conocen.
—No quiero impresionar a ellos —dijo Zane, deteniéndose en el pasillo de vinos y mirando a Noah con esa intensidad azul que lo desarmaba—. Quiero que sea la primera cena oficial donde todos sepan que eres mío. Quiero que te sientas en casa.
Noah sonrió y le dio un beso rápido en la mejilla, ignorando a la gente que pasaba.
—Ya me siento en casa cuando estoy contigo, tonto.
Cargaron el carrito con carne para asar, algunas ensaladas que a Mauro le gustaban y, por supuesto, una cantidad obscena de botanas para Luke. Mientras hacían la fila para pagar, Noah recibió un mensaje de su madre.
Fiorella: "Noah, hijo. Jessica llamó ayer. Estaba muy alterada. No le dije nada, pero creo que es momento de que hablemos seriamente en casa. Te quiero".
Noah suspiró y le mostró el teléfono a Zane. La expresión de Zane se endureció un segundo, pero luego se relajó al ver que Noah no parecía asustado, sino decidido.
—¿Quieres que vaya contigo después de la cena? —preguntó Zane.
—No, creo que tengo que hacerlo solo. Debo explicarles por qué el hijo perfecto ya no va a casarse con la chica que conocieron hace años. Pero no te preocupes —Noah le apretó la mano—, no voy a dejar que ella gane. Ya elegí mi bando, Handrix. O tal vez si vayas conmigo.
Zane sonrió, esa sonrisa posesiva y orgullosa que siempre tenía.
—Ese es mi chico. Vamos, tenemos una cena que preparar.
Esa noche, el monoambiente se llenó de risas, humo de cocina y la verdadera esencia de la amistad. Mauro y Luke comieron como si no hubieran visto comida en años, bromeando sobre cómo Zane ahora tendría que aprender a compartir sus cosas.
Por un momento, entre el desorden de los platos y las bromas de sus amigos, Noah se dio cuenta de que Jessica nunca habría encajado en esa escena. Ella habría criticado el espacio pequeño, habría juzgado el ruido de Luke y habría intentado separar a Noah de su grupo. En cambio, ahí, con el brazo de Zane rodeándolo y Mauro analizando el vino, Noah sintió que finalmente el rompecabezas de su vida estaba completo.